Congelada en la sombra y evaporada de día: un nuevo estudio de la NASA nos hace entender mejor el ciclo que tendría el agua en la luna

Congelada en la sombra y evaporada de día: un nuevo estudio de la NASA nos hace entender mejor el ciclo que tendría el agua en la luna
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La temperatura diurna de la luna alcanza tranquilamente los 127ºC (no disponer de apenas atmósfera tiene sus pegas), de modo que cualquier rastro de agua que pueda haber en la superficie acaba irremediablemente evaporada. Eso es lo que pensaban hasta ahora los expertos, pero un nuevo estudio de la NASA indica que podríamos seguir encontrando agua en la superficie lunar pese a esas temperaturas.

El agua en la luna también tendría un ciclo

La clave reside en la propia irregularidad de la superficie lunar. Las sombras que proyectarían los cráteres, mesetas y otros relieves serían un escondite perfecto para el agua, que se mantendría congelada debido a las noches de -150ºC que hay en nuestro satélite.

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Esto no es algo de lo que se haya empezado a sospechar hace poco: hace más de diez años que se publican estudios que sugieren un movimiento o ciclo por el que el agua puede pasar en la luna. Durante el "mediodía" lunar y cuando hace más calor es cuando se encuentra menos cantidad de agua atrapada en hielo o filtrada en las rocas, mientras que en el atardecer esa cantidad aumenta.

Eso significa que el agua que se evapora de día y queda suspendida en la casi inexistente atmósfera lunar vuelve a congelarse en la superficie de noche, sugiriendo un circuito. En el informe también se indica que la luna es mucho más "rugosa" y accidentada de lo que parecía en un principio, de modo que el agua que puede esconderse en muchas zonas sombreadas.

Toda esta agua puede ser muy útil para futuras misiones de larga duración en nuestro satélite. Se usaría en misiones comerciales e incluso en las bases lunares permanentes que ya se imaginan algunos ingenieros. Los responsables del estudio también afirman que un estudio exhaustivo de esta circulación del agua en la luna podría permitirnos entender mejor el comportamiento del líquido en otros cuerpos celestes, como Marte o las rocas de los anillos de Saturno.

Imagen | NASA

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