Solemos ver a los neandertales como una especie distinta, ¿y si nos equivocamos?

El dominio del fuego que alcanzó esta especie sugiere a algunos investigadores que la distinción entre ambas especies humanas es más que borrosa

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Prácticamente desde el descubrimiento de los primeros huesos de los neandertales en el valle alemán que da nombre a esta especie, el Homo neanderthalensis ha sido considerado como una especie individual, distinta a la nuestra. No todos los expertos se muestran de acuerdo.

Uno de estos científicos es Diego Angelucci, arqueólogo de la Universidad de Trento, en Italia. Angelucci argumenta que a lo largo de más de siglo y medio de investigación nuestra idea de cómo eran estos homínidos extintos ha ido cambiando.

Los sucesivos yacimientos vinculados con neandertales nos han enseñado que eran capaces de realizar actividades que solo asociamos a los H. sapiens, como enterrar a sus muertos, crear joyería, e incluso tener vocación artística. Angelucci se fija además en otro aspecto muy concreto de estas habilidades neandertales: el fuego.

La hipótesis del investigador italiano se basa en su trabajo en el yacimiento arqueológico de Gruta da Oliveira, en Portugal. Esta cueva esconde yacimientos pertenecientes a un largo periodo que va desde las capas más bajas, habitadas hace unos 120.000 años hasta el último periodo habitado de la cueva, hace unos 40.000 años.

Se cree que los neandertales estuvieron habitaron esta cueva (probablemente de forma discontinua) a lo largo de unos 30.000 años. Angelucci y su equipo publicaron recientemente algunos de los hallazgos realizados en esta cueva en un artículo en la revista PLOS One.

Hallazgos en los que el fuego, como decíamos antes, tenía un papel protagonista.

En las exploraciones de la cueva, los investigadores encontraron huesos y restos de madera quemados, así como restos de ceniza. Estos se encontraban repartidos en una docena de áreas, que en tiempos prehistóricos habrían sido los hogares donde estaba el fuego. Los investigadores explican que la roca bajo estos fogones había quedado enrojecida por el calor.

Hasta ahora era generalmente asumido que los neandertales sabían utilizar el fuego. Pero, tal y como explican Angelucci y su equipo, solo ahora comprendemos el nivel de dominio que tenían sobre este, siendo capaces de utilizarlo para cocinar, calentarse y defenderse.

“Hay un consenso general entre los arqueólogos de que sabían cómo usar el fuego. Sin embargo, una cosa es usar el fuego iniciado por procesos naturales, como un rayo, y otro es hacerlo, alimentarlo con leña y usarlo para cocinar, como calefacción y como defensa. En este estudio demostramos que no hay duda de que los neandertales podían hacer fuego y que el fuego era un elemento central en su vida cotidiana,” comentaba Angelucci.

La otra cuestión importante que queda por resolver es la de hasta qué punto este dominio del fuego puede ser una prueba en favor de la hipótesis de que sapiens y neandertales son, en realidad, una misma especie. “Yo hablaría [más que de diferentes especies,] de diferentes formas humanas”, defiende Angelucci.

¿Una sola especie?

El debate está abierto. La inteligencia y habilidades de los neandertales no dejan de asombrarnos y pueden ser comparados con los de los primeros H. sapiens. Sin embargo equiparar en inteligencia y capacidades no implica que ambas especies sean la misma, existen otras consideraciones fuera de lo intelectual, conductual o social que deben ser tenidas en cuenta.

El debate está abierto. La inteligencia y habilidades de los neandertales no dejan de asombrarnos y pueden ser comparados con los de los primeros H. sapiens. Sin embargo equiparar en inteligencia y capacidades no implica que ambas especies sean la misma, existen otras consideraciones fuera de lo intelectual, conductual o social que deben ser tenidas en cuenta.

En un artículo de 2019 escrito para el Natural History Museum de Londres, el investigador del museo Chris Stringer explicaba algunos de estos factores a tener en cuenta a la hora de diferenciar (o no) a sapiens y neandertales.

Explicaba cómo, por ejemplo, la morfología, quizás la primera pista que tuvieron los descubridores del neandertal para hacerles pensar que se trataba de otra especie, sugiere una historia evolutiva separada entre ambos grupos humanos.

Tradicionalmente, la capacidad para aparearse y producir vástagos fértiles ha sido considerada como la característica definitoria que hace que varios grupos de animales sean considerados parte de la misma especie. Hoy por hoy sabemos, gracias a los “genes neandertales” que hemos descubierto en nuestro propio ADN que estos y los sapiens tuvieron descendencia y sus llinajes han llegado hasta hoy en día en los humanos.

¿Asunto resuelto? Nada más lejos de la realidad. Por una parte, hoy en día conocemos casos de especies pertenecientes a diferentes grupos taxonómicos capaces de reproducirse entre sí, como los delfines cuello de botella y las orcas negras.

Además, tal y como explica Stringer, estos “trasvases” genéticos podrían haberse producido en épocas en las que ambas especies no estuvieran tan alejadas. El proceso evolutivo es lento y la diferenciación entre las dos especies pudo haberse producido decenas e incluso cientos de miles de años después de la vida de esos “últimos ancestros comunes”. Que dos especies sean distintas en un periodo concreto de tiempo no quiere decir que siempre lo fueran.

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Imagen | Neanderthal-Museum, Mettmann / João Zilhão

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