Tirar hormigón al mar suele ser un desastre o motivo de conflicto. Reino Unido lo está usando para resucitar un ecosistema

Unos bloques con un diseño muy peculiar que puede servir como nuevo hogar de la fauna marina

Mar Hormigon
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José A. Lizana

Colaborador

Cuando se lanzan enormes bloques de hormigón al fondo del mar, podemos pensar que quien lo está haciendo busca un conflicto territorial o incluso fastidiar al ecosistema, como ya se vio en Gibraltar en 2013 para poder impedir la pesca. Sin embargo, en la costa de Reino Unido, esta misma acción de tirar bloques de hormigón se ha convertido en la punta de lanza de uno de los proyectos de bioingeniería y restauración ecológica más ambiciosos de Europa, pese a que sea contradictorio. 

El objetivo. El hecho de tirar estos bloques tiene como objetivo devolver a la vida los arrecifes de ostras nativas del Mar del Norte, perdidos hace más de un siglo por culpa de la sobrepesca, la contaminación y la destrucción de su hábitat.

Ingeniería pesada. A simple vista parece algo sencillo el hecho de coger unos bloques de hormigón y tirarlos por la borda de un barco. Pero en realidad los 20 bloques desplegados recientemente frente a la costa de Tyne and Wear son en realidad piezas de alta tecnología ecológica. 

Y no es para menos, porque han sido desarrolladas ARC Marine bajo el nombre de Reef Cubes y fabricadas con un material especial llamado "Marine Crete". Además, no son para nada pequeños, porque cada uno de estos cubos pesa seis toneladas y mide un metro y medio de alto.

¿Por qué este peso? Esta iniciativa impulsada por la Zoological Society of London (ZSL), el proyecto Wild Oysters y Groundwork, no deja nada al azar, puesto que el hecho de lanzar estas masas de hormigón tan pesadas tiene como explicación el clima británico. 

En las fases previas de este proyecto, el equipo se encontró como problema las tormentas devastadoras que destrozaron todos los intentos de restauración. Es por ello que estas moles de seis toneladas aseguran que las violentas corrientes marinas y el oleaje del Mar del Norte no muevan las estructuras ni un centímetro para que pueda desarrollar su objetivo final. 

Su utilidad. La magia en realidad ocurre en la superficie del bloque, ya que estos cubos no son del todo lisos, sino que están diseñados con complejas texturas rugosas y poros artificiales que imitan a la perfección las superficies marinas naturales. Estas se convierten automáticamente en el anclaje perfecto para que la vida prospere y un refugio ideal para peces y crustáceos. 

El papel de las ostras. Además de las rugosidades, dentro de cada uno de estos 20 inmensos cubos se han colocado 4.000 ostras europeas nativas gracias al esfuerzo de 190 voluntarios locales. Y tiene todo el sentido del mundo, porque más allá de su gran valor gastronómico, las ostras son las grandes "depuradoras" del océano.

Para que nos hagamos una idea, una sola ostra adulta es capaz de filtrar hasta 200 litros de agua al día. De esta manera, al alimentarse eliminan contaminantes, nitrógeno y exceso de nutrientes, mejorando radicalmente la calidad del agua costera y permitiendo que la luz solar penetre más profundo, lo que a su vez estimula el crecimiento de la flora marina. En resumen, estos bloques actúan como nuevo 'hogar' para los animales que viven en el fondo marino, pero también como forma de limpiar su ambiente. 

Ya dio resultados. En Escocia ya se probó la robustez de usar miles de toneladas de hormigón en el fondo marino con un gran éxito, y ahora este proyecto es solo el principio de lo que vendrá. Es por ello que, mientras estos arrecifes artificiales comienzan a filtrar millones de litros de agua diarios en el norte, otros proyectos están tomando nota para escalar la idea a proporciones titánicas. 

En Norfolk, iniciativas como Oyster Heaven y Norfolk Seaweed ya están planificando el despliegue de 40.000 "Mother Reefs" de arcilla para finales de 2026. Su objetivo es albergar a 4 millones de ostras juveniles, lo que se coronaría oficialmente como el mayor arrecife restaurado de toda Europa. De esta manera, lanzar bloques al mar ha pasado de ser una técnica para crear conflictos entre regiones a poder recuperar parte de un ecosistema. 

Imágenes | Robert Katzki Nicolas Arnold 

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