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Galileo: la odisea del sistema europeo cinco veces más preciso que GPS... si funciona

Galileo: la odisea del sistema europeo cinco veces más preciso que GPS... si funciona
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A día de hoy existen dos grandes sistemas globales de navegación por satélite, GPS y GLONASS. Dos tecnologías que usamos a diario y desde la irrupción de los smartphones cada vez más. Un binomio que funciona bien pero donde hay tecnologías que nos lleva prometiendo desde hace más de seis años mejoras sustanciales, como por ejemplo Galileo.

Si todo hubiera salido bien, podríamos estar celebrando que el sistema de navegación Galileo lleva ya seis años funcionando. Sin embargo, un montón de retrasos y problemas técnicos no han parado en todo este tiempo de poner en entredicho la fiabilidad de este proyecto. Sin embargo, parece que 2014 podrá ser finalmente su año. Ya lo veremos.

¿Qué es Galileo?

Galileo es un proyecto de navegación por satélites financiado y desarrollado entre la Unión Europea y la Agencia Espacial Europea (ESA) con el objetivo de tener un sistema de posicionamiento de alta precisión propio. No solo vamos a lanzar sondas que orbiten alrededor de cometas. Desde los inicios del proyecto se nos vendió que la tecnología que se iba a poner en el espacio iba a ser mucho mejor que la que utilizaban GPS y GLONASS, aunque de eso hablaremos más tarde porque las diferencias van más allá de lo tecnológico.

En 2002 el proyecto estuvo a punto de desaparecer, con presiones de EEUU que buscaban mantener el control de los sistemas de posicionamiento por satélite dentro del ámbito militar

Todo comenzó en 1999 cuando varios países de la Unión Europea se sentaron sobre la mesa para traer cada uno su visión de cómo debería ser un sistema de navegación por satélites. Se pusieron todas las ideas y se ideó un nuevo proyecto entre todos para en 2003 crear el primer programa oficial de Galileo. Tardaron cuatro años, pero en ese lapso de tiempo el proyecto tuvo que afrontar muchos obstáculos y problemas.

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Como ya sabéis, los ataques del 11 de Septiembre del 2001 supusieron un cambio muy grande en todo el mundo y por supuesto lo militar no fue una excepción. A raíz de los atentados terroristas, el gobierno de los Estados Unidos se apresuró a hablar con la Unión Europea para que cancelaran el proyecto ya que ellos perderían la posibilidad de desactivar todos los satélites para uso civil y centrarlos en uso militar. De hecho, en 2002 uno de los portavoces de Galileo reconoció que el proyecto estaba a punto de desaparecer.

A todo esto hay que sumarle una mala gestión económica del proyecto donde la financiación no se hizo correctamente y el dinero tardó en llegar a su destino. Lo que empezó presupuestado como 1.100 millones de euros (desde sus inicio hasta 2005) ha terminado superando la barrera de los 3.000 millones con todas las instalaciones en tierra, la red de satélites completa, etc. A pesar de todo ésto, el proyecto salió a delante tras la fase de definición.

Posteriormente, a finales de 2005, se lanzó el Giove-A (Galileo in-orbit validation element) como satélite de pruebas. Un año más tarde intentaron lanzar el Giove-B pero por problemas técnicos se tuvo que retrasar un par de años. Tras estas pruebas, en 2011 se pusieron en marcha los dos primeros satélites del programa, un año más tarde se lanzaron dos más por lo que con cuatro ya se podía realizar una constelación operativa.

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Sin embargo, no fue hasta 2013 cuando se hicieron las primeras pruebas para localizar puntos con esta red de satélites. A día de hoy hay cuatro satélites funcionando y el objetivo es lanzar otros 28 de aquí a el año 2019. En teoría todo tendría que haber estado listo para el 2015 pero la cosa se ha ido retrasando notablemente.

Dejemos de lado la historia y volvemos a la tecnología que hay detrás de este proyecto. Galileo es una red de 30 satélites que orbitarán, si todo sale bien, alrededor de la tierra con el objetivo de dar uso civil, es decir será gratuito y de libre acceso. Eso sí, habrá un modelo de pago con fines comerciales para obtener datos de forma mucho más precisa.

¿En qué se diferencia de GPS y GLONASS?

Como explicábamos al principio, a día de hoy hay dos grandes sistemas de navegación por satélite que controlan este sector. Por un lado tenemos GPS, la malla de satélites estadounidense y que todo el mundo reconoce y asocia a la tecnología de localización. Después tenemos GLONASS de desarrollo ruso. En tercer lugar, y con menos protagonismo, tenemos a Beidou, una doble constelación de satélites chinos que lleva ya catorce años en funcionamiento.

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Tanto GPS como GLONASS son dos sistemas de satélites que llevan mucho tiempo sobre nosotros. Ambos empezaron su andadura en los ochenta para a mediados de los noventa completar la red que orbita alrededor de la tierra. Desde entonces ha pasado mucho tiempo y ya sabéis que el ritmo de innovación y desarrollo en el mundo de la tecnología a veces es frenético.

Si hubiera que destacar solo una diferencia entre Galileo y GPS o GLONASS la respuesta es clara: la precisión. La Unión Europea y la Agencia Espacial Europea han recalcado en varias ocasiones que el margen de error a la hora de localizar un punto es de un metro. Además, quiere ofrecer mejor posicionamiento tanto en medidas horizontales como verticales y funcionar mejor en latitudes altas.

Galileo también se diferencia en cómo orbitan alrededor de la tierra pues su trayectoria está ligeramente inclinada hacia los polos para dar información sobre estas regiones. Aquí tanto GLONASS como GPS no son capaces de llegar con tanta precisión. Antes hemos comentado otro punto importante de Galileo, su utilización para uso civil.

Una gran diferencia entre el sistema GPS/Glonass y Galileo es que el sistema europeo no tiene raíces ni pretensiones militares

Tanto GPS como GLONASS se utilizan de forma compartida para usos militares como comerciales. Esto significa que un día Estados Unidos o Rusia pueden desactivar sus redes para utilizarlas en su propio beneficio para operaciones militares. En resumen: una relación de dependencia un poco complicada, razón por la que Galileo se postula como una alternativa muy interesante.

El servicio de esta red será constante y salvo en situaciones extremas no se desactivará para otros fines. Este tema es fundamental porque, como veremos más adelante, el uso que se quiere dar a esta red de satélites va más allá de saber nuestra posición en Google Maps o en cualquier otro servicio de geolocalización en el móvil. Veamos qué uso se le quiere dar.

¿Para qué se quiere utilizar Galileo?

Al ser un satélite destinado al uso civil sin interrupciones, su utilización para aplicaciones de seguridad en el mundo de los automóviles, el tráfico aéreo o las redes ferroviarias es crucial. De hecho, se pretende que para todo lo relacionado con aviación civil se utilice en conjunto con EGNOS, una red que originalmente fue creada también por la Agencia Europea Espacial para servir de apoyo a GPS y GLONASS en territorio europeo.

Oficialmente, Galileo tiene cinco funciones. Por un lado servir como sistema de navegación abierta para que cualquier persona pueda utilizar siempre y cuando tenga el instrumental necesario. Suena muy técnico pero mira en tu bolsillo o encima de la mesa: sí, con tu smartphones podrás utilizar esta red de satélites, cuando esté funcionando.

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Luego tenemos todo lo relacionado con la navegación comercial. La ESA dice que el nivel de precisión será de centímetros y, como hemos mencionado antes, habrá que pagar para obtener este nivel de precisión. Estas comunicaciones se realizarán de forma cifrada. Del mismo modo, Galileo también servirá para la navegación pública regulada, algo que utilizarán las agencias de los gobiernos mayormente. Es el único uso que siempre estará en funcionamiento si se desactivan los otros sistemas.

Por último tenemos todo lo relacionado con rescate, búsqueda y seguridad. Aquí la precisión de Galileo resulta fundamental y es capaz de marcar la diferencia frente a GPS y GLONASS. Además de estos cinco fines también habrá usos secundarios pero de momento la Unión Europa y la Agencia Especial Europea los han detallado.

¿Por qué está tardando tanto en funcionar?

Como hemos visto anteriormente, casi todos los problemas de Galileo vienen por el plano político y no tanto por el tecnológico. Lo que empezó como un acuerdo con buenas intenciones se ha ido complicando debido a los intereses de cada país y a hechos tan importantes como el 11S. El plano económico ha tenido también un papel importante porque el proyecto se ha ido inflando con el paso de los años.

Hay que tener en cuenta que Galileo empezó como un acuerdo de participación entre empresas privadas y el sector público. Sin embargo, en 2006 esa unión se rompió y se nacionalizó el proyecto. Esto se tradujo un año más tarde en tensiones por ver cómo se iba a financiar y a sacar adelante. Una papeleta difícil ya que justo en 2007 fue cuando la economía empezó a caer.

Se empezaron a mover partidas presupuestarias para alimentar a Galileo (agricultura y administración mayormente) además de buscar nuevos socios. Aunque es un proyecto europeo, países como Marruecos y Corea del Sur participan también de forma activa. Está claro que aunque se quieran mantener la identidad del viejo continente a falta de dinero hay que buscar socios más allá de nuestras fronteras.

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Creo que hablando de dinero y de la nacionalización de un proyecto es justo preguntar ¿cuánto dinero nos ha costado? No hay cifras oficiales pero hay dos estimaciones. Por un lado Open Europe, un think tank local, cree que desde el inicio del proyecto hasta 2015 se habrán usado 22.200 millones de los contribuyentes. Otras estimaciones más moderadas abogan a que de los 7.700 millones totales del proyecto, se han cogido 2.000 millones de las arcas o no. Veremos cuando se dé por finalizado Galileo si la Unión Europea aporta más información.

A toda esta tensión económica y política hay que sumarle un cable que se filtró en su día a raíz de Wikileaks. Berry Smutny, CEO de una compañía de satélites alemana llamada OHB-System, tachó el proyecto de inútil y al servicio de los intereses políticos de Francia. Polémica no ha faltado alrededor de este proyecto a pesar de los muchos avances que nos puede traer. Veremos si finalmente de aquí a 2019 tendremos los 30 satélites funcionando y suponiendo, por fin, una opción más a GPS y GLONASS.

Europa, tenemos un problema

A lo largo del artículo hemos visto que, pese a las dificultades económicas y políticas, el proyecto parecía más o menos enderezado y con vistas a que finalice antes de concluir la actual década. Sin embargo, los dos satélites que se han lanzado este año han sufrido un problema bastante grave que parece no va a tener una fácil solución.

Tanto Doresa (Galileo FOC-FM1) y Milena (Galileo FOC-FM2) están en la órbita equivocada debido a un fallo en la etapa superior del cohete lanzador. ¿Qué significa esto? Que volver a ponerlos en órbita no va a ser fácil ni tampoco económico. Queda por ver si se decide usar el combustible para recolocarlos o bien dejarlos como lanzamientos fallidos.

Galileo satélite apoyo

La diferencia es sutil. Tanto Doresa como Milena tendrían que estar orbitando a 29.000 kilómetros con una inclinación respecto al ecuador de 55 grados. Sin embargo, actualmente lo están haciendo a 26.200 kilómetros y 49,8 grados. En principio hay combustible suficiente para ponerlo en su lugar pero quedará muy poco para mantenerlo donde debe orbitar. Una decisión complicada en la que todo apunta a que se darán por perdidos y se lanzará una nueva pareja.

Como curiosidad decir que los seis satélites que hay en órbita se han lanzado siempre con el mismo tipo cohete: un Soyuz 2-1b Fregat-MT. Tras estos lanzamientos, ESA ha comunicado que será Arianespace quien se encargue de lanzar los próximos doce satélites, veremos si con ellos hay menos incidentes.

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