Un húngaro lleva cuatro años rodando una secuela de 'Piratas del Caribe' en tres continentes con navíos de época, en castillos europeos y usando falsos templos indios tallados a mano. Disney sabe que este proyecto existe, pero no ha mandado a ningún abogado a detener la producción, porque es un fan film. Estamos ante uno de los equilibrios más curiosos del derecho de autor moderno, donde la ley convive con la tolerancia de los grandes estudios.
El responsable. Ádám Slemmer lleva disfrazándose de Jack Sparrow desde 2015, cuando empezó a actuar en fiestas y eventos en Budapest. De ahí a un cortometraje de la saga rodado de vacaciones en Croacia, y tras eso, algo más ambicioso: una película de dos horas, secuela directa de 'La venganza de Salazar', con Jack Sparrow y Angélica (el personaje interpretado por Penélope Cruz en 'En mareas misteriosas') persiguiendo una linterna mágica junto al capitán Robert Maynard, comandante de la Flota Británica.
Secretos de la lámpara. El proyecto se llama 'Pirates of the Caribbean: Secrets of the Lamp' y se está rodando desde 2022. Las localizaciones reales incluyen Croacia, India, Grecia, Madeira y España. Los sets interiores se construyeron en Hungría, donde el equipo llegó a tallar níquel durante dos meses y medio para recrear un templo indio antes de que el almacén donde estaba instalado fuera condenado, lo que les obligó a demoler todo. El rodaje principal se completó en 2026, y acaba de publicarse un nuevo trailer. El estreno está previsto para 2027, con pase limitado en cines y convenciones y distribución gratuita en redes.
El apoyo de los artistas. El respaldo que ha recibido el proyecto llama la atención. Kevin McNally, el actor que interpreta a Joshamee Gibbs en las películas originales, promocionó el fan film en la Vienna Comic Con. Y el propio Johnny Depp tuvo un encuentro con Slemmer en Budapest: se reunió con él en el plató, ambos se disfrazaron de Jack Sparrow e improvisaron juntos. Depp acabó pidiendo una copia de la película cuando estuviera terminada.
Fan films: más viejos de lo que crees. El concepto no lo inventó internet, ni mucho menos. Se cree que el fan film más antiguo data de 1926: 'Anderson Our Gang', basado en la popularísima serie 'La pandilla'. Hasta Andy Warhol hizo algo que técnicamente podría calificarse como fan film ('Batman Dracula', en 1964), sin pedir permiso a nadie. La diferencia es que entonces nadie tenía los recursos para distribuirlos y no llegaban muy lejos, así que el problema legal era puramente teórico.
La tecnología cambió eso gracias a la distribución global que facilitaba internet. Hasta hace relativamente poco los fan films operaban por debajo del radar de las compañías, pero la explosión de producción amateur provocada por el abaratamiento de laas herramientas y la facilidad para difundirlos online hizo que la productoras tuvieran que procuparse de dejar claros unos términos legales. Como en tantas otras cosas, George Lucas fue pionero reconociendo el fenómeno y organizando los Star Wars Fan Film Awards como primer acercamiento oficial en 2002 de Lucasfilm al género.
Legalitas. Un fan film es, técnicamente, una obra derivada no autorizada. Utiliza personajes protegidos por derechos de autor, estética registrada y en muchos casos nombres propios que también funcionan como marcas. La pregunta relevante no es si infringe (en sentido estricto, lo hace siempre), sino si el titular de los derechos va a hacer algo al respecto.
Fair use. Los cuatro factores que los tribunales estadounidenses aplican para evaluar el fair use (uso legítimo sin permiso) son: propósito y carácter del uso (es decir, si es o no comercial), la naturaleza de la obra protegida, la cantidad de material original empleado y el impacto potencial sobre el mercado de la obra original. Las obras no comerciales y transformativas, como las parodias o la crítica, siempre son consideradas fair use. Un fan film que replica tono y personajes de otra franquicia está en terreno mucho más expuesto.
No conviene. Para decidir si demandar o no, los estudios aplican una aritmética reputacional y estratégica. Demandar a un fan que ha gastado sus ahorros durante cuatro años rodando algo gratis genera un coste en términos de imagen que raramente compensa el daño real que ese fan film le hace a la franquicia. Siempre que el proyecto no compita económicamente con los productos oficiales (que no venda entradas y que no confunda al consumidor sobre su origen), vale la pena asumir el riesgo, ya que también puede entenderse como publicidad extra.
El caso Axanar. El precedente que establece con más claridad dónde están los límites lo vimos en 2015, con el fan film de Star Trek 'Prelude to Axanar'. Era un corto de 21 minutos de aspecto completamente profesional que se financió con más de 100.000 dólares en Kickstarter. El éxito animó a sus creadores a lanzar una segunda campaña para una película de larga duración. Cuando la campaña de 'Axanar' superó el millón de dólares y el proyecto se presentó como una producción "profesional" e "independiente" de 'Star Trek', CBS y Paramount actuaron.
En el juicio, el tribunal determinó que, a pesar de que los productores planeaban distribuir el film gratuitamente, el uso era de naturaleza comercial porque los demandados habían aprovechado 'Prelude' para lanzar una exitosa campaña de micromecenazgo. El fair use quedó descartado, y Axanar tuvo que aceptar un trato para no pagar una multa millonaria: seguir las directrices para fan films que los estudios publicaron en junio de 2016. Esas directrices, una referencia para toda la industria, establecían que los fan films de 'Star Trek' no podían superar los 30 minutos en total, el título no podía incluir el nombre "Star Trek" y la producción debía ser no comercial.
Qué hace 'Secrets of the Lamp' para no cruzar esa línea. Los derechos de 'Piratas del Caribe' pertenecen a The Walt Disney Company, así que 'Secrets of the Lamp' y el estreno en plataformas será gratuito. Las recompensas de crowdfunding (posteres, pins, material de rodaje) son souvenirs de producción, no una venta de la película en sí. El proyecto no usa el logo oficial, no hay actores del reparto original en papeles principales y la película se presenta explícitamente como un fan film no oficial.
La clave es que ninguno de estos elementos amenaza a Disney. De hecho, la franquicia no tiene nuevas entregas desde 2017. Un fan film no comercial rodado en Hungría no le quita un solo espectador de pago. Al contrario, mantiene vivo el interés en la franquicia mientras no hay secuelas oficiales. Todos ganan, sobre todo Disney.
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