Utilizamos Alexa para poco más que poner temporizadores y música. Eso es un problema enorme para Amazon

Utilizamos Alexa para poco más que poner temporizadores y música. Eso es un problema enorme para Amazon
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Amazon anunció que planea despedir a unos 10.000 empleados. Es el mayor recorte de puestos de trabajo de su historia. La resaca de una non stop party para toda una industria. O casi toda. En este caso, los despidos se centran en puestos corporativos y tecnológicos.

Aunque las pérdidas del negocio de comercio electrónico han motivado la decisión de recortar puestos de trabajo, Alexa y los dispositivos Echo han sido puestos en el ojo del huracán tras años desarrollando productos y plataforma sin demasiadas preocupaciones.

Precios agresivos y escasa monetización posterior

The New York Times sobre los despidos en Amazon:

[La división de] Dispositivos y Alexa se han visto internamente durante mucho tiempo en riesgo de recortes. Alexa y sus dispositivos se impulsaron como una de las prioridades principales de la empresa mientras Amazon competía para crear el asistente de voz líder, que los dirigentes pensaron que podría suceder a los teléfonos móviles como la próxima interfaz esencial para el consumidor. De 2017 a 2018, Amazon duplicó el personal de los dispositivos Alexa y Echo hasta los 10.000 ingenieros. En un momento dado, se suponía que cualquier ingeniero que recibiera una oferta de trabajo para otros puestos en Amazon también recibiría una oferta para Alexa.
La empresa ha vendido cientos de millones de dispositivos habilitados para Alexa, pero Amazon dijo que los productos a menudo tienen un margen bajo y que otras fuentes potenciales de ingresos, como las compras por voz, no se han puesto de moda.

Durante mucho tiempo hemos visto cómo Amazon, si bien ofrecía una gran variedad de dispositivos domóticos capitaneados por altavoces de todo tipo de precios, arrasaba especialmente con la línea Echo Dot, su altavoz más simple y económico, muy a menudo vendido por la mitad de su precio original o con promociones muy agresivas.

Un altavoz inteligente que fácilmente podíamos encontrar por 30 euros. Si a 30 euros le quitamos los impuestos, los gastos de envío y el embalaje, además del coste de fabricación y materiales, ¿cuánto dinero está quedándole a Amazon por cada uno de estos altavoces? ¿Qué margen asume la división de desarrollo de Alexa?

Alexa, cuenta atrás 12 minutos

El interés de Amazon por conseguir una buena cuota de mercado a costa de vender extremadamente barato estaba motivado por lograr que su asistente de voz penetrara. Al contrario que los de Apple y Google, Alexa no tenía un hogar en la casi totalidad de hogares del mundo desarrollado, así que tuvo que buscar la forma de entrar en ellos.

En la época del despliegue de Alexa y los Echo se tenía la firma creencia, y no solo en Amazon sino en casi toda la industria, de que los asistentes de voz realmente iban a ser el futuro, que iban a ser importantes en los hogares no solo como una forma de entretenerse, buscar información o activar objetos conectados, sino también de comprar.

Hace exactamente cinco años, un informe de Juniper Research del que se hacía eco TechCrunch hablaba de que para estas fechas, 2022, el 55% de los hogares estadounidenses tendrían algún altavoz inteligente. La cifra a la que se ha llegado es superior, el 60%. No obstante, con unos dispositivos vendidos a precios tan agresivos, lo importante no es venderlos, sino la monetización posterior que pueda lograrse con ellos. No parece que las compras impulsivas por voz estén siendo un éxito.

En 2016, cuando los dispositivos Echo eran toda una exitosa novedad en Estados Unidos, casi la mitad de sus usuarios lo utilizaron para añadir algún elemento a su lista de la compra de Amazon. Pero solo el 10% lo utilizaron de forma recurrente.

Controlar luces inteligentes, informarse, reproducir música y poner un temporizador, uso habitual culinario, fueron casos de uso mucho más habituales, tanto en la prueba inicial como en la repetición periódica. Sobre todo esos dos últimos usos.

Pese a los esfuerzos de Amazon, que de hecho logró desarrollar un gran asistente de voz que mejora en muchos casos de uso a Siri o al de Google, no contar con su propia marca o su propio sistema operativo para telefonía móvil (pese a su infructuoso intento) le ha costado estar muy por detrás de su rivales en cuanto a base instalado de dispositivos compatibles. Si encima no ha logrado habituar a la compra online, su monetización se tambalea.

Y ahí es donde llegamos a un futuro incierto, con despidos en la división y una recuperación de la inversión que empieza a sonar complicada, derribada la creencia de que los asistentes de voz iban a convertirse en grandes protagonistas de nuestro día a día: son accesorios útiles y simpáticos, pero lejísimos de poder competir con el smartphone.

¿Tiene sentido que Amazon siga manteniendo Alexa, que solo en 2018 le supuso una pérdida de 5.000 millones de dólares, o dentro de un tiempo los Echo perderán una gran parte de su funcionalidad?

Lo que ocurra en los próximos tiempos con Echo y Alexa, y cómo Amazon logre monetizar su base instalada, será crucial para su futuro a largo plazo.

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