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'Ad Astra': una sencilla aventura espacial que logra un curioso equilibrio entre el intimismo y el cine de género
Ciencia Ficción

'Ad Astra': una sencilla aventura espacial que logra un curioso equilibrio entre el intimismo y el cine de género

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Vivimos una renovación del tema de los viajes espaciales como elementos argumentales de epopeyas de ciencia-ficción más o menos intimista, después de años en que solo habían sido excusas para sustentar cine de género (desde invasiones alienígenas a space operas post-'Star Wars'). Es una variante de la fantasía espacial que ha estado ahí desde que la ciencia-ficción dejó atrás la aventura de raiz pulp y se adentró en la introspección dramática, ya en los sesenta y con '2001: Una odisea en el espacio' como indiscutible obra maestra.

Tan obra maestra, de hecho, que la película de Kubrick sigue siendo una referencia ineludible en términos incluso estéticos (no digamos ya en cuestiones argumentales y de ritmo), algo asombroso teniendo en cuenta que se estrenó hace más de medio siglo. Pero la toman como indiscutible referencia, cada una en su estilo, todas las últimas películas de cosmonautas "realistas" (cojamos el término con pinzas: digamos que son aquellos que protagonizan aventuras más íntimas que expansivas, y que no suelen toparse en sus paseos por el cosmos con planetas artificiales de 160 kilómetros de diámetro que explotan en el vacío espacial).

'Ad Astra' tiene su propio estilo también, y aunque '2001' está, inevitable, muy presente en las imágenes del film, como también lo están éxitos de la ciencia-ficción espacial reciente como 'Interestellar' o 'First Man', hay que acudir al propio cine de su director, James Gray, para encontrar sus referentes más claros. Especialmente a la aventura -también notablemente intimista- 'Z. La ciudad perdida', donde un viaje imposible en busca de una críptica quimera no era más que una excusa para adentrarse en la necesidad del ser humano de olfatear qué hay detrás de lo absolutamente desconocido. Algo de este carácter también estaba en algunos rasgos de personajes de 'Two Lovers' o 'La noche es nuestra', aunque en términos más terráqueos.

'Ad Astra': Espíritu aventurero en atmósfera cero

La referencia a 'Z. La ciudad perdida' no es casual, porque cierto espíritu aventurero está muy claro en 'Ad Astra', y sale a frote desde el mismo arranque del film, cuando vemos a nuestro protagonista, Roy McBride (Brad Pitt), reparando una antena a centenares de kilómetros de altura. Un accidente que desencadenará la acción del resto de la película enfrenta al experimentado astronauta a una situación de pura película de acción, con una caída libre a la que sobrevive a duras penas.

McBride descubre que el accidente está relacionado con un viaje espacial que emprendió su padre (Tommy Lee Jones), un astronauta histórico y respetado, décadas atrás en busca de vida extraterrestre, y a quien todo el mundo daba por muerto. Parece que podría no ser así: su misión para la empresa cósmica SpaceCom consistirá en localizarlo en la órbita de Neptuno, averiguar qué ha descubierto en el misterioso Proyecto LIMA y, quizás, recuperar una relación con él que nunca llegó a madurar.

A partir de ese arranque de acción y tensión pura, la película alterna, como hacía 'Z', entre el intimismo y las peripecias aventureras sin perder del todo de vista el realismo, pero tampoco sin dejar de zambullirse a menudo en el más gozoso cine de género. Es el caso de una persecución a manos de unos piratas espaciales en la superficie de un planeta que parece salida de 'Mad Max', o un violento enfrentamiento con unos simios rabiosos en gravedad cero, puro escapismo para una peripecia que hace buen uso de su equilibrio entre la reflexión y el dislate.

Brad Pitt Just Chilling On This Giant Space Antenna In Ad Astra

De hecho, la indiscutible pericia visual de Gray (apoyado por la extraordinaria labor del director de fotografía, Hoyte Van Hoytema, colaborador habitual de Christopher Nolan y que ejerció la misma labor, muy significativamente, en 'Interestellar') parece encontrar más acomodo en este tipo de escenas que en las más intimistas. Pese a la belleza de los instantes más abstractos, de pura contemplación del vacío total -interior y exterior-, Gray se atasca en algunos momentos de torpeza expositiva. Esto lleva a que la agotadora y omnipresente voz en off de Brad Pitt subraye cosas que estamos viendo.

Según la película va desvelando su secreto (más un macguffin, una excusa para lanzar al protagonista al espacio que una auténtica revelación), queda claro que lo que interesa a Gray es el trayecto, repleto de momentos excitantes. Por ejemplo, la participación de Donald Sutherland (lo que convierte a la película en una pseudovariante de 'Space Cowboys') o Ruth Negga, pese a su valor real como meros jalones en el viaje para que el protagonista tenga alguien con quien hablar y de quién recibir información, brindan escenas memorables.

También es interesante el peculiarísimo sentido del humor de Gray, nada evidente, y que va desde una suave parodia de la mismísima '2001' a las referencias a la comercialización de los viajes espaciales, con estaciones que tienen restaurantes de comida rápida y precios desorbitados para los artículos de aseo. Gracias a esa suave ironía los personajes están definidos con precisión, con certeros diálogos en casos como los de los compañeros de viaje de McBride. Y el propio Pitt desliza algo de humor en una interpretación estupenda y que explota a la perfección los tics de fragilidad y de humanidad algo rota que lleva desarrollando en las últimas películas de su carrera.

'Ad Astra' no es, posiblemente, una película tan trascendente como ha hecho creer la reacción crítica desde Venecia, y como ella misma se vende (no hay más que ver los innecesarios absolutamente superficiales dilemas maritales de McBride). Sus mejores momentos son de puro escapismo cósmico, entre carreras con vehículos lunares, suspense en atmósfera cero y humor de un raro costumbrismo espacial. Las voces en off con pensamientos sobre lo divino y lo humano funcionarían si visualmente la película estuviera cargada con una densidad metafórica comparable, pero pese a su indiscutible belleza, no es el caso. Aún así, imprescindible para devotos de la carrera espacial.

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