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Romo, análisis

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Hace un año que Romotive lanzó en Kickstarter una campaña para poner en marcha su proyecto de robótica orientada a la educación infantil. El resultado es Romo, un robot personal para niños que hace uso del iPhone como "cerebro" de esta solución.

Romo es, en esencia, un juguete recomendado para niños a partir de 8 años. Las aplicaciones para iOS permiten ir aprendiendo el funcionamiento de este robot y también sirven para establecer las bases de una programación de tareas básica pero divertida.

Simplicidad de principio a fin

En la caja del Romo encontramos poco más que el robot en sí, que es, en esencia, una base con un sistema de movimiento "oruga" que recuerda mucho al de los tanques y que además ofrece un conector Lighnting y dos soportes laterales para conectar el iPhone que, por supuesto, no está incluido en el pack.

Romo

La simplicidad es máxima en su diseño: la combinación de colores (blanco, azul, gris) y su construcción plástica (y resistente) confirman ese carácter de juguete educativo.

El conector Lightning y los dos soportes laterales (flexibles y con un acabado gomoso) permiten que el iPhone quede perfectamente acoplado, y además esa base acepta ciertos grados de inclinación (45º hacia atrás, 15º hacia delante), lo que por ejemplo sirve para que el robot simule "decir que sí" con la cabeza.

En esa versión del Romo (hubo otras iniciales sin conector Lightning) también aumenta la velocidad de movimiento (hasta 3 metros por segundo), y se ha incluido un conector mini-USB en la parte baja. Además contamos con un LED que indica que Romo está funcionando y que parpadea en la parte frontal de la base.

Jugando con el Romo

Al conectar el iPhone comienza el periodo de entrenamiento de Romo, que consiste en la ejecución de una serie de tareas con las que vamos aprendiendo qué podremos hacer con este juguete. Inclinaciones, movimientos hacia delante y hacia atrás, o giros (con distinto ángulo y radio de giro) son los principales.

Romo

También tendremos una selección de "gestos faciales" que Romo muestra en la pantalla del iPhone y que podremos establecer en base a distintos "estímulos" como por ejemplo quitar el iPhone de la base o insertarlo, levantar el Romo o ponerlo en el suelo o una mesa, o que el robot reconozca una cara o un color.

Todos estos procesos se van aprendiendo con distintas misiones en las que a través de la interfaz de la aplicación podremos ir configurando esas acciones. La "programación" es muy sencilla, y se basa en ir añadiendo acciones y configurando sus parámetros, que son pocos para facilitar el proceso. Por ejemplo, podremos establecer la distancia y velocidad del movimiento hacia delante y hacia atrás, o el radio y ángulo de un giro.

Modos de funcionamiento

Además de poder jugar a esas misiones y de experimentar con todas ellas, este robot también puede ser controlado si disponemos de otro dispositivo iOS (como un iPad) conectado a nuestro Romo con nuestro iPhone. Así podremos manejarlo remotamente y, por ejemplo obtener el vídeo en streaming que está captando el iPhone o sacar fotos.

Romo

Existe también un modo autónomo que hace que Romo se comporte como un "explorador" que interactúa con el entorno y que por ejemplo responde de forma determinada al detectar una cara.

También tenemos un modo "baile" que permite que Romo se mueva de forma automática tratando de seguir el ritmo de la música que suena, mientras que el modo global Romo se convierte en un robot de telepresencia que se puede controlar desde cualquier parte del mundo gracias al portal web HTML5 de Romotive, la empresa que ha creado este juguete.

Conclusiones

Aunque no pudimos probar Romo en condiciones ideales --mis hijos son bastante más pequeños-- sí que quedó claro que Romo era para ellos un juguete divertido y con el que era posible pasar buenos ratos.

Romo

Para las edades recomendadas parece claro que este juguete en forma de robot puede dar más de sí, aunque el conjunto de acciones es limitada y de nuevo lo confirman como un juguete educativo sin demasiadas pretensiones.

De hecho, la necesidad de que se utilice nuestro iPhone --un teléfono que no es barato y que no es precisamente para niños-- también es un hándicap. Por último, el coste de 179,99 euros nos parece realmente elevado para lo que es en esencia un juguete para niños.

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