Calentar la casa con estufas también se ha puesto carísimo. Hay una alternativa: los pellets de lino

Calentar la casa con estufas también se ha puesto carísimo. Hay una alternativa: los pellets de lino
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Con el otoño recién estrenado y una crisis energética de calado que ya ha obligado a mover ficha a las instituciones, uno de los grandes retos que afrontan las familias es cómo calentarse cuando bajen las temperaturas. A lo largo de los últimos meses el miedo a la factura de la electricidad ha disparado ya la venta de pellets, leña, estufas y chimeneas. En Francia o Canadá hay sin embargo quien ha decidido apostar por un aliado tan inesperado como tradicional y conocido: el lino.

¿Quién dijo que la clave no podía partir de un material que usamos desde hace siglos?

¿Pellets con lino? Esa es la propuesta en la que lleva años trabajando Soels Electrotech, una compañía de Comines, al norte de Francia. Su idea, recoge Neozone, consiste en aprovechar los residuos para la fabricación de pellets, cilindros de materiales prensados. La firma quiere ir un paso más allá en el uso de un material cuyas virutas ya se utilizan en las calderas de empresas.

Para formar los pellets, retiran el polvo y pasan el material por un sistema que lo comprime hasta obtener un gránulo prensado. Neozone asegura que ya hay al menos un fabricante de calderas que ha adaptado sus máquinas y que los pellets de lino sería más barato que los de madera.

En el momento adecuado. En plena crisis energética, la idea no ha tardado en captar el interés de medios e incluso autoridades. En mayo la diputada gala Brigitte Liso publicaba en su perfil de Twitter imágenes con los responsables de la firma: “¡Después de seis años de trabajo, han desarrollado un pellet de biocombustible de lino para estufas y calderas privadas y unidades de biomasa!”

Más allá de Francia. Soels no es la única que apunta las ventajas de los pellets de lino. En Canadá hay otra compañía, Prairie Clean Energy, que incide en la misma idea. “750.000 toneladas de paja de lino se queman en las praderas canadienses cada año, 1,1 millones si se añaden las de EEUU. Esta paja no tiene otros propósitos. Con nuestro proceso pendiente de patente, convertimos lo que solía ser paja de lino desperdiciada en pellets de biomasa que cumplen con la norma ISO”, zanja.

Aprovechar residuos con un menor impacto. Esas son las dos grandes claves en las que incide Prairie Clean Energy. La compañía argumenta que cada año Canadá genera más de 48 millones de toneladas de residuos agrícolas a los que no les da salida y “pueden ser transformados en pellets de biomasa limpios y renovables”. Praire asegura que este tipo de combustible equivale en propiedades calóricas a los pellets de madera, con una ventaja extra: menor contenido de cenizas.

“Los gránulos de paja de lino provienen de la linaza. La paja de lino es un subproducto de desecho de la cosecha de semillas de lino. No tiene nutrientes, no se puede labrar en el suelo y no tiene valor de mercado. Los agricultores no tienen más remedio que quemarla en el campo. Sin embargo, la paja de lino es una excelente fuente de combustible: se quema limpiamente generando muy bajo contenido de cenizas y un alto poder calórico neto”, apostilla la compañía canadiense.

El cuándo y dónde, claves. Para entender la importancia de las propuestas de Soels o Prairie es importante entender el contexto y, sobre todo, dónde y cuándo se plantean. Como señala la empresa canadiense, su país genera todos los años gran cantidad de residuos de lino a los que podría dársele salida. Soels tampoco apunta a ciegas: la producción de lino tiene un peso destacado en Francia. Le Figaro señala que el país es un referente gracias a 11.000 hectáreas dedicadas al valioso material.

El cuándo también resulta crucial. Aunque Soels lleva años trabajando en su propuesta, las noticias de los últimos meses surgen en un contexto marcado por la crisis energética derivada de la guerra de Ucrania. Otro factor es el del alza del precio de los propios pellets ante el temor a la factura eléctrica y de gas. En cuestión de un año, señala El Independiente, un saco de 15 kg de biomasa compuesta por serrín prensado ha pasado de costar 4,5 a 7,5 euros. Y su demanda sigue al alza.

Los cálculos de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) apuntan que los pellets son hoy un 67% más caros que en 2021 y su precio se ha disparado un 96% con respecto a 2017. Con todo, el colectivo incide en que la biomasa "sigue siendo una opción económica" para calentar la casa.

Imagen de portada | Prairie Clean Energy

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