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La vida secreta de las moléculas y su capacidad para cambiar nuestra forma de ver el mundo se llevan el Nobel de Química 2017

La vida secreta de las moléculas y su capacidad para cambiar nuestra forma de ver el mundo se llevan el Nobel de Química 2017
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Y llegó el momento de la química. Hoy, la Real Academia de las Ciencias de Suecia ha conccedido el premio Nobel de Química a Jacques Dubochet, Joachim Frank y Richard Henderson por "el desarrollo de la microscopía crioelectrónica para la determinación en alta resolución de la estructura de las biomoléculas en una solución".

El de química es el 'patito feo' de los Nobels, pero también el premio que reconoce descubrimientos fundamentales que dan forma a nuestro día a día. La microscopía crioelectrónica, por ejemplo, nos ha permitido entender cómo el Zika causa problemas neurológicos en los fetos humanos.

La microscopía crioelectrónica se lleva el Nobel de Química

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La vida está en los detalles. Nunca fue sencillo estudiar el comportamiento real de las biomeoléculas. Son estructuras tan pequeñas que durante siglos fue absurdo siquiera concebirlo. Como durante siglos fue absurdo creer que los microorganismos estaban alrededor nuestra.

Jacques Dubochet, Joachim Frank y Richard Henderson y a sus contribuciones en el desarrollo de una tecnología microscópica que permitiera ver las moléculas vivas más diminutas en su medio natural ya merecieron el reconocimiento de Nature Methods como "tecnología del año" en 2005. Desde entonces, cientos de investigadores han conseguido cambiar la concepción que teníamos sobre los más diminutos detalles de la vida.

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Y hemos conseguido ver estructuras tridimensionales como nunca antes, permitiendo estudiar sus mecanismos con una resolución que alcanza el nivel atómico. En la imagen superior podemos ver cómo ha mejorado la resolución de esta tecnología en un puñado de años.

La lista de espera

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No perdemos la esperanza que la Academia de Ciencias de Suecia premie a Francis Mojica (y quien ellos estimen oportunos de entre los tres o cuatro que podrían acompañarle). Pero si tuviéramos que elegir nuestro candidato al Nobel, ese sería John Goodenough (junto con M. Stanley Whittingham) por el desarrollo de las baterías de ión litio en los años ochenta.

Harry Gray y Steve Lippard como fundadores de la química bioinorgánica; Jens Nørskov y sus trabajos en catálisis; Henry J. Snaith, Tsutomu Miyasaka y Nam-Gyu Park y la ciencia aplicada de la perovskita fundamental en la fabricación de células solares; o John E. Bercaw, Georgiy B. Shul’pin y Robert G. Bergman por su papel clave en la activación del enlace carbono-hidrógeno también estaban en las quinielas.

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