La sequía está convirtiendo a España en lo que siempre se temió a futuro: una sucursal del Sáhara

Sahara
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La presente sequía cada vez nos ofrece estampas más curiosas, algunas de ellas preocupantes. Es el caso de los últimos datos sobre la humedad que retienen nuestros suelos, que son en estas fechas semejantes a los de entornos plenamente desérticos de nuestro entorno. Como el desierto del Sáhara.

Unas condiciones extraordinarias. El físico y meteorólogo J. J. González Alemán, ha llamado la atención recientemente sobre un fenómeno preocupante: el suelo de la península Ibérica se seca. Como señala a través de Twitter, los niveles de humedad de nuestros suelos han llegado a un punto tan bajo que resulta comparable al que se suele dar en zonas desérticas como el Sáhara.

Qué es lo que está pasando. Las condiciones meteorológicas tienen mucho que ver con este suceso pero el meteorólogo apunta al calor de estos días como posible responsable de que se haya llegado a esta situación.

Leña para el horno. La humedad del suelo cumple muchas funciones, y una de ellas es mantener su temperatura. Como ocurre con el sudor, el agua absorbe el calor y lo transmite al aire al evaporarse. Si el suelo está seco, su capacidad de dispersar el calor que recibe en forma de radiación solar se reduce notablemente. Falta de humedad y fuerte absorción de radiación solar son dos de los ingredientes clave de la llamada “regla del 30” asociada al “horno ibérico”.

No es solo el calor, también el agua: los suelos secos suelen asociarse a un mayor riesgo derivado de precipitaciones intensas y tormentas. Los suelos secos pierden su capacidad de absorber agua, lo que hace que la escorrentía aumente y así el riesgo de inundación. Por si esto fuera poco, existen estudios que señalan que los suelos poco húmedos incluso pueden hacer que aumente el riesgo de tormentas.

Mapa del riesgo de desertificación en España. Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

Un problema de largo plazo. La situación de los últimos días es preocupante en sí misma, pero tan solo responde a una tendencia señalada hace años. La península se encuentra inmersa en un proceso de aridificación y desertificación.

Y esto no es solo problema de la falta de precipitaciones o de que la frecuencia de episodios de sequía haya podido aumentar. Cambios demográficos y en los usos del suelo, incendios forestales… Este es un proceso complejo y que debe entenderse en el largo plazo.

Se estima que un 40% de la tierra de nuestro planeta está en riesgo de desertificación, pero el clima semiárido de España la hace especialmente vulnerable a este fenómeno.

El fin de la sequía no traerá el fin del proceso. Las sequías podrán sucederse con mayor o menor frecuencia, pero parece que el proceso de aridificación está en marcha. Quizá nuestra capacidad para mitigar el proceso sea limitada, pero al menos tenemos la capacidad de adaptarnos.

Si nuestro territorio corre el riesgo de transformarse en un desierto, quienes lo habitamos tendremos que acostumbrarnos a las circunstancias. Esto pasa no sólo por ser más eficientes en nuestros usos del agua, también tendremos que adaptarnos a los cambios en las temperaturas que vendrán asociados. En cualquier caso, tendremos que aprender tanto de nuestros vecinos del sur como de otras muchas partes del mundo.

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Imagen | Sergey Pesterev

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