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Periodistas que salen de sus redacciones (algunos muy cabreados) y se montan su propio medio
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Periodistas que salen de sus redacciones (algunos muy cabreados) y se montan su propio medio

Hasta hace poco era impensable que periodistas renunciaran a su puesto para montarse un medio por su cuenta. En España sigue siéndolo (salvo contadísimas excepciones) pero en Estados Unidos hay unos cuantos ejemplos de personas que, por razones que ahora veremos, hicieron justo eso: firmar su carta de renuncia y montar su propio podcast, blog o newsletter.

Uno de los casos más recientes es el de Casey Newton, periodista de The Verge, que recientemente ha lanzado Platformer, una newsletter sobre tecnología que cuesta 8,50 euros al mes. Platformer funciona sobre Substack, que ahora mismo es el perejil de todas las salsas que tienen que ver con el periodismo en Estados Unidos. Es casi imposible leer algo relacionado con medios nuevos que no hable de esta especie de fusión entre Mailchimp y Patreon.

Pero volvamos a Newton. En un intercambio de correos electrónicos, Newton explica que la razón de su salida de The Verge para hacer su propio medio es que quería hacer “algo creativo y optimista en lo que poner mi energía. En esta época aterradora para América, quería construir y concentrarme en hacer algo nuevo”, explica.

Casey Newton Platformer

En Platformer, Newton desarrolla los mismos temas que ha desarrollado desde que entró en 2013 en The Verge, que básicamente es cubrir la actualidad de Facebook, Google, Tik Tok, YouTube, etc. Platformer hace referencia a eso: plataformas digitales de amplio espectro. La newsletter diaria incluye un artículo de Newton y una extensa recopilación de textos de otros medios y tuits.

¿Por qué hacer un “Juan Palomo” ahora y no hace un año, por ejemplo? Newton explicó en una entrevista en OneZero que hay varias razones. La más prosaica es que en la cuarentena se dio cuenta de que si trabajaba desde casa —reconoce que puede hacer mucho de su trabajo periodístico desde allí— se ahorraría mucho tiempo que luego podría invertir en hacer más cosas y proyectos.

Otra razón, explica Newton, es que en sus 18 años de carrera siempre ha vivido con la incertidumbre en torno al mercado publicitario. La vivió cuando trabajaba en prensa escrita y los digitales amenazaban con quedarse con la tarta publicitaria (que es lo que ocurrió), y la volvió a vivir cuando empezó a publicar online y entonces eran las plataformas digitales las que parecía que se iban a comer todo el pastel de los anunciantes (como así fue). Así que para evitar esa incertidumbre de depender de terceros, nada mejor que montárselo por cuenta propia, explica Newton.

Cuando toda la redacción te da plantón

Portada Dedspin Gomedia Portada de un artículo importante, quizá el más importante, para Defector, como veremos unas líneas más abajo. Deadspin

Otro caso que ha sacudido el panorama de los medios en EE. UU. es el del deportivo Defector. Aquí no hablamos de una sola persona que renuncia para lanzarse en solitario, sino de prácticamente una redacción entera (la de Deadspin) que dio un sonoro portazo al salir.

Situémonos. Antes de la rebelión de su redacción a finales de octubre de 2019, Deadspin era un medio deportivo bastante gamberro. Gamberro en el sentido de que ponían muchos WTF y shit en sus textos, tenían querencia a los cotilleos y comentaban cualquier vídeo de animales haciendo cosas; pero también gamberro en el sentido de que hablaban del deporte de forma fresca y divertida, muchas veces tocando temas como el racismo, la homofobia o las condiciones laborales de la gente que trabaja en ese sector pero queda detrás de los focos.

El caso es que en abril de 2019, Deadspin pasó a formar parte de G/O Media, la división para medios de comunicación de la sociedad de private equity Great Hill Partners. G/O Media es dueña de Gizmodo, Lifehacker o The Onion, entre otros. Con el cambio de dueño, a Deadspin le ocurrió lo que suele pasar cuando un medio entra a formar parte de un conglomerado de empresas extraperiodísticas: que sus artículos empiezan a ser leídos no solo por los editores del medio, sino también por los ejecutivos de la empresa matriz, que tienen sus propios intereses.

La cuestión es que la redacción de Deadspin empezó a estar bajo la lupa de sus nuevos dueños. Sabiendo la tendencia de G/O Media a controlar lo que publican los medios de su propiedad, la opción prudente hubiera sido aflojar el tono y mantener un perfil bajo. ¿Es lo que hizo Deadspin? No exactamente.

A modo de bienvenida tardía, el 2 de agosto Deadspin publicó un artículo donde hablaba de los primeros pasos de G/O Media en la dirección del diario deportivo y del resto de medios. Ya en el segundo párrafo quedaba claro cuál iba a ser el tono del texto: al director de ventas se le presentaba como alguien “incapaz de ofrecer un discurso de venta eficaz” y del director editorial, es decir, del superjefe, se decía que había puesto continuas trabas para que ese artículo se hiciera. Con esa introducción, es fácil imaginar de qué tratan las 7.215 palabras del texto (cuatro veces este artículo que estás leyendo).

Las consecuencias no tardaron en llegar. A finales de octubre, el propio director editorial envió una circular donde prohibía que Deadspin hablara de temas extradeportivos. La redacción consideró la orden como una intromisión y se negó a acatarla, lo que inició la semana más movida en los 14 años de existencia de Deadspin. Cronológicamente: el lunes 28 de octubre se envía la circular y la redacción dice que naranjas, el martes el director de Deadspin es despedido, el miércoles los redactores empiezan a renunciar en cadena y el viernes la redactora jefa dice que

Mismos contenidos, distinta organización

Ahora buena parte de la redacción de Deadspin regresa con Defector, y entra a competir directamente con Deadspin, que cerró tras la renuncia de su redacción pero volvió en marzo con menos tráfico del habitual. Si quedan rencores entre el antiguo medio y el nuevo es algo que no queda del todo claro:

Defector Los mensajes a G/O Media no terminaron con el artículo de agosto de 2019. Defector

Desde el punto de vista de los contenidos, el antiguo Deadspin y el flamante Defector son idénticos. La diferencia está en dos puntos importantes: a quién pertenece el medio y cómo se monetiza. En cuanto a la propiedad de Defector, es un modelo de cooperativa. Cada uno de sus redactores tiene aproximadamente el 5% de la empresa; son 19 personas, así que los cálculos salen. Las decisiones se toman democráticamente y el director editorial y el director comercial pueden ser despedidos si lo quieren 2/3 de la redacción.

La otra diferencia es el modelo de negocio. Deadspin se nutre de la publicidad, mientras que Defector depende de las suscripciones en mayor medida. En la web se ofrece un “anúnciate con nosotros”, pero en la web no hay ahora mismo ningún banner ni publicidad nativa de ningún tipo (también hay una dirección para “peticiones de prensa” y podemos dar fe de que no son respondidas, al menos en el momento en que se escriben estas líneas).

Defector tiene tres modelos de suscripción. El básico tiene un precio de 80 dólares al año (unos 68 euros) y da acceso a todos los artículos (ahora mismo todos los contenidos están abiertos, pero para publicar comentarios, y allí publican muchos, hay que suscribirse). El siguiente modelo cuesta 120 dólares (102 euros) y añade opciones para comentar los artículos, participar en charlas con los redactores y una newsletter. El último modelo de suscripción asciende a, ojo, 1.000 dólares al año (unos 846 euros) e incluye todo lo anterior más publicar tu nombre en un salón de la fama, entrar en el sorteo para hablar en su podcast (The Distraction), recibir un dibujo en Paint y que te feliciten en tu cumpleaños con un vídeo, entre otras cosas que “ya se nos ocurrirán”. (Lo de una cuota de 1.000 dólares a cambio de sorpresas empieza a ser una especie de broma recurrente entre los medios de allí; Casey Newton también ofrece en Platformer una "recompensa misteriosa" para quien pague esa cantidad al año)

¿Qué pasa en España?

Casos como el de Platformer o Defector, que son solo dos islas en un archipiélago bien poblado (casi todos en EE. UU.), son posibles porque existen herramientas sencillas que simplifican la publicación de contenidos y su monetización. Platformer usa Substack. Defector utiliza una plataforma solo para la publicación y Pico para cobrar las suscripciones y gestionar las newsletters. Quizá Substack acapara la atención ahora mismo, pero no es más que una especialización en newsletters de lo que ofrece Patreon desde hace ya un tiempo: conecta a periodistas que publican periódicamente con gente que está dispuesta a pagar por ellos también periódicamente. Ivoox es otra plataforma especializada en la monetización, en este caso para podcasters y española. Ivoox se queda con el 5% de lo recaudado, lo mismo que Patreon, mientras que Substack se queda con el 10%.

Que exista la herramienta es un requisito necesario pero no suficiente. En España contamos con estas plataformas y también con periodistas que salieron con quemazón de sus redacciones. Sin embargo, apenas tenemos periodistas que hayan creado un medio propio tras pasar por una redacción.

Pepe Rodrigez Pepediario

Una de las excepciones es Pepe Rodríguez, quien en 2018 creó el podcast multideportivo PepeDiario. Lo hizo inmediatamente después de dejar el diario As. Porque quiso y amistosamente. “Mi salida de As fue voluntaria y debida al éxito inicial del podcast, que hasta a mí mismo me pilló de sorpresa, así que ningún problema con ellos”. Eso sí, subraya Rodríguez, “pagan tan mal en los medios que a la que tienes una opción de hacer dinero por otro lado es fácil tomar la decisión de marcharte”.

Hoy PepeDiario tiene más de 1.600 suscriptores que le escuchan y pagan entre 3 y 4,99 euros al mes. La existencia de plataformas que le hicieran fácil el trabajo al unificar publicación, cobro y gestión de suscriptores (como hoy hacen Patreon, Ivoox, Substack o Medium) no sirvió de acicate en el caso de Rodríguez, que empezó subiendo sus programas a Spreaker "solo porque me dejaba poner el candado a cada programa". Ahora también sube los episodios a Ivoox.

“Las plataformas unificadas tienen su lado bueno y malo: por supuesto que te quitan un montón de dolores de cabeza en cuanto a los aspectos que no sean estrictamente la realización de tu podcast, newsletter, video, etc., amén de hacerte llegar a un público muy superior; pero a cambio quedas en manos de sus políticas comerciales y de sus decisiones empresariales, así como de su sentido de la competencia interna, pues van a promocionar, lógicamente, lo que más beneficios les dé a ellos, no a ti. Es cuestión de saber qué lado de la balanza pesa más en tu forma de hacer y ser”, explica Rodríguez.

"El mercado norteamericano es muy diferente del español en cuanto al valor que se le da al periodista individual, casi como figura pop en muchos casos", Pepe Rodríguez (PepeDiario)

A la pregunta de por qué su caso es tan excepcional aquí mientras que en EE. UU. hay más ejemplos parecidos, Rodríguez responde que “el mercado norteamericano es muy diferente del español en cuanto al valor que se le da al periodista individual, casi como figura pop en muchos casos, así como por la predisposición cultural que tienen a entender que el pago por el producto es algo legítimo. Además, por supuesto, del volumen, claro, pues es un mercado de muchos millones de consumidores potenciales”.

Pago-medios-reuters Porcentaje de usuarios de internet que pagaron en el último año por noticias. Reuters Institute for the Study of Journalism, Universidad de Oxford

¿Es España un país al que le cuesta rascarse el bolsillo para pagar a periodistas? Un vistazo rápido a los datos recopilados por el Reuters Institute de la Universidad de Oxford nos indica que, con un 12% de internautas que pagan por contenidos, estamos en la línea de países como Alemania o Francia (ambos con 10%). Lejos de Noruega (42%) o de Estados Unidos (20%), pero por encima de la media de nuestro entorno, y un punto porcentual más que el año pasado. Quizá ese punto adicional sirva de espaldarazo a quienes salieron de sus redacciones y están pensando si montar algo por su cuenta, estén cabreados/as o no.

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