Es prácticamente imposible amañar las elecciones mediante el voto por correo en España

Feijóo: "Confío en los carteros. Confío en los empleados públicos de Correos. No confío en sus directivos"

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Carlos Prego

Editor - Magnet
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Carlos Prego

Editor - Magnet

Todas las citas electorales siguen el mismo ritual, estricto, planificado y con un calendario diseñado al dedillo. Igual que una misa. O un concierto. Se convoca a las urnas, se agria el debate político, se apuran los tiempos en busca de alianzas, pegada de carteles, tarjetas del censo electoral, mítines en las plazas, ‘cara a caras’ en prime time… Lo mismo en las generales, autonómicas y municipales. Desde hace un tiempo, en España, ese ritual incluye un capítulo extra: los bulos y debates sobre la fiabilidad del voto por correo, un runrún familiar en países como Estados Unidos o Brasil.

El 29-N no será una excepción.

"Ni se le ocurra". Isabel Díaz Ayuso no solo ha logrado fraguarse una mayoría que le permite gobernar cómodamente en la Comunidad de Madrid. También ha conseguido marcar el discurso del PP más allá de su región, a nivel nacional. Lo hizo el lunes, cuando con la convocatoria del 29-N recién salida del horno, agitó el fantasma del pucherazo.

Durante un desayuno informativo, solo unos minutos después de que Sánchez anunciase el adelanto electoral, Ayuso pidió a la gente que "ni se le ocurra votar por correo". Lo hizo entre avisos de que su formación estará atenta ante cualquier "adulteración" del censo y reflexiones sobre la 'ley de nietos', que el PP considera pura "ingeniería electoral". Sus comentarios podrían haberse quedado ahí, pero el mantra del "no votes por correo" ha ido calando el discurso de los populares en Madrid, extendiéndose al resto de España.

"No confío en los directivos". Una de las declaraciones más rotundas en ese aspecto la dejó ayer el presidente del PP y candidato a la presidencia, Alberto Núñez Feijóo, durante una visita a Ceuta. Tras recordar que ejerció de director general de Correos entre 2000 y 2003, el gallego volvió a sembrar dudas sobre la fiabilidad del voto a distancia. Eso sí, afinando el tiro: "Confío plenamente en los carteros de Correos. Confío plenamente en los empleados públicos de Correos. No confío en los directivos de Correos".

"No es que no confíe yo, es que no confía la justicia. Porque el expresidente de Correos y la señora Leire [Díez], personaje de reconocido prestigio, están investigados por, entre otras cosas, intentar extorsionar a jueces, fiscales, periodistas y otros ciudadanos", insistió Núñez Feijóo.

¿Ahí se queda la cosa? No. Feijóo y Ayuso no han sido los únicos en cuestionar el sufragio por correo. Abascal ha animado a depositar las papeletas "presencialmente" y "con seguridad". Incluso el portavoz nacional del PP, Borja Sémper, dejaba abierta la puerta a la duda al suavizar la posición del partido: tras subrayar que España goza de un "sistema garantista", reconoció que "entiende que haya mucha gente que desconfíe de muchas cosas que pasan y de este Gobierno". "Hemos visto tantas", añadió el alto cargo popular.

Nada nuevo bajo el sol. Con mayor o menor intensidad, la transparencia del voto por correo lleva cuestionándose desde hace años. Como mínimo, desde las elecciones generales de noviembre de 2019 que permitieron a Sánchez formar gobierno con Podemos. Entonces ya circularon mensajes hablando de "fraude". En los últimos años el tema ha resurgido como el Guadiana: en 2023 Feijóo pidió a los carteros que repartiesen "todo el voto", "con independencia de sus jefes"; y el año pasado el PP alimentó la idea del pucherazo en Extremadura por el robo de 124 paletas en una oficina de Correos.

Los recelos en realidad no son nuevos, ni exclusivos de España o el PP.  Se comparten discursos parecidos en otros países, como Alemania, Reino Unido o EEUU, donde Donald Trump ha llegado a afirmar que "el voto por correo es intrínsicamente corrupto". 

En Brasil el expresidente Jair Bolsonaro también denunció "fraude" en el sistema (allí el foco se centra en las urnas electrónicas) y sus partidarios incluso se manifestaron en la calle con pancartas en las que reclamaban un "voto impreso y auditable". No es algo que se circunscriba a la derecha. Nicolás Maduro inició su tercer mandato entre fuertes críticas por fraude electoral, aunque en su caso llegó a intervenir incluso la ONU.

¿Por qué esas denuncias? Hay quien sostiene que, más allá de las circunstancias de cada elector, la gente que vota por correo suele mostrar un perfil más de izquierdas. Eso explicaría que las denuncias lleguen a menudo desde el espectro de la derecha o extrema derecha. Otros, como el investigador Connor Mulhern, del proyecto Internacional Reaccionaria, lo achacan a "la adopción generalizada de la retórica trumpista sobre el fraude electoral".

La realidad es que (sin entrar en si están o no fundadas) denuncias como las de Ayuso, Núñez Feijóo y Abascal sirven para algo: marcan la agenda temática, haciendo que gire en torno a algo tan primario como los cimientos de la democracia. También les ayuda a ganar en la pugna por la 'economía de la atención'. No importa si realmente el voto a distancia es o no fiable o cómo pueda condicionar unas elecciones, lo importante es que se hable del tema.

¿Pero puede o no haber fraude? Como ocurre con cualquier sistema, lo que puede haber es gente empeñada en buscar sus grietas para burlarlo. En 2023 la Policía Nacional activó una operación en Melilla, con registros y detenidos, centrada en una supuesta trama de compra de votos por correo. 

UN VISTAZO A...

En 2025 más de 100 electores se vieron afectados por un robo en una oficina de Correos de Badajoz y la sombra de la adulteración sobrevuela también las primarias del PSOE de 2014, cuando (lo sabemos gracias a la UCO), Santos Cerdán ordenó a Koldo que metiera dos papeletas irregularmente en una urna.

Una cosa sin embargo es que haya gente que intente agrietar el sistema electoral y otra muy distinta que pueda hacérsele una enmienda a la totalidad. Tampoco que resulte fácil adulterarlo. La realidad es que el sistema que se usa en nuestro país es garantista, ha ido blindándose con el tiempo y expertos, tanto de dentro de Correos como ajenos a la entidad, coinciden en que en líneas generales es un proceso "sólido" que traza todo el recorrido de las papeletas.

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"Sin espacio para la duda". "Es uno de los sistemas más garantistas de Europa. No hay espacio para la duda a no ser que se dude de buena parte de nuestras instituciones, porque son varias las que participan en el proceso", aclara en 'Verifica RTVE'’ Manuel de la Fuente, politólogo, sociólogo y profesor de la Universidad Pontificia de Comillas.

Hay otro factor más. A pesar de que apuntan a un elemento clave de las democracias, las denuncias sobre la transparencia o fiabilidad del voto por correo suelen activarse justo antes o después de las elecciones. Luego decaen. Solo en contados casos (Trump en 2020) se mantienen en el tiempo. Quienes alertan de pucherazos suelen hacerlo además sin aportar pruebas y cuando finalmente llegan al gobierno las denuncias habitualmente no se materializan.

¿Cómo es el voto por correo? Para empezar, quienes emiten sus papeletas a distancia deben confirmar su identidad de forma clara en tres ocasiones distintas. Primero, cuando solicitan el voto por correo ante la Oficina del Censo Electoral, bien lo hagan de forma presencial o en la web. Segundo, cuando recogen el sobre que contiene las papeletas y su certificado de inscripción en el censo. Tercero, cuando finalmente entregan el sobre cerrado con su voto. Todo esto cumpliendo unos plazos estrictos y ya publicados.

Como recuerda De la Fuente, en el proceso participan varias entidades. El registro lo elabora la Oficina del Censo Electoral, que depende del INE, los envíos los supervisan las Juntas Electorales y su escrutinio corre a cargo de las Mesas, donde además de los presidentes y vocales suele haber interventores de los principales partidos políticos.

Las papeletas del voto a distancia se custodian cerradas en Correos y acaban en la urna el día de las elecciones, junto a las del resto de electores. El presidente de la mesa comprueba además el certificado para confirmar que el votante existe. El escrutinio es público y una vez finaliza se elabora un acta oficial que se traslada de inmediato, acompañado de la "Fuerza Pública", al juzgado.

El ínterin bajo sospecha. La clave, claro, es qué ocurre desde el momento en que un votante emite su papeleta y esta llega a la mesa electoral, donde se introduce en la urna y mezcla con el resto de sobres. En 2023, en una entrevista con Newtral, Correos ya reivindicaba la seguridad del proceso:

"El sobre con el voto incluye el certificado de inscripción en el censo, para acreditar la identidad del votante, y la papeleta elegida dentro de otro sobre cerrado (…) Todos los sobres van cerrados y Correos extrema su custodia hasta su entrega en las mesas electorales correspondientes". La Ley de Régimen Electoral prevé penas de prisión para quienes se salten "los trámites establecidos".

"Es seguro". Hace unos días, Ildefonso Ruiz, veterano de Correos y exdiputado de Jaén, publicó un hilo viral en X en el que reivindica que en España "votar por correo es seguro". "La posibilidad de que tú votes por correo y te cambien el voto es prácticamente nula. En ese aspecto, tranquilidad". En su opinión, eso sí, sí hay una forma de adulterar el sistema, pero no mediante "cambiazos". 

¿Cómo? Según explica, aprovechando la existencia de "abstencionistas históricos", ciudadanos que nunca ejercen su derecho al voto, y generar papeletas a su nombre. "No se trata de inundar las mesas. Se trata de pequeñas alteraciones que pasan desapercibidas entre la marabunta de votos".

A comienzos de los años 90 se denunció un episodio de suplantación similar, lo que dejó bajo sospecha unos 13.000 votos de Salamanca. La realidad es que hay que buscar en la hemeroteca para encontrar casos similares y denuncias como las de Ayuso no se centran en evitar la abstención, sino directamente en la transparencia del sufragio por correo.

Imágenes | Arnaud Jaegers

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