El año de Linux en el escritorio es una utopía. Y la razón tiene mucho que ver con tarros de mermelada

El año de Linux en el escritorio es una utopía. Y la razón tiene mucho que ver con tarros de mermelada
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Sheena S. Iyengar estudiaba Psicología Social en Stanford en los 90. A menudo visitaba el mercado local en Menlo Park, repleto de todo tipo de variedades de productos. 250 tipos de queso, 75 tipos de aceites de oliva, 150 de vinagre, etc. Iyengar se dio cuenta un día de que no compraba nada, y eso le llevó a tener una idea que quiso validar, así que hizo un experimento con uno de los comerciantes.

En uno de los puestos alternó una oferta de 6 tarros de mermelada con otra oferta con 24 de esos tarros. Tras varios turnos, llegó a una conclusión llamativa: la mesa de 24 tarros atraía a más gente, pero la de 6 tarros impulsó más a la gente a comprar. Y eso, queridos lectores es un poco lo que le pasa a Linux.

La fragmentación mató a Linux

La historia, que también mencioné en una vieja entrada en mi otro blog, no es mía, sino de The Chronicle Review. Iyengar acabaría escribiendo un libro titulado 'The Art of Choosing', y en él debatía sobre esa paradoja de que aunque las opciones son buenas, tener demasiadas opciones puede llegar a ser contraproducente.

Es desde luego lo que parece pasar con Linux, alegaba yo entonces. Este sistema operativo es fantástico y está presente por todas partes, pero en la mayoría de los casos su presencia es casi invisible para el usuario. Es el corazón de nuestros móviles con Android, es la base del funcionamiento de internet y la nube y domina de forma absoluta el segmento de los supercomputadores.

Y luego está la eterna broma o meme de "este sí que va a ser el año de Linux en el escritorio". Nunca lo es: Windows (87,56% según los últimos datos de NetMarketshare) y macOS (9,54%) gobiernan de forma clara nuestros PCs y portátiles, y Linux sigue jugueteando con una cuota de mercado del 1%.

Nunca ha pasado de ahí y probablemente nunca lo haga. De eso hablaba un viejo periodista linuxero, Steven J Vaughan-Nichols, que lleva escribiendo sobre Linux y el Open Source desde que la guerra no era entre GNOME y KDE sino entre Bash y zsh. Yo llevo casi el mismo tiempo hablando de este sistema operativo —uno de los primeros artículos por los que gané dinero fue un tema sobre cómo instalar Linux en el Amiga—, y sé muy bien de lo que habla Steven.

Hay un párrafo especialmente acertado que explica un poco la situación que atraviesa Linux desde hace años:

Tenemos muchas y excelentes distros de escritorio Linux, lo que significa que ninguna de ellas puede ganar suficiente cuota de mercado para hacer mella en el mercado general.

Así es. El famoso sitio web Distrowatch, que desde hace años sirve para seguir el mercado de las distintas distribuciones Linux, muestra que hoy en día hay 271 en activo. Imaginad tener 271 versiones de Android o de Windows, cada una igual en esencia pero más o menos distinta en su forma de hacer las cosas. En Wikimedia tenéis una de las últimas versiones de la línea de tiempo de distribuciones Linux, un asombroso gráfico que muestra cómo se han ido creando esos "tarros de mermelada" linuxeros.

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El árbol cronológico de distribuciones Linux es inmenso, y esta imagen es solo una pequeña parte de una de las últimas versiones registradas. Que vivan los tarros de mermelada. Fuente: Wikimedia.

Hay además 21 entornos de escritorio y media docena de gestores de paquetes, además de nuevos sistemas de empaquetar aplicaciones para una instalación más sencilla. Los linuxeros suelen conocer varias de ellas, pero no todas. Imaginad lo que es enfrentarse a esa diversidad para un nuevo usuario. Es una locura.

Es el problema de los tarros de mermelada. Hay demasiados, así que a menudo uno no sabe cuál elegir. Las opciones son fantásticas y Linux es la prueba de ello, pero esas opciones también lo condenan a la hora de intentar convertirse en un sistema popular en el escritorio. Hay tantos que uno no sabe cuál elegir.

De hecho lo normal es que vaya probando tarros de mermelada y los disfrute durante cierto tiempo para luego probar otros. En Linux eso se llama "distro-hopping". Un día uso Ubuntu, otro Fedora y otro Arch. Y luego más y más. Es genial para los amantes del sistema operativo, pero no es tan estupendo para quienes quieren algo más o menos "universal".

No hay nada realmente "universal" en Linux, porque si por algo se define este sistema operativo es por su riqueza de variantes. ¿Que no te gusta una distribución? No hay problema. Espera: ¿te gusta la distribución, pero no su entorno de escritorio? Instala otro y tira millas. Y así con casi todo.

Para lograr triunfar en el escritorio quizás la única opción sería que las grandes distros uniesen fuerzas para crear algo así como la distribución Linux unificada. Una única distribución de referencia, un único entorno de escritorio, un único gestor de paquetes y una única tienda de aplicaciones. Y aún así, creo, el éxito no estaría ni mucho menos asegurado.

Pero ojo: quizás sea mejor así. Probablemente lo sea, al fin y al cabo. No pasa nada porque este no sea el año de Linux en el escritorio. Lo es en casi todos los otros lados.

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