Nuestro cuerpo no hace más que ponernos la zancadilla en los intentos por combatir el cáncer

Nuestro cuerpo no hace más que ponernos la zancadilla en los intentos por combatir el cáncer
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Millones de años de evolución han creado un sistema inmune tremendamente eficaz a la hora de mantenernos a salvo de multitud de amenazas. Pero a veces tener unas defensas tan avanzadas juega en nuestra contra. Las alergias son el ejemplo más evidente de esto, pero puede que no sea la única contrapartida: las barreras que protegen nuestro cerebro también protegen los cánceres que aparecen ene él.

La barrera hematoencefálica. Con el fin de proteger nuestro órgano más importante de bacterias y otros agentes peligrosos, contamos con una red de vasos sanguíneos y tejido que actúan como filtro o barrera, la barrera hematoencefálica. Este filtro permite el paso de agua, oxígeno y otras sustancias mientras que mantiene fuera de nuestro encéfalo otras.

Los oncólogos tienen que enfrentarse a un problema derivado del exceso de celo de esta barrera: algunos tratamientos no son capaces de traspasar esta barrera. Así, tratamientos perfectamente útiles para la lucha contra el cáncer en el resto del cuerpo son totalmente ineficaces contra los tumores en nuestro cerebro.

Sorteando las dificultades. Encontrar formas de esquivar esta barrera está entre las prioridades de muchos oncólogos, entre ellos un equipo del Vall d'Hebron Instituto de Oncología (VHIO). En un trabajo publicado recientemente en la revista Cancer Research, un grupo de investigadores encabezados por científicos del VHIO ha hallado una forma de superar esta barrera.

Se trata de un compuesto denominado C1a, un inhibidor del gen BRAF. BRAF (B-Raf proto-oncogene) es un gen relacionado con la transmisión de información entre el exterior y el núcleo de una célula, pero también con su replicación. Una mutación de este gen está vinculada con una cantidad importante de casos de melanoma.

Los inhibidores de BRAF juegan un papel clave en el tratamiento de este tipo de cánceres junto a los inhibidores de MEK (otro gen también vinculado con el crecimiento y la división de las células). Un nuevo tratamiento basado en estos inhibidores podría ayudar también a pacientes cuyo cáncer aún no ha alcanzado al cerebro puesto que este tipo de terapias generan cierta resistencia tras un uso prolongado.

Combatir la resistencia. Por eso parte del trabajo del equipo ha sido el de estudiar mejor los mecanismos de esta resistencia para demorarla lo más posible a través de tratamientos combinados. “Esta comprensión ayudará a identificar biomarcadores robustos de la respuesta y en última instancia guiar la estratificación de los pacientes en los ensayos clínicos”, explicaba Ester Bonfill-Teixidor, una de las autoras principales del estudio.

Lucha contra el melanoma. El melanoma es el más mortífero de los cánceres de piel en número de casos fatales, 57.000 en 2020, y su incidencia se encuentra al alza. Tan solo en España el melanoma afecta a 9,7 de cada 100.000 personas, 4.000 casos al año.

Entre un 7 y un 20% de los casos de melanoma desarrollan metástasis en el cerebro, pudiendo alcanzar el 70% en estados más tardíos de la enfermedad.

Más barreras. Es poco frecuente que los cánceres comiencen en el cerebro pero son muchos los tumores que se desarrollan en él tras una metástasis. En cualquiera de los casos, las distintas barreras que los oncólogos deben atravesar para lograr erradicar esta enfermedad son numerosas.

La barrera hematoencefálica no es el único ejemplo en el que el exceso de celo de nuestro cuerpo protegiendo a nuestro cerebro implica problemas a la hora de tratar el cáncer. El cráneo supone una nueva barrera física. El cráneo limita el acceso a nuestro cerebro, lo que complica cualquier opción quirúrgica, incluida la posibilidad de tomar muestras del tumor.

El cerebro presenta también una barrera, ésta más metafórica, a la hora de intervenir en un cáncer, y es que su forma característicamente enmarañada parece marcar la dirección a los tumores, que no crecen en este órgano de igual manera que en el resto.

El camino por recorrer. Por ahora el tratamiento está en fases tempranas de su desarrollo. Para que este avance se traduzca en in tratamiento aprobado para la lucha contra el cáncer aún queda tiempo de pruebas para cerciorarse de la efectividad y eficiencia de éste. Los ensayos clínicos hasta la aprobación de un tratamiento incluyen tres fases de ensayos clínicos en los que se estudia si es seguro y eficaz y cómo se compara con otros tratamientos (incluido placebo).

Imagen | Alina Grubnyak

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