Llevamos años buscando qué es lo que nos hizo humanos. Al fin hemos encontrado la respuesta

Llevamos años buscando qué es lo que nos hizo humanos. Al fin hemos encontrado la respuesta
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No hay tantas diferencias entre el cerebro de los neandertales y los de los seres humanos modernos. Al menos, eso es lo que creemos. Porque es cierto que, día de hoy, no podemos reconstruir exactamente la forma, la función o la organización de las capas corticales del cerebro neandertal; pero si examinamos minuciosamente los fósiles nos damos cuenta de que estamos a la vez muy cerca y muy lejos. ¿Qué es exactamente lo que nos hizo humanos, lo que nos trajo hasta aquí?

Buceando en el genoma para entender la Historia. Esa misma pregunta se hicieron Svante Pääbo y Wieland Huttner, dos científicos de muchísimo prestigio en sus respectivos campos. El primero fue pionero en el estudio y secuenciación de los genomas ancestrales humanos (y, muy especialmente, en el neandertal); el segundo también fue pionero, pero en el estudio del desarrollo del cerebro embrionario y sus aspectos únicos en el ser humano. Juntos tuvieron una idea que podía darle la vuelta a la cuestión.

Y es que, aunque no tenemos acceso a los tejidos vivos de los neandertales para examinarlos, sí tenemos el genoma. Al examinarlo, el equipo de estos dos investigadores se dio cuenta de que los humanos modernos se diferencian de los simios y los neandertales por un único cambio de aminoácido: un solo aminoácido en la llamada TKTL1, abundante en la corteza cerebral humana embrionaria, especialmente, en el lóbulo frontal.

¿Podría estar ahí la clave? ¿Puede un cambio tan sencillo conllevar tanto? "Para estudiar el efecto de esta diferencia en el desarrollo de la corteza cerebral embrionaria, los autores sobreexpresaron la TKTL1 moderna o la antigua en embriones de ratón (con una corteza pequeña y lisa) y de hurón (con una corteza grande y plegada). Comprobaron que, en ambos casos, la TKTL1 moderna, pero no la antigua, aumentaba la abundancia de células bRG, un tipo muy especial de célula progenitora cortical con gran capacidad para producir neuronas corticales", explicaba en el SMC Víctor Borrell Franco, investigador del CSIC en el Instituto de Neurociencias (Alicante).

En el hurón, de hecho, los cambios modificaron muy llamativamente el tamaño y el patrón de los pliegues corticales. Eso es especialmente llamativo porque, según creemos, (como pasa con otros simios) la estructura de los pliegues corticales es lo que más nos separa de ellos. Además, los investigadores han propuesto un mecanismo de acción que haría que un cambio tan pequeño tuviera un impacto tan significativo.

Un pequeño cambio con enorme resultados. Así las cosas, los resultados de este estudio apuntan a que ese pequeño cambio podría estar detrás de la expansión característica del lóbulo frontal en los humanos modernos. Es posible que la misma TKTL1 influya en la cantidad y el patrón de plegado de la corteza (algo que, como nos recuerda Borrell Franco, "es fundamental en el rendimiento cognitivo"), pero para llegar a esta conclusión es necesario seguir investigando.

¿El accidente genético que nos hizo humanos? Eso planean los investigadores. Sin embargo, muchos de sus compañeros muestran su escepticismo. Por ejemplo, Emiliano Bruner del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana decía que "el cerebro es un órgano increíblemente complejo y el proceso cognitivo lo es mucho más, porque abarca además factores ambientales de todo tipo. Me parece muy reduccionista llegar a conclusiones tan importantes solamente a raíz de un único gen y de un experimento de cultivo o expresión celular.

Sea como sea, pronto lo sabremos porque esta aventura genética no ha hecho más que empezar.

Imagen | Crawford Jolly

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