El coche de hidrógeno tiene demasiados retos por delante. Las "pilas intercambiables" aspiran a solventarlos

El coche de hidrógeno tiene demasiados retos por delante. Las "pilas intercambiables" aspiran a solventarlos
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El coche de hidrógeno representa la gran esperanza para quienes no confían en los vehículos eléctricos por su limitada autonomía y sus largos tiempos de recarga. De momento, el problema es la casi inexistente red de recarga. Pero, ¿por qué no ampliarla con bombonas intercambiables?

El coche a pilas. Muchas veces se ha menospreciado al coche eléctrico llamándolo "coche a pilas". Pero lo cierto es que el vehículo que con más orgullo luce este nombre es el coche de hidrógeno, también conocido como "de pila de combustible".

En resumidas cuentas, el vehículo de hidrógeno utiliza la reacción química que se produce entre el hidrógeno y el oxígeno para generar electricidad. Ésta pasa a una batería y, posteriormente, un motor aprovecha esta electricidad almacenada para mover las ruedas del vehículo. En el camino sólo se expulsa vapor de agua y nitrógeno.

Algún que otro problema. La teoría pinta realmente bien a favor del coche de hidrógeno. Pero hay algunos problemas que están retrasando su expansión. En el mejor de los casos, el objetivo es utilizar hidrógeno verde, aquel que se obtiene sólo mediante fuentes renovables de energía, pero este proceso es muy caro.

Y, una vez producido el hidrógeno, transportarlo en grandes cantidades es, nuevamente, muy caro. Sobre todo porque es muy complicado de transportar, se exige que sea a altas presiones y temperaturas muy bajas, lo que complica su traslado. Todos estos inconvenientes están retrasando una red de hidrogeneras que se extiendan por nuestras carreteras.

El HUV. Pese a todo, hay fabricantes que siguen confiando en el hidrógeno como el combustible del futuro. La gran ventaja de estos automóviles es que se recargan a la misma velocidad que un vehículo de gasolina y cuentan con autonomías que rondan los 700 kilómetros. El Toyota Mirai y el Hyundai Nexo son buenos ejemplos.

Conscientes de sus ventajas, una start-up afroeuropea llamada NamX ha presentado el HUV. Jugando con las siglas de SUV e hidrógeno, han hecho público un prototipo de automóvil de hidrógeno que contará con seis celdas intercambiables para almacenar su energía.

Hidrógeno de autonomía extendida. Este vehículo que pretenden lanzar en 2025 es algo así como un vehículo de hidrógeno de autonomía extendida... de hidrógeno. Cuenta con un tanque principal para almacenar la mayor parte de su energía y, además, lo acompañan seis cápsulas intercambiables para ofrecer más kilómetros y, al mismo tiempo, sustituirlas por otras en apenas 30 segundos.

Los depósitos removibles es algo que también se está estudiando entre los coches eléctricos. En la práctica es un sistema muy parecido al intercambio de baterías, aunque en este caso la duración es de tres minutos. Nio y CATL ya están experimentando con ello en China.

¿Para qué? La pregunta, en este caso es... y todo esto, ¿para qué? Entendemos que la idea de estas cápsulas intercambiables de hidrógeno puede ser una solución atractiva si el hidrógeno es rellenado en una gran fábrica y, posteriormente, se reparte por diferentes puntos de un mismo país. Sin embargo, se antoja difícil que un sistema así pueda imponerse sin un estándar que garantice la polivalencia del mismo, pues parece complicado que una sola marca pueda aventurarse a intentar expandir la carga intercambiable de hidrógeno.

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