Siete detalles que explican por qué 'El juego del calamar' va camino de ser una de las series más vistas de la historia de Netflix
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Siete detalles que explican por qué 'El juego del calamar' va camino de ser una de las series más vistas de la historia de Netflix

Este artículo incluye spoilers muy leves de la serie.

Se ha convertido en un éxito tan multitudinario e internacional que la propia Netflix no da crédito. Ted Sarandos reconoció recientemente que "No lo vimos venir en lo referente a su popularidad global", y lo cierto es que va camino de convertirse en una de las series más vistas de la plataforma sin partir con nada a su favor: origen asiático sin actores ni equipo conocidos en Occidente, no pertenece a una franquicia famosa y la maquinaria promocional de Netflix no la ha apoyado especialmente (por ejemplo, la prensa no tuvo acceso a screeners anticipados a su estreno).

Sin embargo, la propagación de su fama, exclusivamente a través del efecto del boca a boca, tiene unos motivos muy claros. El magnetismo que desprende en lo argumental y lo visual cuaja en una serie adictiva, que rebosa momentos antológicos, imágenes icónicas y material perfecto para memes en cada plano. Estas son algunas de las claves que han convertido la serie en un fenómeno mundial.

Un argumento que es casi un meme

El argumento de 'El juego del calamar' es tan elemental como enigmático: un grupo de personas con graves problemas económicos acceden a participar en un juego que hará millonario a uno de ellos. Solo tendrán que sobrevivir a seis pruebas inspiradas en juegos infantiles de origen coreano pero que todos conocemos, como el icónico 'Escondite inglés' con el que se inaugura la masacre. Para los espectadores, tan sencillo de entender como de comunicar... y propagar a través de internet.

Dos referencias clave: 'Saw'...

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A quién no le va a gustar una saga de torturas sistemáticas y alambicadas. La saga 'Saw' ha pasado de ser una franquicia de thrillers donde el peso estaba en el sufrimiento y la tortura que padecían las víctimas de un psicópata peligroso a una sucesión de aparatosos ingenios de muerte mayestática, cada vez más sofisticados y simbólicos. Algo de eso heredan los juegos infantiles transformados en aparatos de ejecución de 'El juego del calamar': su talante casi moral, lo innecesariamente aparatoso de su funcionamiento y el conocimiento por parte de los responsables de la serie de que son el auténtico atractivo del producto.

No acaban ahí los paralelismos. También recuerdan a la saga de Jigsaw lo anónimo de los torturadores, que hablan con máquinas que deforman la voz y llevan máscaras, la sensación de que las víctimas están en las pruebas para purgar pecados que cometieron en su vida "normal" y la idea de un juego letal, que no por mortífero deja de tener resortes propios de un inocuo entretenimiento infantil.

... y 'Los juegos del hambre'

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Es el otro referente claro de la serie, empatado con 'Battle Royale'. No solo por la presentación de una competición letal en la que los concursantes se juegan algo más que un diploma, sino por el tono levemente distópico de la historia. La serie no transcurre en el futuro, pero la estética recargada, los ademanes totalitarios, la estructura cuadriculada de las pruebas recuerdan a las mejores distopías. No hay componentes de ciencia-ficción en 'El juego del calamar', pero cada vez que los concursantes son paseados por las instalaciones para acudir a una nueva prueba, el detector de distopías de cualquier espectador se vuelve loco.

Lo cuidado de su apartado visual

The Squid Game El Drama Coreano Mortal Que Cautiva Y

Uno de los primeros impactos que ofrece la serie es el plano de los pasillos que comunican a los participantes con la primera prueba: unas escaleras aparentemente infinitas donde todos parecen moverse en distintas direcciones. Es inevitable acordarse de los trampantojos de MC Escher en obras como su 'Relativity'. Toda la serie brilla al mismo nivel: de la estética de las pruebas (entre lo infantil y lo perverso) a algunos montajes que ponen en relación a todos los personajes (por ejemplo, con los concursantes siguiendo el mismo ritual de subir a un coche en solitario cuando deciden volver al concurso), pasando por abundantes planos generales simétricos o desde perspectivas insólitas. En lo visual, la serie sorprende continuamente.

Su estructura argumental se sale de la que ya nos sabemos de memoria

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Si 'El juego del calamar' fuera una serie occidental, ya sabes qué estructura tendría: los personajes entran en el concurso y conocemos lo que les ha llevado allí a través de pesadísimos flashbacks que no nos interesan demasiado. Pero aquí el giro llega pronto: los personajes, de los que aún no sabemos nada, votan abandonar el concurso... y lo consiguen. Es a través de esa breve permanencia en el exterior donde no solo conocemos la historia de cada uno de una forma distinta a la narrativa habitual de las series, manteniendo el interés, sino que además entendemos los motivos por los que no intentan escapar de un entorno tan peligroso.

El mensaje es tremendamente inconformista

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Otro referente claro que podemos poner sobre la mesa a la hora de hablar de 'El juego del calamar' es el último éxito internacional del cine coreano: 'Parásitos', un film rabiosamente anticapitalista (y a ratos antisistema) que denuncia con humor y caricatura grotesca la penosa situación a la que se enfrenta la práctica totalidad del género humano, asumiendo voluntariamente deudas, trabajos estresantes y una ingenua felicidad abstracta como meta que nunca termina de llegar. 'El juego del calamar' cuenta exactamente eso (compartiendo, además, al compositor de la banda sonora), pero sin sermones ni aspavientos: el espectador entiende perfectamente por qué el sistema ha atrapado a los personajes, por qué estan desesperados por salir... y por qué el juego que les permite salir rápido es también una trampa. Además, como curiosidad, 'Parásitos' y 'El juego del calamar' comparten el mismo compositor de banda sonora, Jung Jae-il.

Las extraordinarias interpretaciones del reparto, a menudo rozando la parodia pero sin perder de vista la humanidad esencial de los personajes, hace mucho por comunicar ese mensaje. Lee Jung-jae y
Park Hae-soo encabezan a un grupo de perdedores que reaccionan con impotencia, rabia, apatía o incluso anestesiado buen humor a una situación insostenible, hasta el punto de que acceden a meterse en la boca del lobo (¡varias veces!) por pura desesperación.

No se corta lo más mínimo

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Y ese es su gran valor, a fin de cuentas: cuando tontea con el terror o con la fantasía, la serie lo hace transformando la estética de las imágenes. Cuando hay en juego subtramas que implican gore y salvajismo violento, las imágenes son insoportablemente impactantes. Las muertes se cuentan literalmente por cientos (y las vemos todas) y hasta la comedia satírica con la que flirtea es cualquier cosa salvo tímida.

'El juego del calamar' es valiente y demencial, y ha conquistado a los espectadores de todo el mundo, sencillamente, porque no toma prisioneros en su relato y se compromete con él hasta el final. Como lleva haciendo el cine comercial coreano desde hace décadas, por otra parte, aunque esa es una venda que nos tendremos que quitar en otra ocasión.

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