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Así iba a ser el coche del futuro

Así iba a ser el coche del futuro
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Os propongo viajar en el tiempo. Pero no a través del cine o de una máquina del tiempo de la que tú y yo parece ser que somos culpables de que no exista. No. Lo que os propongo es que me acompañéis a Motorpasión Futuro donde hemos echado la vista atrás unos 60 años, rebuscando en el bául de los recuerdos y en la historia, coches de los años 50 y 60 que decían ser los coches del mañana.

Con el especial Así iba a ser el coche del futuro hemos hablado de seis coches cuyos ingenieros y diseñadores creían que así serían los coches en un futuro no muy lejano, algunos allá por el año 2000. Todos fueros prototipos, o concept cars, que no llegaron a venderse.

Viajemos en el tiempo pues

Hemos retrocedido a la década de los años 50. La Segunda Guerra Mundial no hace tanto que había finalizado (1945) y Europa todavía estaba recuperándose de las ruinas de la misma. Estados Unidos y la Unión Soviética comenzaban a alzarse como las dos grandes potencias mundiales que fueron durante décadas en la segunda mitad del siglo XX.

Estamos en la era atómica. El ser humano había aprendido a controlar la energía del átomo en 1942, y más allá de las bombas atómicas en 1945, centra sus esfuerzos en desarrollar reactores nucleares de fisión que permitan tener electricidad casi infinita y casi regalada (o eso era lo que se creía entonces). En 1954 la URSS construye la primera central nuclear.

Estamos también en plena carrera espacial. El hombre ha sido capaz de volar y ahora está mejorando aún más la tecnología, con aviones con sistemas de reacción que permiten viajar más rápido que el sonido. Pero las aspiraciones del hombre (y de la mujer) no se limitan solo a nuestro planeta, el ser humano quiere salir de La Tierra, quiere ponerse en órbita, quiere llegar a La Luna, sueña con viajar por El Espacio.

Sputnik 1
Sputnik 1

En 1957 los soviéticos ponen en órbita el primer satélite artificial, el Sputnik 1. En 1961 Yuri Gagarin, soviético, es el primer ser humano en salir al Espacio. Los norteamericanos no quieren quedarse atrás. Tienen recursos y capacidad, y finalmente en 1969 el Apolo XI se posa sobre La Luna.

Acostumbrados a tener en la palma de nuestra mano pequeños artilugios electrónicos con cuatro y hasta ocho núcleos de procesamiento, o pronto más, con 2 millones de kilobytes de memoria RAM (2 GB), o más, y varios miles de megahercios de velocidad de proceso, hoy en día nos parece curioso, incluso enormemente sorprendente, que el computador con el que el hombre llegó a La Luna, el AGC del Módulo Lunar del Apolo XI, tenía un procesador de 1 megahercio y 4 kilobytes de memoria RAM.

Y es que la electrónica habrá evolucionado exponencialmente, pero para llegar a La Luna lo que de verdad se necesita no es un tablet con pantalla multitáctil capacitiva con un sistema operativo pintón con millones de colores, sino cohetes de combustible sólido e hidrógeno que generen tal empuje que la fuerza gravitatoria no pueda retenerlos. Da igual si el astronauta de turno lleva un reloj de cuerda, o un smartwatch.

Y ese contexto tecnológico es en el que nos movemos. En él se enmarcan los seis coches de los que os hemos hablado, cinco de los cuales son americanos. EE.UU. era por aquel entonces "el país del automóvil", con cochazos gigantes, con motores enormes, equipados hasta las cejas, a años luz de los modestos utilitarios que nos podíamos permitir los europeos.

GMC Firebird II
GMC Firebird II (1956)

Magic Highway, USA, by Disney

Como pistoletazo de salida os recomiendo que no os perdáis la visión de Walt Disney de 1958 sobre la movilidad del futuro, nuestro primer artículo del especial. Es un magnifico vídeo de animación sobre cómo profetizaban que serían los coches y las autopistas en el futuro. Algunos tal vez hayáis visto el vídeo alguna vez, si no, os aseguro que no tiene desperdicio y es toda una revelación.

El primer coche del que os hablamos fue el GMC Firebird II, de 1956. ¿Os acordáis de eso que os he contado de los aviones a reacción? Pues los diseñadores de automoción pensaban que los coches deberían parecerse también a un avión de reacción, por diseño, forma y aerodinámica, pero también incluso incorporando un motor de turbina. Ojo al dato que este modelo encierra sorpresa: ¿a que ahora no paramos de hablar de conducción autónoma? Pues no es algo que haya nacido ayer.

El segundo coche que recuperamos de ese bául de los recuerdos es más discreto y monótono, más convencional, pero no podíamos olvidarnos de él por su importancia en otro aspecto. No era el de lo estético o lo técnico, sino el de la seguridad. El Cornell-Liberty Safety Car pretendía ser el coche más seguro del mundo, y fue la primera experiencia de coche que pensaba en la protección y seguridad de los ocupantes, las lesiones que podían sufrir en un accidente, y cómo evitarlas. Los crash-test y los dummies tampoco nacieron ayer.

Ford Nucleon (1958)
Ford Nucleon (1958)

El tercer coche en llegar al especial era toda una declaración de intenciones, de nuevo inseparable de la época que le tocó vivir, aunque una locura viéndolo a día de hoy. El Ford Nucleon, de 1958, era un coche atómico. Así tal cual suena: un coche que se movía gracias a un mini-reactor nuclear de fisión a bordo (o esa era la idea en teoría). Y no era el único proyecto, había más coches y también barcos, submarinos, trenes y hasta aviones. Yo solo diré tres cosas al respecto, y conste que las digo sin ánimo de crear polémica: Three Mile Island (1979), Chernóbil (1986), Fukushima (2011).

El coche que os trajimos en cuarto lugar tiene un diseño de lo más singular, particular, atrevido y extravagante. El Chrysler TurboFlite, de 1961, era un coche con motor-turbina, alerón inmenso, cabina acristalada abatible y faros direccionales, entre otras cosas.

El quinto es otra sorpresa de esas que uno no se espera. El Ford Gyron de 1961 no era un coche volador, ni una pequeña nave espacial, pero vaya si lo parecía. Era un coche de dos ruedas con autoestabilización giroscópica. No, resulta que eso de los giroscopios no se inventó (tampoco) ayer, ni siquiera tampoco en los años 60. Si queréis conocer todos los detalles, ya sabéis dónde hacer click.

Ford Gyron
Ford Gyron (1961)

Y el sexto y último coche, pero no por ello menos importante, es el Lancia Stratos Zero de 1970, que cierra este período tan mágico de lo atómico y lo espacial. Era un coche deportivo, muy aerodinámico, muy bajo, y con parabrisas de acceso, diseñado por Bertone. Todavía hoy, más de 40 años después, es de los más sugerente.

¿Cómo será el coche del futuro?

Visto lo visto, lo que está claro es que a menos que uno tenga una bola de cristal con la que adivinar el futuro, es tarea harto difícil pronosticar que pasará dentro de 50 años, más aún con riesgo a dejar volar la imaginación demasiado y soñar por soñar.

Y sin embargo sí que hay varias cosas en las que no iban tan desencaminados los ejemplos que os hemos traído, como la conducción automatizada, las autopistas como eje vertebrador del uso del automóvil, las pantallas en los coches, la aerodinámica, los sistemas de navegación con mapas...

Lancia Stratos Zero (1970)
Lancia Stratos Zero (1970)

En el futuro yo me arriesgaría a decir que no veré coches voladores. Y no, una avioneta con forma de coche, o un coche con alas plegables no me valen. Para empezar no nos los podemos permitir económicamente (serían un juguete exclusivo para gente adinerada, como lo es desde hace décadas una avioneta sin más), por no hablar de las dificultades técnicas que supone volar (y pilotar), o el consumo de energía.

Sí que está muy claro que voy a ver coches autónomos. Y no digo un prototipo raro en vídeo, digo un coche de verdad que tú y yo nos podamos pagar y comprar. Los prototipos ya están muy avanzados, y las pruebas reales con coches de producción con conductores voluntarios comenzarán en 2017, como quien dice dentro de nada.

Y desde luego veremos más pantallas a color, pantallas táctiles con respuesta háptica, sistemas de control por voz donde podamos hablar de manera natural con nuestro coche para decirle que nos diga cómo ir a tal sitio, o que encienda la calefacción, conectividad, comunicación y redes, y veremos cada vez más coches eléctricos, con sus variantes, pero eléctricos, porque los combustibles fósiles no solo se acaban, sino que pueden acabar con el planeta.

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