30.000 años después, hemos encontrado una cría de mamut perfectamente conservada por el permafrost

30.000 años después, hemos encontrado una cría de mamut perfectamente conservada por el permafrost
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Un día que habría sido normal en una mina de oro en el territorio canadiense de Yukon ha dado se convirtió recientemente en uno extraordinario. La causa, el descubrimiento en la zona de excavación de los restos congelados de una cría de mamut que vivió hace más de 30.000 años. Se trata del primer hallazgo de este tipo realizado en el continente americano.

El hallazgo. Un minero en una explotación situada en el territorio tradicional de Trʼondëk Hwëchʼin, un grupo nativo americano que habita en Canadá, encontró el cuerpo enterrado en el permafrost en el que excavaba. El permafrost, tierra congelada, puede mantenerse en ese estado durante miles de años, lo que hace posible encontrar perfectamente conservados ejemplares de animales extinguidos hace 4.000 años.

Una vez que desde la mina se dio aviso del hallazgo, un grupo conformado por investigadores y miembros de la nación originaria Trʼondëk Hwëchʼin evaluaron el hallazgo. Se bautizó al animal como ‘Nun cho ga’, ‘gran animal bebé’ en el idioma local, el Hän.

Primer mamut americano. Se trata de la primera vez que se encuentra un mamut en buen estado de conservación en el continente americano, y es tan solo el segundo hallazgo de te este tipo en todo el mundo después de Lyuba, otra cría de mamut hallada en 2007 en Siberia.

El territorio de Yukón no es ajeno al hallazgo de animales de menor tamaño conservadas en el gélido subsuelo. En 2016, por ejemplo, una cría de caribú de 50.000 años de antigüedad fue descubierta junto a un cachorro de lobo.

Siberia es la otra gran fuente de hallazgos de este tipo. Además de Lyuba, la región asiática nos ha dado también los restos mejor conservados de un león de las cavernas.

Fósiles y momias. Cuando pensamos en animales extintos solemos ir a extremos y bien pensar en fósiles de dinosaurios y otros animales que poblaron la Tierra hace millones de años o bien pensar en aquellos extintos en los últimos años o en peligro de hacerlo.

Lograr muestras del tejido muscular y de la piel de estos animales puede darnos mucha información no solo sobre los mamuts, sino sobre la época en la que vivían. Estos hallazgos tienen por ello un enorme valor.

Resucitar especies perdidas. Estos hallazgos pueden reabrir el debate sobre si es conveniente recuperar estos animales, puesto que la fosilización causa estragos en el “tejido vivo” de los animales. En cambio la congelación logra que los tejidos lleguen hasta nuestros días sin grandes alteraciones, abriendo la puerta a la clonación.

Pero como bien se explicaba en la película primera película de la saga Parque Jurásico, además de preguntarse si es posible conviene preguntarse si es conveniente. Los ecosistemas de la Tierra han cambiado mucho desde el último periodo glacial. Estos se encuentran en un nuevo equilibrio y la introducción de “nuevas” especies puede alterarlo de una manera no muy distinta a la introducción de especies invasoras.

En este caso particular, además, el hecho de que el hallazgo se haya realizado en tierras pertenecientes a una de las tribus originarias de Canadá, dificulta esa perspectiva, ya que es este pueblo nativo el custodio de los restos de este animal muerto hace más de 30 milenios. Cualquier decisión sobre estos restos pasa por este grupo.

Permafrost y cambio climático. Si atendemos a los datos, es posible que este tipo de hallazgos dejen de ser algo medianamente frecuente. Las zonas polares de Eurasia y Norteamérica están experimentando una pérdida en el permafrost que viene dándose desde hace años. El suelo se descongela.

Esto tendrá probablemente implicaciones ecológicas y medioambientales, pero también podría implicar que cualquier animal prehistórico atrapado en estos suelos dejaría de estar protegido por las condiciones gélidas y podría descomponerse y perderse.

Es imposible saber cuántos restos hay en esta situación a lo largo de los millones de kilómetros cuadrados que ocupan las zonas heladas de Siberia y el norte de Canadá. Pero lo más probable es que estemos frente a una oportunidad a punto de perderse para conocer cómo era el mundo cuando los homo sapiens ni siquiera se habían asentado en Europa. Lo peor es que puede que ese no sea el peor de los problemas.

Imagen | April Pethybridge

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