El juicio de Musk contra Altman es mucho más que un juicio: es sobre si una empresa puede cambiar de misión

El juicio entre Musk y Altman pone en cuestión si una organización puede cambiar de misión después de haber captado donaciones bajo otra bandera

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Javier Lacort

Editor Senior - Tech
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Javier Lacort

Editor Senior - Tech

Elon Musk y Sam Altman se han plantado ante un tribunal en Oakland para dirimir el futuro de OpenAI, con una demanda que reclama más de 130.000 millones de dólares y pide la destitución de Sam Altman como director ejecutivo. 

La vista ha arrancado este martes con declaraciones de apertura que han dejado ver la dimensión real del caso: no es solo una pelea entre dos multimillonarios, sino una pregunta muy básica que todavía no tiene una respuesta clara.

Por qué es importante. La cuestión de fondo no es si a Musk, como se dice coloquialmente, 'le hicieron el lío'. Es si una organización fundada como ONG puede pivotar hacia el lucro después de haber captado donaciones, talento y credibilidad bajo otro modelo.

Si la respuesta es 'no' (o si al menos puede ser judicialmente cuestionada), hay unas cuantas empresas tecnológicas en una situación similar: Mozilla, Anthropic o Wikipedia / Wikimedia Foundation viven en realidades parecidas. El precedente que siente este juicio puede ser una china en el zapato para otros grupos.

El contexto:

  • OpenAI nació en 2015 con una misión: desarrollar IA para el beneficio de la humanidad, como dijo un sabio, "sin ánimo de lucro". Musk aportó unos 38 millones de dólares en sus primeros años.
  • En 2019, la empresa lanzó una filial con ánimo de lucro para poder captar capital a escala.
  • En 2023, firmó un acuerdo de 10.000 millones con Microsoft que, según la acusación, fue el punto de no retorno: a partir de ahí, OpenAI ya no operaba para la humanidad sino para sus accionistas.

Hoy, la filial lucrativa está valorada en 852.000 millones de dólares y podría salir a bolsa antes de que acabe 2026, aunque a ese plan le está saliendo alguna fisura.

Entre líneas. La tesis jurídica de Musk depende de demostrar que hubo fraude en el momento de la donación, no simplemente que no le gusta hacia dónde ha ido la empresa. Según Sam Brunson, profesor de derecho de organizaciones sin ánimo de lucro en la Loyola University de Chicago, citado por Fortune, el principio general del derecho es que quien dona a una organización ha entregado ese dinero y no tiene recurso si luego no le gustan sus decisiones.

La única vía de escape es demostrar que hubo fraude, que le mintieron en el momento de donar. Y esa prueba es muy difícil de conseguir. Lo que más se acerca a esa prueba son los apuntes privados de Greg Brockman, cofundador de OpenAI.

  • En septiembre de 2017, Brockman escribió que aquella era "la única oportunidad de salir de debajo de Elon" y que aceptar sus condiciones destruiría su capacidad de decisión y su parte económica.
  • Después de una reunión en noviembre de ese año en la que le aseguraron a Musk que OpenAI seguiría siendo una ONG, Brockman anotó que si tres meses después convertían la empresa en una entidad con fines de lucro, "habría sido una mentira".

El juez que envió el caso a juicio citó estos apuntes directamente en su resolución de enero.

Sí, pero. Que existan notas comprometedoras no significa que la teoría legal de Musk sea sólida. La ONG original sigue existiendo. Su tecnología fue licenciada a la filial lucrativa, pero la fundación sin ánimo de lucro mantiene el control nominal de la empresa y retiene la apreciación económica de esa filial.

Las ONG pueden generar beneficios, simplemente no pueden distribuirlos entre accionistas. Si OpenAI no hizo una promesa explícita y documentada de no crear jamás una filial con ánimo de lucro, el argumento de fraude tiene muy poco recorrido. La mayoría de los expertos consultados por la prensa anglosajona estos días cree que Musk tiene pocas probabilidades de ganar en la fase de responsabilidad.

Marcando agenda. El domingo, menos de 48 horas antes del inicio del juicio, OpenAI publicó su nuevo marco de cinco principios para la AGI: democratización, empoderamiento, prosperidad universal, resiliencia y adaptabilidad. El documento de 2018 mencionaba la AGI doce veces. El nuevo, solo dos.

El timing no es casual: Altman publica un manifiesto que lo retrata como el guardián responsable del desarrollo de la IA justo cuando un tribunal va a juzgar si traicionó la misión original de la empresa o no.

La gran pregunta. El juicio durará, en principio, unas tres semanas. Pero la pregunta que plantea va más allá del veredicto: ¿puede una empresa que arrancó como organización sin ánimo de lucro (captando donaciones, talento y legitimidad bajo esa bandera) pivotar libremente hacia el lucro sin que nadie tenga derecho a reclamar?

Si la respuesta acaba siendo 'sí', sin muchos matices, habrá algo que no cuadra. No porque Musk lleve razón en todo, sino porque el argumento de fondo tiene lógica: si te beneficias de favores fiscales y de una reputación altruista para arrancar, luego no puedes pivotar así como así sin que eso distorsione la competencia. La pregunta no tiene respuesta fácil. Que la estén respondiendo un jurado en Oakland dice mucho sobre cuánto le falta al derecho para estar a la altura de la velocidad con la que se mueve la industria tecnológica.

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