Hemos descubierto ruinas bajo la Puerta del Sol. Es sólo un recordatorio de los secretos bajo nuestras ciudades

Hemos descubierto ruinas bajo la Puerta del Sol. Es sólo un recordatorio de los secretos bajo nuestras ciudades
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La Puerta del Sol en Madrid es una plaza que ha cambiado de cara innumerables ocasiones, la remodelación ahora en curso es la segunda en lo que va de siglo. Como ocurre con más frecuencia de lo que creemos, esta remodelación se ha topado con un hallazgo inesperado, restos de construcciones en la zona norte de la plaza. Codo decimos, esto con más frecuencia de lo que parece, lo que nos lleva a preguntarnos ¿cómo es posible que los edificios derruidos queden bajo nuestros pies en las ciudades?

El hallazgo. Los cimientos encontrados se ubican en una zona, al norte de la plaza, en la que existían construcciones antes de las obras que tuvieron lugar en la plaza a mediados del siglo XIX. Durante esta reforma estas construcciones se derribaron total o parcialmente para ampliar el espacio existente. Los restos encontrados pertenecerían a estos edificios aunque también se han encontrado trazas más modernas como la perteneciente a un ascensor de la línea 2 del metro de la década de 1920.

Permiso para el tapado. Estas estructuras fueron evaluadas por la Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid, [que dictaminó que podían ser cubiertas, con geotextil y arena limpia. Este es un proceso habitual para proteger los restos arqueológicos antes de ser cubiertos.

La Iglesia del Buen Suceso. Quienes hayan pasado por la estación de Cercanías de Sol puede que se hayan parado y hayan dedicado unos minutos a contemplar la vidriera que cubre los restos de un antiguo templo situado en el lugar: la Iglesia del Buen Suceso. Otra de las “víctimas” de los constantes procesos de renovación urbana que dejó su rastro y que ahora puede contemplarse. Por ahora hay que pagar el viaje en Cercanías para entrar a la estación, eso sí.

Arqueología urbana. Hallazgos como estos son habituales en Madrid y en ciudades de todo el mundo. La arqueología urbana puede decirnos mucho sobre el modo de vida de las personas que nos precedieron en las ciudades y en los asentamientos que las precedieron. Puede abarcar un inmenso espectro temporal, desde asentamientos prehistóricos y antiguos hasta construcciones del siglo XX como el caso del ascensor abandonado en Sol.

Tan frecuente es que no puede sino llevarnos a la pregunta de cómo es posible que la dimensión temporal quede tan fielmente reflejada en la dimensión vertical de los asentamientos.

Decadencia y entierro de los edificios. Habitualmente los restos arqueológicos de edificios, ya sean en zonas urbanas o no, suelen abarcar tan solo cimientos, pilares y plantas bajas de las construcciones. El resto de la construcción puede caer por su abandono o ser derribado para dejar paso a nuevas estructuras. Es frecuente que cualquier resto de valor sea recuperado y reciclado, piedras, vigas, etc.

En asentamientos abandonados es la propia naturaleza la que cubre los restos de los edificios. Las inundaciones, por ejemplo, pueden arrastrar sedimentos que se depositan sobre estas áreas cubriéndolas con cada ciclo de crecida de las aguas. En zonas más alejadas de los ríos la vegetación acabará imponiéndose, y con ella los restos de materia orgánica que flora y fauna van dejando a su paso. La actividad geológica, erupciones volcánicas, corrimientos de tierra… también pueden acabar enterrando los vestigios de un asentamiento. O incluso el asentamiento entero.

¿Y en las ciudades? En las ciudades no son las dinámicas naturales sino las socioeconómicas las que intervienen. Las casas también se derriban ya sea para construir nuevas estructuras o para abrir el camino a vías y plazas. La dinámica de la reutilización de los restos aprovechables sigue imperando en ellas.

Con todos los materiales aprovechados, los derrumbes siguen dejando muchos restos tras de sí. A la hora de construir nuevas edificaciones no siempre resultaba económico limpiar todos estos remanentes. Cubrirlos de tierra y construir encima era más sencillo. Si se trataba de ampliar una plaza, excavar los cimientos de los edificios anteriores resultaba del todo innecesario, ya que ni siquiera sería necesario abrir zanjas para nuevos pilares y cimientos. Construir por encima era más barato y sencillo.

Las calles también poddían ir elevándose como parte del cambio urbano. Un ejemplo de esto está en la ciudad de Atlanta, en Estados Unidos. Aquí, una pequeña zona comercial atestigua este crecimiento, un vestigio de dónde estaban las calles de Atlanda hace cien años.

Sin escapar de la sedimentación. Más atrás en el tiempo, las ciudades antiguas no eran inmunes a la acumulación de sedimentos. A falta de sistemas modernos de saneamiento la suciedad podía acumularse ya que el agua era reabsorbida por el suelo antes de alcanzar ninguna alcantarilla.

Preservar el patrimonio. Las ciudades se enfrentan continuamente al dilema de la modernización frente a la preservación del patrimonio histórico. La preservación total del entorno las convertiría en inviables, incapaces de cumplir su función. Pero los restos arqueológicos tienen aún mucho que contarnos de cómo vivían nuestros antepasados.

Cada ciudad tiene, además sus características, historia y necesidades propias. Por eso es necesaria la evaluación de cada hallazgo para determinar qué hacer ante hallazgos. Y nunca hay dos iguales.

Imagen | Joe Calhoun, CC BY-SA 2.0

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