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Es 2020 y el inmortal formato MP3 sigue siendo tan válido como cuando se creó
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Es 2020 y el inmortal formato MP3 sigue siendo tan válido como cuando se creó

Erlangen es una pequeña ciudad universitaria de Baviera, en Alemania. Sus 100.000 habitantes no tenían ni idea de que en diciembre de 1991 esa ciudad pasaría a la historia indirectamente como cuna del formato de audio MP3.

Todo se fraguó en el Fraunhofer Institute for Integrated Circuits, un organismo que logró desarrollar un eficiente códec que permitía algo asombroso: comprimir los ficheros de audio desechando información poco útil. Aquel formato provocó una revolución absoluta en el mundo de la música, y su impacto es patente hoy en día. Tanto, de hecho, que ninguna alternativa posterior ha logrado arrebatar al MP3 su posición de privilegio.

¡Eureka!

Como señalan sus propios creadores, todo empezó en 1987 con el intento de desarrollar un nuevo códec para la codificación en tiempo real de música estéreo.

El proyecto EUREKA para el Digital Audio Broadcasting había intentado plantear una alternativa de futuro, y los ingenieros del Fraunhofer IIS se pusieron manos a la obra.

De aquel primer esfuerzo salió en 1988 el algoritmo llamado OCF (Optimum Coding in the Frequency domain), que acabaría siendo crucial para el posterior desarrollo del códec MP3 y que se refinó para acabar llamándose ASPEC (Adaptive Spectral Perceptual Entropy Coding). Una canción tuvo mucho que ver en ese desarrollo: 'Tom's Diner', de Suzanne Vega.

Un año después el Moving Picture Expert Group (MPEG) quiso desarrollar un nuevo estándar de audio, y tras recibir varias propuestas se crearon tres técnicas de codificación. La capa 1 y la capa 2 cayeron básicamente en el olvido pero la capa 3 (Layer 3) se basó en ASPEC y acabó convirtiéndose en una verdadera revolución en la industria.

La especificación del estándar MPEG-1 se completó en diciembre de 1991, y precisamente parte de ella era MPEG-1 Layer 3, conocido popularmente como MP3. Aquel códec dirigido a comprimir audio con pérdida (pero sin que perceptualmente esa pérdida fuera notable) pronto demostró de lo que era capaz.

Winamp, Napster y las revoluciones

Aquello no pareció tener tanta relevancia hasta que alguien se dio cuenta de que el códec podía usarse para convertir ficheros de audio -y por supuesto, canciones- al formato MP3 con un considerable ahorro de espacio. Eso era crucial a la hora de transmitir esos ficheros a través de internet, sobre todo en una época en la que los módems de 28,8 Kbps eran la norma.

El formato de compresión de audio MP3 comenzó a ganar relevancia poco a poco cuando más y más usuarios se fueron dando cuenta de su potencial a la hora de servir para compartir música a través de internet. En 1995 Karlheinz Brandenburg, director de tecnologías del Fraunhofer IIS y considerado como el padre del MP3, usó por primera vez la extensión .mp3 (antes se usó la extensión .bit) para ficheros que guardaba en su ordenador.

Un año antes se había publicado el primer codificador para crear ficheros MP3, llamado l3enc, y tras darse cuenta de su éxito se creó el primer reproductor software de ficheros MP3, llamado WinPlay3, con el que se podían tanto codificar como reproducir estos ficheros. De repente los discos duros de los PCs -que rondaban los 500-1000 MB en aquella época- podían almacenar cientos de canciones, algo absolutamente impensable dado que extraer las canciones de un CD multplicaba por 10 el espacio necesario en disco respecto al que necesitaban esos mismos ficheros en formato MP3.

La segunda mitad de los 90 fue crucial para el impulso del formato. A ello contribuyó de forma decisiva el lanzamiento de Winamp, el reproductor de Nullsoft que todos los usuarios de la época acabaron teniendo en sus PCs. Poco después llegarían los primeros reproductores portátiles, como el MPMan de 1998 y por supuesto los reproductores de Rio, como el PMP300 o el Rio 500.

El Walkman y el Discman peligraban ante un formato imparable que siguió ganando terreno con su éxito en internet. En 1997 el sitio web mp3.com ya ofrecía miles de canciones creadas por artistas independientes y que se distribuian gratuitamente.

En 1999 llegaría el fenómeno Napster y con él el primer gran éxito de las redes P2P que permitían compartir canciones (y otros muchos contenidos) a través de internet. Napster acabó siendo cerrado poco después tras el contraataque de la industria de la música, pero muchos otros (AudioGalaxy, por ejemplo) cogieron el testigo.

Songs

El éxito de Napster comenzó a modelar el futuro de la distribución musical, que aprendió la lección con el auge de las descargas digitales en las que Apple tuvo mucho que decir con iTunes y aquellos iPod que, por supuesto, tenían como pilar fundamental el soporte de ficheros MP3 que ya se había convertido en el estándar de facto para poder presumir de aquel famoso eslógan (1.000 canciones en tu bolsillo, sí, pero 1.000 canciones en formato MP3) con el que nació este reproductor.

A partir de ahí el formato MP3 solo hizo una cosa: crecer.

Solo AAC ha logrado ganar terreno gracias al streaming

El cambio del modelo de la industria musical fue patente: de vender CDs y vinilos pasaron a vender descargas, pero la aparición de los servicios de streaming de audio volvieron a cambiar el panorama.

Codecs Fuente: SoundGuys.

Fue entonces cuando el formato AAC -en cuyo desarrollo participó el Fraunhofer IIS, y en el que se aplicaron las mismas ideas y principios que el MP3, pero aún más refinadas- comenzó a ganar más y más relevancia.

De hecho, hoy en día la mayoría de servicios de streaming hacen uso de AAC, algo que por ejemplo explicaban en SoundGuys, donde hacían una comparación de los diversos servicios de streaming y sus calidades de audio. El uso de AAC es mayoritario, aunque hay algunos servicios que siguen usando MP3 y hay una mención especial a Ogg Vorbis, un códec muy relevante por su uso masivo en Spotify.

Ese uso del AAC es desde luego notable gracias a estos servicios, pero eso no ha hecho desaparecer el formato MP3. De hecho prácticamente ninguna de las alternativas que ha aparecido desde su creación ha logrado robarle su relevancia.

Los formatos sin pérdida o sin compresión como FLAC, WAV o WMA son estupendos para audiófilos, y lo curioso es que ya no tenemos problemas con la transmisión de grandes ficheros y su almacenamiento -las canciones ocupan mucho más en estos formatos-. Aún así la mayoría de usuarios prefieren los formatos con compresión (lossy) que permiten ahorrar espacio sin que se pierda "demasiada" calidad.

Es importante poner ahí unas comillas muy grandes porque cada usuario es un mundo y hay muchos factores que afectan a la percepción de esa calidad, y entre ellas está el célebre bitrate al que las comprimimos y que permite que las canciones desechen más o menos información y se codifiquen de forma más o menos ambiciosa.

Con todo y con eso, han pasado (más de) 25 años y el formato MP3 sigue más vivo que nunca: nuestros smartphones y nuestros reproductores portátiles dan fe de ello, y aun con el éxito de AAC y la existencia de formatos lossless de mayor calidad, parece que tenemos MP3 para rato.

Quién lo hubiera dicho en 1995, ¿eh?

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