2026 ya está a la vuelta de la esquina y muchos estamos ya apuntando los propósitos de año nuevo. Y, sin duda, hay uno que se repite en la lista de aquellos que pasamos más tiempo pegados a los dispositivos tecnológicos: desconectarnos de la vida digital y disfrutar de más experiencias reales, tangibles y analógicas. Y no hay mejor manera de escapar del estrés del día a día que sobre una moto.
Sin embargo, las tourer, cruiser y otros tipos de motos para salir en ruta cuentan con un hándicap que aleja a muchos de la movilidad sobre dos ruedas: el cambio de marchas. Para los noveles, puede ser muy intimidante el juego de pies y manos a esas velocidades. Para otros tantos veteranos, las molestias en la mano izquierda tras cientos de cambios de marcha puede hacer desistir hasta al más apasionado.
¿Y si precisamente la tecnología nos ayudara a superar esa barrera y a escapar en moto del mundo digital? Más concretamente la de Honda y su Dual Clutch Transmission (DCT), el sofisticado sistema de cambio de doble embrague que ha democratizado el mototurismo. Y para ejemplificarlo, hemos diseñado cuatro rutas para disfrutar sobre dos ruedas y cómo nos puede ayudar el DCT de Honda a exprimir al máximo la experiencia.
De Madrid al cielo (y vuelta a bajar): Madrid - Navacerrada - Segovia
Esta tradicional escapada de los moteros madrileños ya plantea una dificultad nada más empezar: escapar del incombustible tráfico de la A-6. El DCT ya nos ayudará evitando que la moto se cale en los parones y nuestra mano libre del embrague también lo agradecerá. A la altura de Collado Villalba tomaremos la M-601 hacia el Puerto de Navacerrada, una subida de primera categoría bastante rápida. Al coronar en el techo de la región (1.850 metros) podemos aprovechar para tomar la primera bocanada de aire fresco de la sierra.
En la segunda parte del trayecto descenderemos por la vertiente segoviana de la sierra y sus famosas “Siete Revueltas”, las desafiantes horquillas en 180 grados entre pinares en este tramo de la CL-601. Hay que andarse con ojo, porque pueden formarse placas de hielo en invierno y es también una zona muy vigilada por la DGT. Pero es un recorrido ideal para poner el Modo Manual del Honda DCT y disfrutar cambiando de marchas con los gatillos. Nos permite, además, reducir con el freno motor y entrar en las curvas de forma más segura.
Ya abajo merece la pena pararse en alguna ocasión en la Granja de San Ildefonso, conocido como El Versalles español por sus espectaculares fuentes y jardines. Aunque nuestro destino final, Segovia, no desmerece en absoluto con su archiconocido acueducto romano. Una obra de ingeniería que nunca deja de sobrecoger por su magnífico estado de conservación —en funcionamiento hasta 1973—. Una visita que podemos coronar degustando el igualmente famoso cochinillo en alguno de los muchos restaurantes de la ciudad.
El contraste mediterráneo: Barcelona - Sitges - Penedès
Nuestra segunda propuesta nos permite conocer en pocos kilómetros las dos caras de Catalunya, si por ejemplo estamos de visita por el GP de Montmeló. Podemos salir de Barcelona —siempre con la ventaja del DCT en Modo Automático— o quedar directamente en Castelldefels, donde comienza el tramo de la C-31 conocido como las “Costes del Garraf”. Son 25 kilómetros con un total de 86 curvas que serpentean por la costa colgadas de impresionantes acantilados.
Se trata de un tramo ideal para exprimir el Modo Sport del Honda DCT, con el que la moto nos mantiene en marchas cortas y nos permite lanzarnos con fuerza a la salida de cada curva. Pero, ojo, porque igual de popular es para los moteros como para ciclistas. Y, con la reducida visibilidad, nos veremos obligados a frenar constantemente. Lo que sería un suplicio con un cambio manual, se convierte en seguridad con los cambios automáticos del Honda DCT.
Una vez superadas las “Costes del Garraf” y alcanzando Sitges podríamos adentrarnos hacia el interior del Penedès por la C-31, una opción más relajada si queremos descansar de las 86 curvas. Pero lo ideal es tomar la BV-2115, una carretera estrecha y boscosa que cruza el Parque Natural del Foix y bordea el pantano del mismo nombre —aquí el asfalto puede estar húmedo incluso en días de sol—. El Castell de Castellet y su espectacular vista reflejada en el agua es parada obligatoria.
La carretera finalmente nos saca a las llanuras plagadas de viñedos del Alt Penedès, un escenario ideal para activar el Modo Drive del Honda DCT y disfrutar de una conducción silenciosa y tranquila. Quizás no podamos disfrutar como querríamos de los excelentes vinos y cavas de la comarca, pero sus bodegas modernistas son dignas de visitar. Desde allí, por cierto, podemos acceder fácilmente a la AP-7 para volver a casa.
El ‘flow’ infinito de Extremadura: La Vera y Valle del Jerte
Extremadura es la gran desconocida de nuestro país, también para los moteros más tranquilos e inexpertos, que pueden encontrar carreteras en excelente estado y una densidad de tráfico muy baja. Rutas hay muchas, pero proponemos una ideal para conocer el norte de la región y que es muy accesible si venimos desde Madrid. Llegando por la A-5 y a la altura de Navalmoral de la Mata podemos adentrarnos en la comarca de La Vera y conocer sus pueblos que parecen detenidos en el tiempo. Merece también la pena acercarse al majestuoso Monasterio de Yuste, lugar de retiro del emperador Carlos V.
La carretera EX-203 cruza la suave orografía de curvas amplias y constantes, ideal para disfrutar del flow con el Modo Drive del Honda DCT hasta llegar a Plasencia. Esta pequeña pero espectacular ciudad amurallada bien merecería un capítulo aparte y una estancia de, al menos, una noche para disfrutarla plenamente.
Pero nuestro espíritu rutero nos lleva de nuevo a tomar la N-110, una carretera ancha y en buen estado que nos adentra en el Valle del Jerte remontando el curso del río. Un trayecto que puede tornarse casi trascendental si coincidimos con el cerezo en flor en primavera y dejamos al cambio automático del Honda DCT la gestión de las suaves pendientes y curvas. El destino final puede ser el mirador del Puerto de Tornavacas, ya tocando con Ávila, y desde donde tendremos una panorámica espectacular de todo el Valle.
Para volver a casa podemos ya enfilar desde allí hacia Ávila o, mejor aún, volver a la A-5 por las reviradas carreteras provinciales que cruzan los verdes y pintorescos paisajes y las cristalinas gargantas de agua —ideales para darse un chapuzón si el calor aprieta—.
El desafío motero de los Pueblos Blancos de Cádiz
La última propuesta nos lleva hasta el sur, y es ideal si por ejemplo venimos de disfrutar del Gran Premio de Jerez. Arrancamos desde Arcos de la Frontera, la puerta de entrada a los famosos Pueblos Blancos de Cádiz, famosos por la indiscutible belleza de sus cascos históricos. Sus calles estrechas, empedradas y empinadas pueden ser una pesadilla para cualquier motero —sobre todo si vamos con equipaje—, pero el sistema del Honda DCT nos permite acelerar de forma suave y circular a velocidad de peatón con una estabilidad asombrosa y sin tener que ‘picar embrague’.
Tras visitar Arcos de la Frontera —y quizás su impresionante Balcón de la Peña Nueva— nos adentramos en la Sierra de Grazalema por la A-372. Ojo, porque el calor del sur puede dejar el asfalto muy listo y agarrar menos de lo que parece, pero también es una de las zonas con más lluvias de toda España. Una vez alcanzamos la localidad Grazalema podemos atacar el Puerto de las Palomas (1357 metros) a través de la CA-9104, una carretera de montaña de increíbles vistas infinitas.
Como última parte del trayecto descenderemos por un tramo de divertidas curvas enlazadas, ideales para disfrutar en Modo Manual y reducir con marchas cortas. El destino es la espectacular estampa de Zahara de la Sierra colgado sobre el embalse de Zahara-El Gastor y coronado por su castillo nazarí. Este pueblo puede suponer en sí mismo un desafío por sus empinadas calles adoquinadas, pero es posiblemente el más bonito de la comarca y bien merece culminar allí la ruta.
Como vemos, son cuatro rutas bien diferentes, pero que nos permiten disfrutar al máximo de nuestra pasión sobre las dos ruedas. La tecnología de cambio de doble embrague Dual Clutch Transmission (DCT), lejos de generar una desconexión, nos permite centrarnos en el viaje y deleitarnos en la conducción independientemente de cuál sea el trayecto elegido. Es la moto la que se adapta a nosotros y al estilo que queramos llevar en función de la carretera en la que nos encontremos y no al revés.
Honda consigue así poner la tecnología al servicio de la experiencia, y poner el mototurismo al alcance de todos los públicos.
Imágenes | Honda
Ver 0 comentarios