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Necesito un internet que no me haga sentir que me pierdo algo importante si estoy cinco minutos sin mirarlo

Necesito un internet que no me haga sentir que me pierdo algo importante si estoy cinco minutos sin mirarlo
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David Summers y los Hombres G cantaban hace un porrón -homenaje a los xatakeros maduritos- aquello de que "hoy me he levantado dando un salto mortal", pero hoy la letra de esa canción probablemente sería distinta. Quizás el grupo tendría que adaptarla y cambiarla por algo tipo "hoy me he levantado con el móvil en la cara". Que es básicamente una realidad para la mayoría de los usuarios de dispositivos móviles.

Porque todos esos usuarios se han pasado (nos hemos pasado) horas sin mirar el móvil, y claro, lo hemos pagado caro. Nos hemos perdido cientos de tuits interesantes, decenas de enlaces de artículos que no querríamos habernos perdido, o puñados de comentarios en nuestra cuenta de Facebook sobre los temas candentes en nuestro flujo de noticias. Así que nos ponemos a hacer un repaso rápido, pero siempre insuficiente e instaisfactorio, de toda esa actividad frenética que nos hemos perdido. Somos víctimas de Internet.

El síndrome FOMO existe

Ese síndrome (empezamos mal si esto ya tiene la categoría de síndrome) que hace que no queramos perdernos nada de lo que pasa en esas redes sociales y servicios a los que nos pasamos la vida conectados tiene un nombre: FOMO (Fear Of Missing Out, Miedo A Perderse Algo). Y es un síndrome real y preocupante.

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Ya en julio de 2013 la empresa MyLife.com publicaba un informe que analizaba precisamente la "adicción" a las redes sociales de una serie de encuestados. Las conclusiones fueron apabullantes: el 56% de esos usuarios temían perderse eventos, noticias o actualizaciones si en algún momento perdían esa conexión a Internet en sus dispositivos móviles. El 26% de esos adictos -otra palabra dedicada, pero que creo que se puede usar sin tapujos- cambiarían el poder fumarse un cigarro o ver un reality show en la tele -otras dos peligrosas adicciones- por poder conectarse a sus redes sociales para tratar de evitar perderse nada de lo que ocurre en ellas.

De hecho, el 27% de los usuarios encuestados en aquel estudio hubieran hecho honor a esa remasterización del clásico de los Hombres G. Se levantan literalmente con el móvil pegado a la cara, porque lo primero que hacen (¿que hacemos? ¿que haces?) al despertarse es echarle un vistazo a todo lo que ha ocurrido mientras ellos descansaban.

Los móviles como agravantes

El problema ya existía antes del auge de los dispositivos móviles, pero se ha agravado tanto por el impacto de los smartphones como por la popularización de las redes sociales y, por supuesto, las aplicaciones de mensajería instantánea, que permiten que estemos en contacto con todo el mundo en cualquier momento y en cualquier lugar.

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De hecho, otro estudio de diciembre de 2012 realizado por la operadora canadiense Rogers hacía mención a otro problema reciente asociado con este tipo de usos de móviles e Internet. Se trata de la nomofobia, que se define como el miedo o angustia de las personas al dejarse su teléfono móvil en casa o en la oficina.

En dicha encuesta el 65% de los usuarios declaraba que se sentían "desnudos sin su smartphone o sin acceso a Internet", una declaración que confirmaba datos mucho más cercanos en nuestro país. El Centro de Estudios Especializados en Trastornos de Ansiedad (CEETA) ya indicaba en mayo de 2012 que el 53% de usuarios móviles en nuestro país sentían ansiedad “al perder su teléfono móvil, al quedarse sin batería o sin saldo, o cuando no tienen cobertura”.

Nos pasamos el día sacando el móvil para echarle un vistazo a ver si ha llegado alguna notificación. Probablemente muchos hayáis oído o leído algo sobre esa leyenda urbana según la cual consultamos el smartphone 150 veces al día, un dato totalmente falso que se hizo viral y que está basado en una estimación sin fundamento alguno. Y sin embargo, puede que algunos usuarios sí anden en esa media, que es una consecuencia más de ese miedo a perdernos algo en Internet.

El problema somos nosotros, no Internet

Este tipo de problemas y adicciones son consecuencia directa de la popularización de Internet y de la democratización de la información. La avalancha de datos de todo tipo que pueden llegar hasta nosotros es ahora mayor que nunca, pero eso se acentúa cuando como decimos los móviles sirven como vehículos que son capaces de canalizar toda esa información y hacer que interactuemos con ella.

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Hay esfuerzos patentes por tratar de que nuestro uso de Internet sea más sosegado. En el mundo de las redes sociales y los medios de comunicación existen agregadores que nos permiten no ir saltando de sitio en sitio para conocer lo mejor o más importante de la actualidad diaria. Muchos se han convertido en referencia: en tecnología tenemos ejemplos claros como TechMeme, mientras que en temas generales cabría destacar en nuestro idioma ese referente que es Menéame -y que veremos cómo reacciona ante la aprobación de la nueva Ley de Propiedad Intelectual-, pero esa agregación, aunque útil, no siempre cubre todas las necesidades.

Ahí es donde entran iniciativas como This. (sí, con punto al final), una nueva red de información en la que los usuarios sólo pueden compartir un enlace al día y que precisamente está dirigida a ponerle límites al problema. Como indicaba Andew Golis, su creador:

This. es un intento de sacar algo de las rebeliones contra El Flujo que se están produciendo por todas partes. Nos encanta recibir recomendaciones de contenido de gente en la que confiamos, pero no podemos seguir el ritmo, nos sentimos distraídos continuamente, y somos cada vez más conscientes de cómo de estrecho ese "el ahora" es una definición principal del valor. La vuelta a lo retro de las newsletters, el éxito de las comunidades de nicho #longform, la tendencia a ese periodismo explicativo, de datos, la aparición de medios como Clickhole: todo son reacciones a nuestra frustración con El Flujo. This. es un intento de construir una plataforma en la que la influencia proviene del gusto, en lugar de provenir del volumen puro (tanto en cantidad como en su fuerza).

El experimento -en fase de beta cerrada por el momento- es curioso, y puede que sea un intento interesante de ayudarnos a realizar un recorrido más coherente de esos contenidos en Internet que nos pueden utilizar. La pregunta que uno se plantea -yo lo hago- es si no acabaremos usando This. de forma proporcional a como usamos Twitter: allí tengo 60 personas o medios a las que sigo que comparten de media, pongamos, 600 o 700 enlaces al día. Si me siento relativamente cómodo con esa cantidad de datos en mi flujo en Twitter, ¿no acabaré siguiendo a 600 o 700 personas en This. para obtener todos esos enlaces recomendados de calidad?

La alternativa seguirá siendo probablemente la de seguir combinando varios servicios (Reddit, Digg, Slashdot) para luego acabar en muchos casos confiando en unas redes sociales que precisamente son la fuente de muchos de estos males. Si no hemos filtrado quién y qué entra en esos flujos de noticias, nos veremos superados por ellos. Yo mismo sufro las consecuencias en mi cuenta en Twitter, y eso que solo sigo a 60 personas o medios: no puedo ni imaginar lo que es para alguien tratar de seguir en su cuenta en Twitter a 400, 500, o 4.000 personas y medios, como ocurre en muchos de los perfiles que me encuentro en el día a día. El vídeo viral que seguramente ya habéis visto describía esa situación:

Y lo que es una realidad en Twitter lo es incluso más en Facebook, donde esa interacción social es mucho más patente. Es imposible tratar de no perderse nada, y lo ideal es tratar de desintoxicarse: recortar el uso del móvil, reorganizar nuestro uso de redes sociales, filtrar qué personas y medios son realmente interesantes o queremos seguir en esos canales, y afrontar que inevitablemente pasaremos un mal rato -al principio- al dejar de depender tanto de esos canales de comunicación. Marina Dolgopol, directora del CEETA en nuestro país, ya daba algunos consejos para lograr superar estos problemas:

La clave es aprender a controlarse, desprenderse del móvil de forma gradual, afrontar de forma aislada las sensaciones y pensamientos negativos derivados de este padecimiento como pueden ser las crisis de pánico.

El problema, desde luego, somos nosotros, que puede que jamás hayamos estado más solos en esta era en la que los móviles se supone que nos tienen hiper-conectados. Quizás deberíamos tratar de sustituir el síndrome FOMO por otro mucho más recomendable, que algunos han dado en llamar JOMO (Joy of Missing Out, Felicidad por Perderse Algo). Quizás así pudiéramos volver a levantarnos de la cama dando un salto mortal. Sin el móvil pegado a la cara, claro.

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