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'(Des)encanto': el potencial del Matt Groening más melancólico y reflexivo
Cine y TV

'(Des)encanto': el potencial del Matt Groening más melancólico y reflexivo

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Vas a leer muchas comparaciones entre '(Des)encanto' y el resto de las producciones animadas de Matt Groening. "Como 'Los Simpson', pero más negra", o "El estilo 'Futurama' aplicado a la fantasía heroica", y todo eso será cierto en mayor o menor medida. Pero el auténtico tono negro, melancólico y con un punto desesperanzado está en una obra de Groening aparentemente menor, pero sin duda capital para catalogarle como uno de los grandes de la caricatura social: 'Vida en el infierno'.

Se trata de una tira cómica semanal que Groening publicó entre 1977 y 2012, es decir, desde antes de la creación de 'Los Simpson' y hasta mucho después de su éxito masivo. Siempre se trató de una creación muy personal, hasta el punto que el proyecto de sketches animados que iba a presentar al 'Tracey Ullman Show' era una adaptación de 'Vida en el infierno', pero temió perder el control sobre ella e improvisó el boceto de una familia que acabó convirtiéndose en 'Los Simpson'

Groening parte de códigos narrativos y visuales masificados (como hizo con la sitcom en 'Los Simpson', con la ciencia-ficción en 'Futurama' y, ahora, con la fantasía heroíca en '(Des)encanto') para retorcerlos e introducir cargas de profundidad en forma de humor negrísimo y reflexiones poco habituales en estos contextos. En este caso parte de la estética de los funny animals (los animales antropomorfizados, de Mickey Mouse a Bugs Bunny) para hacer humor sobre la muerte, la futilidad de la existencia, la deprimente rutina del día a día y la putrefacción de las estructuras sociales que todos damos por sentadas. Casi nada.

Lifeinhell Página de 'Life in hell'.

'(Des)encanto' no llega hasta los extremos desoladores de 'Vida en el infierno', que te atrae con los modos y la estética de una tira cómica para dejarte con la sonrisa congeladísima en los labios, pero también es la serie de animación más desencantada de Groening, con personajes más hastiados y ariscos.

Lo cierto es que esta serie de Groening para Netflix tiene humor oscuro, sí, pero también aventura, diversión, parodia y ese disparar a todo lo que se mueva que ha caracterizado hasta a 'Los Simpson' en sus temporadas más mediocres. '(Des)encanto' no deja de ser una tronchante peripecia medieval que se ríe de 'Juego de tronos' y de 'El Señor de los Anillos' (es inevitable), pero su auténtica personalidad está en su indiscutible poso amargo.

'(Des)encanto' no deja de ser una tronchante peripecia medieval que se ríe de 'Juego de tronos' y de 'El Señor de los Anillos'

La serie, que se estrena el próximo 17 de agosto y del que hemos podido ver los dos primeros episodios (de los diez que tendrá la primera tanda, aunque Netflix ha encargado una veintena a Groening), cuenta las desventuras de la princesa rebelde Bean en un mundo de fantasía, Dreamland. Bean no quiere casarse por poderes con un rico heredero de un reino vecino -contra la voluntad de su déspota padre-, y huye de su destino en compañía del elfo Elfo (sic), que también está escapando de su insufrible destino como fabricante de golosinas felices, y junto a un demonio personal, Luci, que todo el mundo confunde con un gato y cuyas oscuras intenciones posiblemente se revelen más adelante.

Puro Matt Groening

Desde el arranque de '(Des)encanto', en el que vemos a la princesa organizar una tangana en una taberna mugrienta, sabemos que la serie va a ser puro Groening, y no solo por el personalísimo y reconocible estilo gráfico de la serie.

Tópicos conocidos por todos (la princesa huida de la boda, más adelante el elfo inocentón o el rey sin escrúpulos) reciben un tratamiento a medio camino entre la parodia sangrante y el retrato más o menos cariñoso. Así ha funcionado siempre en 'Los Simpson' y, sobre todo, en 'Futurama', que era una soberbia parodia de la ciencia-ficción... sin dejar de ser ciencia-ficción de primera categoría.

De este modo, '(Des)encanto' oscila continuamente entre la devoción por sus referentes y la burla de esos mismos referentes. Cuando uno de los pretendientes de la princesa acaba con la cabeza atravesada por una de las espadas de lo que claramente es un guiño al Trono de Hierro, es tanto una reverencia a la serie de HBO como un gag a costa de lo ridículo del concepto (¿a quién se le ocurre hacer una silla con espadas?).

Esa es su principal virtud y su gran debilidad, porque a veces el tono es dubitativo, y cae en un pecado que 'Futurama' o 'Los Simpson' esquivan muy bien en sus mejores momentos: la tentación a la referencia sin sentido.

'(Des)encanto' oscila continuamente entre la devoción por sus referentes y la burla de esos mismos referentes.

Sin embargo, Groening tiene ya la experiencia de los años de 'Futurama' y la mayor parte del tiempo, '(Des)encanto' evita con bastante destreza los guiños gratuítos y los homenajes complacientes. Cuando juega a las referencias, la serie las baña de mala baba y entiende su naturaleza, en el caso de la fantasía heroica nacidas de un folclore pop a menudo impostado y artificioso.

En '(Des)encanto' la experiencia es un grado. Se nota el finísimo tempo humorístico que Groening consiguió afinar en las últimas temporadas de 'Futurama', así como en los últimos años de 'Los Simpson'. Aunque posiblemente la única vinculación actual de Groening con la familia color mostaza es la de cobrar sustanciosos cheques, y aunque todos sabemos que la serie ha perdido su filo, es cierto también es que lleva años convertida en una consistente ametralladora de gags verbales y visuales. Quizás 'Los Simpson' sean lo más cercano a un funcionariado del humor televisivo, pero como maquinaria, está engrasadísima. Lo mejor de ese aspecto también se percibe en '(Des)encanto'.

Desencanto2

Tras un arranque algo dubitativo (y disculpable: al fin y al cabo, el trámite de presentar a tres personajes que no se conocen entre sí y unirlos en un destino común sin dejar de hacer chistes no es cosa fácil), muy pronto '(Des)encanto' encuentra cierto acomodo en una mecánica del humor que los seguidores de Groening conocerán bien: chistes veloces, a menudo basados en el remate inesperado o el gag visual y buen uso de la ruptura de la lógica con anacronismos (que en este contexto recuerdan a los Monty Python de los largometrajes). '(Des)encanto' es territorio familiar para Groening, pero a la vez es capaz de llevar un paso más allá la sofisticación de sus recursos humorísticos.

Es cierto, en el apartado de problemas, que algunas ideas de la serie se sienten como refritos, especialmente de los esquemas de personajes que ya se emplearon en 'Futurama': Bean es una mujer fuerte, decidida e impetuosa como Leela; Elfo tiene la ingenuidad de Fry; y Luci es claramente el Bender de '(Des)encanto', al que imita incluso en algunos tics visuales.

Groening no se ha acomodado y ha hecho lo que fue 'Futurama' en un momento en el que todos esperaban otros 'Simpsons'

No obstante, una vez más, cabe esperar que en sucesivos episodios los personajes encuentren una identidad propia y se distancien de sus obvios y comprensibles referentes. Además, sumándole el espíritu desencantado de esos 'Vida en el infierno' que decíamos, consigue que -sin perder el espíritu satírico, tan social aquí como en 'Los Simpson'- el humor sea, de algún modo más personal.

Pero los dos primeros episodios de '(Des)encanto' suponen un arranque muy prometedor y vistoso (si perdonamos algunas animaciones y fondos que parecen haber sido rematados de forma apresurada). Groening podía haberse acomodado en terreno conocido, con otra sitcom o con secuelas de las aventuras de Planet Express, pero opta por una ambientación completamente nueva y que sin duda le garantizará las mismas críticas que recibió el arranque de 'Futurama', cuando todo el mundo esperaba otros Simpsons.

Secuencias como la del ataque de los trolls o de la despedida de soltero con sirenas de por medio, o comentarios acerca de las religiones y su papel en la sociedad pasan ya a engrosar lo mejor de Groening, así que podemos casi vaticinar que '(Des)encanto' no va a hacer honor a su título.

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