Si viajar a la Luna es todo un reto, el siguiente escalón es solo para valientes. A día de hoy nadie ha viajado a Marte e incluso los viajes sin tripular se encuentran con múltiples inconvenientes. El primero de ellos es la duración del propio viaje, pues se puede extender hasta 8,5 meses, solo ida. Casi nueve meses de ruta espacial, con todos los inconvenientes que pueden presentarse durante la misma. Por eso es tan interesante el atajo que acaba de proponer un equipo de científicos de la Universidad Estatal de Río Janeiro. Con él, el viaje podría acortarse hasta los 153 días, ida y vuelta.
La clave está en los asteroides. Los autores de este estudio han buscado atajos en la ruta hacia Marte de una forma bastante interesante: fijándose en otros viajeros. Tras estudiar las trayectorias de varios asteroides, se han centrado en aquellos cuya órbita se cruza tanto con la de Marte como con la de la Tierra.
Hasta ahora, las trayectorias se diseñan desde el plano orbital de la Tierra. Si se tiene en cuenta también el plano orbital de uno de estos asteroides, en concreto del 2001 CA21, se abren nuevos caminos, que estaban ocultos desde nuestro planeta. Uno de esos caminos, según el estudio, reduciría drásticamente la duración de los viajes a Marte.
El asteroide no es un vehículo. Es importante tener en cuenta que este estudio no propone usar los asteroides como vehículo a Marte. Simplemente los usan para abrir horizontes a otras trayectorias. Nosotros desde la Tierra vemos solo unas pocas “carreteras”, pero los asteroides como este cuentan con otras opciones. Al buscar los puntos de conexión entre el plano orbital terrestre y el de estos asteroides, se puede enlazar con esos otros recorridos, de los cuales algunos resultan ser más directos.
Recorridos tradicionales. Normalmente, para viajar de la Tierra a Marte se recurre a algo conocido como trayectoria de Hohmann. Esta consiste en comenzar a hacer un giro alrededor del Sol en nuestra propia órbita elíptica; para, llegado el momento, aprovechar su tirón gravitacional y alargar la elipse hasta la órbita marciana. A grandes rasgos, la nave no se dirige en línea recta a donde está el planeta destino, sino que viaja a donde estará este en un momento determinado. No es un recorrido corto, pero con él, al aprovechar el tirón gravitacional, se reduce bastante el consumo de combustible.
Trayectoria planeada para ExoMars, de la ESA
Para que esto pueda llevarse a cabo, se deben aprovechar las ventanas de lanzamiento en las que la Tierra, el Sol y Marte están alineados de la forma adecuada. Todo esto alarga muchísimo los viajes.
Un cambio de plano. Las órbitas de los distintos objetos que giran en torno a otros no están todas en el mismo plano. Cada uno tiene su propio plano. Como una hoja de papel por la que va girando. El plano terrestre no es exactamente el mismo que el de Marte, pero sí muy parecido. El del asteroide de este estudio, en cambio, es muy diferente y está mucho más inclinado. Es por eso por lo que permite abrir la ventana a nuevas trayectorias. Como explican en Wired, es algo así como abrir una ventana secundaria en un videojuego para ver un escenario que no vemos en la principal.
Varias ventanas de lanzamiento. Teniendo en cuenta la necesidad de tener una alineación adecuada entre la Tierra, el Sol y Marte, próximamente existen tres ventanas de lanzamiento interesantes para viajar al planeta rojo: 2027, 2029 y 2031. Al estudiarlas una a una, los autores de este estudio vieron que es en 2031 cuando se produce la mejor alineación con el plano del asteroide y, por lo tanto, una oportunidad mucho más rápida de viaje.
En el mejor caso se podría llegar a Marte en 33 días. El viaje completo sería de 153 días, aunque en casos menos optimistas podría ser de 226 días. Sea como sea, sigue siendo muchísimo menos que esos 9 meses, solo ida, que se tarda ahora.
Otros asteroides. Aunque el estudio se ha llevado a cabo con los datos concretos de un solo asteroide, estos científicos creen que, en realidad, se podrían tomar los planos orbitales de otros cuyas trayectorias también se crucen con la Tierra y Marte. Básicamente, la clave está en mirar fuera de la caja. O, mucho más literalmente, fuera de plano. Hay muchas rutas interesantes ahí fuera.
Sistemas de propulsión más potentes. Todo esto suena precioso, pero hay un gran inconveniente que debemos tener en cuenta. Y es que, para poder llevar a cabo este proceso, se necesita mucha más energía. Por lo tanto, habría que recurrir a cantidades prácticamente inviables de combustible o a nuevos sistemas de propulsión más potentes. Hoy en día esto no es posible, por lo que los avances en este sentido deberían ir en paralelo al desarrollo de avances en los sistemas de propulsión. Ya se están investigando muchos ejemplos, como el uso de energía nuclear. Incluso se ha propuesto utilizar láseres, aunque es un proyecto que está muy en pañales.
Aún queda mucho camino, nunca mejor dicho, pero si el futuro está en estas trayectorias cortas y alternativas también debe estarlo en nuevos sistemas de propulsión que dejen atrás a los tradicionales.
Imagen | NASA | ESA
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