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Nos estamos quedando sin hielo en el Ártico (y muy rápidamente)

Nos estamos quedando sin hielo en el Ártico (y muy rápidamente)
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Una vez pasé tres horas buscando una gasolinera para comprar hielo. Este era un problema que no tenían los esquimales ni otros habitantes del círculo polar ártico. Pero van a empezar a tenerlo: el Polo Norte se está quedando sin hielo.

Según los científicos del National Snow and Ice Data Center (NSIDC) de Estados Unidos, el hielo ártico en invierno ha llegado a mínimos históricos por segundo año consecutivo. No es algo que nos sorprenda, pero la tendencia a la descongelación tiene consecuencias climáticas inesperadas y muy serias.

Dos peces de hielo...

Año tras año, el proceso es el mismo: al llegar la primavera, todo ese cubito de hielo salado que es la superficie del océano ártico empieza a descongelarse. Y lo continúa haciendo durante el verano para volver a congelarse durante el otoño y el invierno. Congelarse y descongelarse, así un año tras otro.

Con los datos del 24 de marzo en la mano, podemos afirmar que este año la extensión máxima del hielo ártico en invierno ha sido de 14.520.000 kilómetros cuadrados de extensión. La menor superficie desde 1979, cuando comienzan los registros vía satélite. Así, este año se han congelado 20.000 kilómetros cuadrados menos que el año pasado, que también constituyó un récord histórico. Para ver la imagen completa basta con decir que hoy tenemos medio millón de kilómetros cuadrados menos de hielo que la media entre 1981-2010 y 620.000 desde el primer registro de 1979.

Este mínimo histórico viene después de meses batiendo los récords de altas temperaturas a nivel mundial. Existe la tentación de trazar una línea de causa y efecto, pero el proceso también se da a la inversa. Durante el invierno verano boreal, el sol está constantemente sobre el hielo del ártico. En condiciones normales, el mar absorbe los rayos del sol, pero en invierno el hielo hace el efecto de los parasoles de los coches.

Walt Meier, que trabaja con hielo marino en el Centro Goddard de la NASA, dice que "es probable que veamos extensiones invernales más pequeñas en el futuro, porque, no sólo la atmósfera es más cálida sino que el mar también se está calentando. Este incremento de las temperaturas hará poco probable que el hielo llegue tan al sur como solía. Aunque el alcance máximo del hielo puede variar mucho cada año dependiendo de las condiciones climáticas coyunturales, estamos viendo una tendencia descendente muy significativa y que, en última instancia, está relacionada con el calentamiento de la atmósfera y los mares".

La buena noticia es que esto no quiere decir que en verano alcancemos el mínimo absoluto histórico de hielo en el Ártico. Como también explica Walt Meier, esto depende más de las condiciones climáticas del verano que de la extensión máxima que el hielo haya alcanzado durante el invierno. Y digo 'buena noticia' porque el hielo ártico juega un papel fundamental en la regulación de la temperatura mundial. Es, en cierta forma, nuestro aire acondicionado.

Los gases que vinieron del hielo

Permafrost

No obstante, no debemos confiarnos. Es una buena noticia sólo a medias: En los suelos helados de todo el ártico se encuentran grandes reservas de gases de efecto invernadero. La clave está en el permafrost (suelo a temperaturas por debajo del nivel de congelación) que, según los estudios, contiene grandes cantidades de dióxido de carbono y metano.

Pues bien, un estudio publicado en Nature Geoscience afirma que se está derritiendo. Es descubrimiento es bastante preocupante porque los datos muestran que hasta el permafrost más frío es muy sensible a los veranos cálidos, algo que pensábamos que no ocurriría (o, al menos, no tan rápido).

Ni siquiera parece viable utilizar la vegetación como 'freno natural' para contener el dióxido de carbono. Por lo que el escenario es bastante problemático: el calentamiento del mundo podría iniciar una reacción en cadena que no fuéramos capaces de controlar. Lejos del catastrofismo, sí es cierto que estamos siendo testigos de excepción de cómo surge una tendencia clara hacia el cambio climático que aún estamos a tiempo de invertir. Aunque no por mucho tiempo.

Vía | NASA

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