No hemos acabado con el 60% de la vida salvaje del planeta, pero hay motivos de sobra para alarmarse

No hemos acabado con el 60% de la vida salvaje del planeta, pero hay motivos de sobra para alarmarse
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La semana pasada la ONG conservacionista WWF dio la vuelta al mundo. Publicaron su “Informe 2018 sobre la Vida en el Planeta” con, al menos, una frase altamente noticiable: “El hombre ha arrasado con el 60% de los mamíferos, aves, peces, reptiles y anfibios del planeta en los últimos 40 años”. A modo de advertencia alarmista, la misma ejecutiva de la compañía, Tanya Steel, resumía el debate: “somos la primera generación que es consciente de que estamos destrozando el planeta y la última que puede hacer algo al respecto”.

¿El 60% de la vida? Había que entrar a las 75 páginas del informe, en lugar del dossier de prensa, para poder matizar el descubrimiento. Para llegar a sus conclusiones el equipo de investigadores había echado mano de las estimaciones de multitud de trabajos previos sobre diversas poblaciones (manadas, camadas, etc.) de entre 4.000 especies de las citadas clases de animales. Esto es, muestras aisladas de apenas un 6% de la vida vertebrada que existe en la tierra. Además, como podemos imaginar, de entre las especies más analizadas por los científicos están los animales europeos y los que se encuentran en peligro de extinción, aunque los investigadores se comprometieron a ajustar las cifras para limitar el sesgo de observaciones.

No es seguro que hayamos acabado con todo: primero, lo que WWF había dicho originalmente es que “en los últimos 40 años, el tamaño de las poblaciones de vertebrados silvestres ha disminuido, en promedio, un 60%”. De ahí a “Hemos acabado con el 60% de la vida en el planeta” hay un trecho. Y ojo, podemos afirmar que las poblaciones han disminuido, pero no podemos estar tan seguros de que el hombre sea la consecuencia directa de la disminución de todas ellas.

La cifra está más cercana al 20%: Y segundo, ese “promedio del 60%” implica que se ha tirado una media cuya unidad es el estudio de una población, y no se tiene en cuenta el tamaño de la muestra. Es decir, que si un estudio analizaba una población de 10.000 jilgueros que ha perdido a 1.000 ejemplares, ese 10% es un valor que cuenta lo mismo que el 90% de pérdida si observamos una camada de linces que ha pasado de 100 a 10 individuos. Haciendo la media, y según sus datos, sí, las poblaciones han descendido en promedio un 60%, pero sólo hay un 17% menos de animales observados.

Alarmismo eficaz: seguramente los responsables de la organización se habrán alegrado de su impacto mediático, ya que, aunque se han exagerado las conclusiones de su informe, ha calado entre el público la mirada catastrofista que querían proyectar. En realidad, la propia WWF hace entrever en la redacción del texto que es bueno tomar con pinzas sus resultados. A su análisis acompañan los resultados de otros grupos medioambientales: según el Índice de Hábitat de las Especies, entre 1970 y 2010 la Tierra ha perdido un 22% de mamíferos. El Índice de Biodiversidad Intacta (que analiza TODO tipo de seres vivos) proyecta que hemos pasado de un 81.6% en 1970 a un 78.6% en 2014.

Dramas reales vs dramas televisivos: es facilísimo solidarizarse con la causa de la extinción de tigres u osos, animales vertebrados y peludos simpatiquísimos. Otros no lo tienen tan fácil para llegar a los muros de Facebook, pero su impacto medioambiental es mucho más dañino.

Pon el ojo en las abejas y los arrecifes: sabemos que en Alemania occidental las poblaciones de insectos voladores han disminuido en un 80% en las últimas tres décadas. Pero su declive, en general, está muy poco estudiado pese a que son la base de la cadena trófica de las aves y la esencia de muchos ecosistemas. El aumento de la temperatura en el mar está acabando con los arrecifes de coral, a los que los científicos les dan 30 años antes de desaparecer, lo que lastraría buena parte de la vida marina de miles de otras pequeñas especies.

Una cosa del informe de WWF era impecablemente cierta: si no empezamos a tomarnos en serio las políticas globales preservacionistas, nuestro mundo silvestre tiene las décadas contadas.

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