La última apuesta del transporte marítimo en su lucha para ser sostenible pasa por... volver a los veleros

La última apuesta del transporte marítimo en su lucha para ser sostenible pasa por... volver a los veleros
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En la industria de la moda hay una máxima, revalidada por los pantalones de campana y las camisas de piñas, que asegura que toda tendencia acaba volviendo con el paso de los años. La fuerza de la nostalgia, ya se sabe. Pero… ¿Y si pasase algo parecido en el sector del transporte? Y no por una cuestión de morriña trasnochada o añoranza, sino por puro y duro pragmatismo comercial.

Quizás suene raro, pero el transporte marítimo deja un ejemplo tan sorprendente como digno de estudio. Hay negocios que, cuando les toca decidir cómo mover sus mercancías por alta mar, prescinden de los gigantescos buques portacontenedores para optar por veleros de carga.

No son la mayoría, por supuesto, aunque sí señalan una tendencia interesante.

Café William es uno de los negocios que ha decidido dar el salto y pasarse a un modelo de transporte no muy distinto al que ya usaban los fenicios. Razones, como explica a Business Insider, tiene para hacerlo. Hasta hace no mucho la firma, especializada en café de comercio justo, pagaba entre 7 y 10 centavos para transportar una libra de granos —alrededor de 0,4 kg— a bordo de un portacontenedores; pero el alza de los carburantes hizo que esa factura se disparase.

Cuestión de cuentas... y CO2

“De repente el mundo se vuelve loco y el precio del envío por contenedor se quintuplica durante un buen período”, lamenta el responsable de la compañía, Serge Picard: “está volviendo a bajar poco a poco, pero en realidad es más caro y tarda más en enviarse por contenedor”. Ahora el empresario se plantea usar veleros de carga en 2023 para mover su grano desde Sudamérica a Nueva Jersey.

El alza en el precio del carburante no sería la única razón para apostar por el nuevo (viejo) modelo. Picard asegura que los veleros han logrado esquivar los retrasos en los puertos, un problema que ocasionó importantes quebraderos de cabeza a más de un empresario a finales de 2021.

Café William no es la única compañía que ha decidido mover su mercancía valiéndose de la fuerza del viento. TransOceanic Wind Transport (TOWT), compañía gala dedicada al transporte marítimo que está construyendo un velero con capacidad para 1.100 toneladas de mercancía y prevé tener su primer barco de clase Fenix ya en 2023, detalla en su web otra media docena de empresas que se han asociado con ella o directamente se han comprometido a usar sus servicios para mover parte de sus cargamentos. En el listado se incluyen proveedores de café, chocolate, vino o champagne.

TOWT tampoco opera en solitario. Otras firmas, como Shipped by Sail, Grain de Sail o SailCargo, han visto las posibilidades del transporte marítimo impulsado por el viento y se están preparando ya para la demanda. A lo largo de este año la gala Grain de Sail ha encargado una nueva embarcación e impulsado un servicio de logística marina y SailCargo ha apostado con fuerza con dos cargueros impulsados por viento: el Vega, una goleta de tres mástiles, y Ceiba, un carguero híbrido.

Ceiba

Los veleros actuales, eso sí, poco tienen que ver con los que usaban los comerciantes de hace siglos. "Una nave de la Línea Ceiba puede disponer de motores auxiliares alimentados por baterías eléctricas, celdas de hidrógeno o biocombustible de algas. Para nuestro buque insignia, se utilizarán baterías eléctricas. Usando las hélices duales como turbinas submarinas, Ceiba será capaz de regenerar energía cuando se mueva a vela", explican desde la compañía.

En cuanto al Grain de Sail 2, ofrecerá una capacidad de carga útil de alrededor de 350 toneladas, con espacio para hasta 238 palés y un amplio espacio reservado para carga líquida. Alcanzará los 1.170 m2 de velas, una eslora de 52 m y 10,7 de manga. Su velocidad máxima: 12-13 nudos.

¿Son sus tarifas más económicos que los de los portacontenedores convencionales? SailCargo reconoce que cuando el coste del combustible vuelva a la normalidad los servicios de Ceiba serán “un poco más caros que las formas de envío más baratas”, lo que se traduciría en 0,7 dólares extra por cada kilo de café transportado entre Costa Rica y la Columbia Británica. Otro hándicap es el de la velocidad: Ceiba avanzará a un máximo de 14 nudos, por debajo de un portacontenedores, si bien tampoco es raro que estos rebajen su marcha precisamente para ahorrar combustible.

Servicio como los de SailCargo o TOWT ofrecen no obstante un valor añadido clave: mejoran la huella medioambiental de la mercancía, cuestión nada menor cuando se quiere poner en valor ese plus ante el cliente final. El impacto del transporte en el medioambiente tiene un alcance comercial tan importante, de hecho, que las navieras tradicionales se han puesto ya a buscar formas de reducir sus emisiones. Sobre la mesa hay incluso alguna opción que apuesta por la fuerza del viento.

Si coste y rapidez son importantes no lo es menos, sobre todo en determinados mercados, garantizar la trazabilidad del producto, demostrar que ha tenido un impacto medioambiental mínino.

A base de esfuerzo e innovaciones las firmas cafeteras han logrado reducir su huella de CO2 en las plantaciones, pero les queda aún el reto del transporte, sobre todo cuando mueven su mercancía con enormes portacontenedores. Ese es su talón de Aquiles. Y ahí es precisamente hacia donde apuntan las nuevas firmas y la vela de carga. TOWT calcula que a partir de 2023 sus buques le permitirán ahorrar varios miles de toneladas de CO2 anuales solo en el tráfico desde y hacia Le Havre.

Al fin y al cabo, desliza Bloomberg, todo se limita a si el cliente estará dispuesto a pagar más por un producto que repercute en su precio el coste extra de un transporte libre de emisiones de CO2.

Imágenes | Shipped By Sail y SailCargo

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