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Biografía de un bot ruso: Brexit, Trump, racismo y más de 50.000 seguidores

Biografía de un bot ruso: Brexit, Trump, racismo y más de 50.000 seguidores
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22 de marzo de 2017, atentado terrorista en Londres. El atacante, un fundamentalista islámico que desde un todoterreno y con un cuchillo dio continuidad a la amenaza del Daesh. Tras la enorme tragedia que supuso el atentado, surgieron brotes de islamofobia en la opinión pública. Algo que en su día también se vio tras los atentados de Madrid, Bruselas o Londres.

Pocos mensajes concretos tuvieron tanta exposición de cara a echar gasolina al incendio xenófobo como la propagación en Twitter de una imagen post-atentado en la que una mujer árabe pasaba de largo junto a un cuerpo tendido en el suelo mientras varias personas -blancas- parecían tratar de ayudar y permanecían a su lado. Junto a ella, una inducción a una interpretación concreta, la más xenófoba.

Texasl

El autor de aquel tuit era @SouthLoneStar -cuenta suspendida desde verano de 2017-, quien parecía ser un texano cualquiera, tanto por su nombre -Texas Lone Star- y su foto de perfil como por su biografía, "Orgulloso TEXANO y patriota AMERICANO". En realidad no era quien parecía. Como apunta The Guardian, "solo" se trataba de un bot de origen ruso que llegó a contar con 50.000 seguidores.

El autor de uno de los tuits virales tras el atentado era una agencia rusa que simulaba ser un patriota texano pro-Trump

Desde esta cuenta, el bot ruso proclamaba consignas contra el Islam, los inmigrantes, la interrupción del embarazo, Hillary Clinton o Barack Obama a quien llamaba por su segundo nombre, "Hussein Obama", en un intento elemental de propagar una asociación subliminal entre el ex-presidente americano y el iraquí.

Al margen de estas cuestiones, otras se adueñaron especialmente de su timeline: la campaña electoral a favor de Donald Trump (y su continuación defendiendo al presidente y atacando a sus voces discordantes) y la campaña a favor del Brexit. Sobre ellas giraba hasta que Twitter le suspendió la cuenta por detectarle como un bot ruso que usaba la plataforma para ejercer su influencia en determinadas elecciones o directamente para manipular la opinión pública, como en el caso de la foto de la mujer musulmana. Esta cuenta forma parte de la lista que la red social ha entregado a la administración estadounidense.

La punta del iceberg

La cuenta del falso texano patriota no es más que la cabeza visible de un entramado de bots que lleva unos meses trayendo de cabeza a Twitter y Facebook.

Desde Rusia y sin amor, esta red de bots ha ido modificando su discurso para adaptarse a las elecciones presidenciales estadounidenses, el referéndum por el Brexit, la guerra civil de Siria, o las elecciones federales alemanas.

Twitter tuvo que reconocer públicamente la existencia de esta red y anunció que algo más de doscientas cuentas quedaban suspendidas. También quedaban abiertas a la investigación las tres cuentas de Russia Today (RT), que gastaron 274.100 dólares en promocionar 1.823 tuits apuntando como objetivo a los seguidores de medios de comunicación tradicionales. El objetivo, permear ciertos mensajes, cierta ideología.

Las redes de bots funcionan de forma similar: tratan de calar determinadas ideas y al mismo tiempo se organizan para aumentar el impacto. Como apunta el periodista Javier Salas, no es lo mismo ver un tuit con un par de retuits que ver otro con miles. Se crea la percepción de que esas ideas y puntos de vista son muchísimo más masivos de lo que realmente son. Y con eso, van obteniendo legitimación.

La Alianza para Asegurar la Democracia, una asociación creada por el German Marshall Fund tras comprobar el efecto de estas redes de bots y sus conexiones con el gobierno ruso, monitoriza a estas cuentas y publica los temas de los que habla, hashtags usados y palabras más frecuentes en su propio panel.

Algunas de las cuentas sometidas a investigación permanente son las de agencias de comunicación rusas como la mencionada RT, Sputnik -cuyo claim es "Contamos lo que otros callan"- o Ruptly, filial directa de RT. También la de Julian Assange, especialmente en el ojo del huracán tras su insistente apoyo al proceso independentista catalán.

El origen

¿De dónde salen exactamente todas estas cuentas que llegan a ejercer su influencia en elecciones a través de Twitter y Facebook? El origen está en Olgino, un distrito de San Petersburgo. Allí están las oficinas de Internet Research Agency, un llamado "ejército de trolls" que, con el apoyo del gobierno de Putin, crean auténticas campañas de desinformación y manipulación de la realidad. Algunos periódicos locales apuntaron a la existencia de más oficinas similares en otras ciudades rusas.

Sus empleados trabajan en salas de veinte personas durante jornadas de doce horas por crear y promover mensajes homófonos, racistas, xenófobos o defensores de la segunda enmienda de la constitución norteamericana y el derecho de los estadounidenses a portar armas. También para promover la desconfianza hacia ciertas instituciones políticas y sobre todo a intoxicar debates de la agenda pública. A cambio, según The Guardian, cobran entre 45.000 y 65.000 rublos, es decir, entre 650 y 950 euros, una cantidad muy por encima del salario mínimo.

Según Quartz, la actividad no se limitó a Rusia, sino que esa misma agencia llegó a pagar a cien "activistas" en Estados Unidos para que hicieran la misma labor desde dentro del país.

Facebook hizo un inventario con los anuncios susceptibles de haber sido contratados por estas agencias rusas, Twitter anunció un paquete de medidas preventivas en septiembre

Mark Zuckerberg, tras negar el problema, pasó a reconocer que Facebook ingresó dinero de estos actores a cambio de dar difusión extra a sus mensajes. Alex Stamos, su Director de Seguridad, reveló que unos 3.000 anuncios (por valor de 100.000 dólares) fueron comprados por unas 470 cuentas falsas entre junio de 2015 y mayo de 2017. De todos ellos, 2.000 estaban "potencialmente relacionados con la política". Tras admitirlo, pusieron la información a disposición de los investigadores del gobierno estadounidense y se mostraron abiertos a colaborar "en lo que fuese necesario".

Boris Kagarlitsky, opositor político ruso que dispara con frecuencia al gobierno de su país, cree que estas agencias, con RT a la cabeza, solo son "la continuación de los servicios de propaganda soviéticos", algo que tampoco debería ser una gran sorpresa para un país en el que los antiguos miembros del KGB ocupan puestos clave en empresas y administración.

La presión hacia Twitter (quien ya anunció sus nuevas medidas en septiembre) y Facebook para solucionar este problema va aumentando en la misma medida en que pasa el tiempo. Oxford habló de estas redes como "un peligro para la democracia" y algunos medios comienzan a ver sus victorias como un fracaso de la Inteligencia estadounidense.

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