No es país para inquilinos: España sigue teniendo más pisos turísticos que vivienda social

Viviendas en Islas Baleares
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La crisis sanitaria, las restricciones de movilidad y la debacle económica derivada de la pandemia ha provocado el desplome del turismo en España. Y una de sus consecuencias más directas ha sido un descenso en la oferta de pisos turísticos en nuestro país. Entre 2020 y 2021 el sector ha sufrido un duro revés. Y pese a ese fuerte retroceso, España sigue teniendo más casas dedicadas al alquiler vacacional que viviendas públicas destinadas al arrendamiento social y asequible de larga duración. Es uno de los países en la cola de la Unión Europea.

Mientras, el precio de la vivienda se encarece y los jóvenes españoles tienen un sinfín de obstáculos para acceder a ella. Independizarse forma parte ya de un mundo extinto.

Los datos. La vuelta a la normalidad y a la movilidad es clave para que se reactive el mercado de los pisos turísticos. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el país perdió en poco más de medio año cerca de 27.000 pisos turísticos, pasando de los 321.000 registrados en agosto de 2020 a los 294.000 inscritos en febrero de 2021. Y pese a ser una caída del nada más y nada menos que del 8,3%, la vivienda vacacional sigue estando por encima de la de titularidad pública destinada al alquiler asequible.

La vivienda pública se sitúa en 290.000 inmuebles, según el Observatorio de Vivienda y Suelo. Y la desigualdad entre comunidades es abismal. Por poner un ejemplo: la Comunidad Valenciana tiene casi 50.000 viviendas vacacionales frente a las poco más de 11.000 propiedad de la Administración, un saldo negativo de 38.400 casas. En cambio, el País Vasco, tiene unas 30.000 casas de titularidad pública frente a las 4.000 dedicadas al uso turístico.

Podéis consultar la lista completa de las diferentes comunidades aquí.

La comparativa europea. En comparación con nuestros vecinos, estamos muy por detrás en cuanto a vivienda pública. España cuenta con un parque de vivienda de social compuesto por 452.040 unidades, que representa el 2,5% del total de viviendas principales. Un porcentaje seis puntos por debajo de la media de los países de la Unión Europea situada en el 9,3%, según el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana. Una cifra que refleja la poca relevancia que ha tenido la vivienda pública en alquiler frente a la protegida con destino venta directa.

El país con más viviendas sociales de la UE es Francia (4.689.392), seguido de Reino Unido (4.627.402), Países Bajos (2.081.846) y Alemania (1.439.860). En términos relativos, el país que dispone de un mayor parque de vivienda social en relación con su vivienda es Países Bajos (30%), seguido de Austria (24%), Dinamarca (20,9%), Suecia (19%) y Reino Unido (17,6%). ¿Y nosotros? La lamentable cifra de 2,5%, que nos coloca en la cola junto a países como Bulgaria (2,5%), Portugal (2%) o Eslovaquia (3%). De hecho, solo estamos por delante de Eslovaquia, Bulgaria, Portugal, Estonia, Croacia, Rumanía, Grecia y Chipre.

Vivienda turística imparable. La vivienda turística sigue viviendo un boom pese a los embates de la pandemia. En 16 de los municipios con más de 1.000 viviendas turísticas, más del 10% de su parque está dedicado al sector. Hay algunos municipios donde el reparto cuesta de creer. En La Oliva (Fuerteventura) casi un cuarto (un 23,7%) del total de viviendas son turísticas. Lo mismos sucede en los municipios de Pollença (el 23,2%) en Mallorca y de Begur (el 19,8%) en Girona.

El 38,3% de todas estas viviendas se encuentra en municipios de entre 10.000 y 50.000 habitantes y el 27,6% en los de más de 100.000.

Encarecimiento del alquiler. Que los alquileres no paran de subir es un hecho. Ahora, conocer las causas es una empresa más complicada. Una de las posible explicaciones de esta subida de precios se basa en la eclosión de servicios como Airbnb, cuyo crecimiento a partir de 2013 coincide curiosamente con la escalada de los precios del alquiler. Tanto ayuntamientos como vecinos han identificado en el turismo uno de los principales problemas. Algunos estudios respaldan esta teoría. Este, en concreto, atribuía a la aplicación un incremento de hasta el 2% en el precio del alquiler.

Otras teorías, sin embargo, explican es poco probable que el alquiler turístico sea responsable por sí solo de toda esta subida, porque se concentra en áreas y ciudades muy concretas. Y también que el turismo es un factor importante a la hora de explicar la escalada de precios, pero no el único. Por ejemplo, en Barcelona, los precios de venta han crecido un 5,3% en el cómputo de la ciudad y un 19% en los barrios más turísticos.

La respuesta. La problemática ha acelerado diferentes maniobras en la gestión por parte de diferentes ayuntamientos. Lo hemos contado en Magnet. Algunas ciudades como Palma o Valencia lo han regularizado de forma bastante dura. La isla, por ejemplo, prohibió el año pasado todo arrendamiento turístico. Según el municipio, el número de pisos turísticos ha aumentado un 50%, mientras los alquileres lo han hecho un 40%. Valencia adoptó una política más sutil: sólo podrían destinarse a Airbnb los bajos y los primeros pisos de los inmuebles.

No es asequible. Ya antes de la pandemia eran muchas las personas que tenían que gastar más de la mitad del ingreso del hogar para alquilar una vivienda en una gran ciudad europea. Durante la pandemia, muchos sufrieron una caída de sus salarios y tuvieron que destinar al alquiler una proporción más alta. Durante la última década, la vivienda de alquiler se volvió menos asequible en muchas economías europeas. Y pese a esto tenemos muy poca vivienda social.

Un estudio reciente de 17 economías avanzadas europeas sugería que un inquilino típico destinaba alrededor de 25% del ingreso al alquiler en 2018, y una familia joven, alrededor de una tercera parte. En el caso de un hogar en el 20% más bajo de la distribución del ingreso, la proporción del ingreso destinada al alquiler era mucho más alta: 40%.

Los jóvenes. Cada vez retumba más el debate de cómo de complicado es para los jóvenes lograr independizarse, eso que nuestros mayores consiguieron en la década de los 70 sin muchos problemas y que ahora a nosotros nos parece algo impensable, aunque sí sea la realidad predominante en el resto de Europa. En el norte del continente y Luxemburgo los jóvenes se independizan recién cumplidos los 21 años; en España, cuando rondan los 30, tres años por encima de la media europea, que está en 26.

España está en el puesto 24 de 31 países que analizó Eurostat. Sólo uno de cada cinco jóvenes españoles (el 19,4% de las personas de 16 a 29 años) está emancipado, según el Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España (CJE). El factor económico es una de las claves detrás de este retraso pero, sin duda, los precios por las nubes de la vivienda tampoco ayudan. No es país para inquilinos, pero sí para turistas.

Imagen: Unsplash

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