Hablar de coches es hablar de diseño industrial. Que no es únicamente la transmutación en lo físico de un modelo 3D realizado en un ordenador, sino la compleja relación entre estética, mecánica, hardware y software que se produce en una máquina que está en contacto continuo con el conductor, desde que toma asiento y hasta que cierra la puerta al salir.
El diseño industrial a todas luces requiere una personalidad, una aproximación al rendimiento y la propia experiencia de usuario que pocas marcas encarnan mejor que Polestar.
Desde sus inicios como marca de competición, Polestar ha abordado sus coches no solo pensando en exprimir el máximo rendimiento a cada uno de sus componentes (y algo sabe de eso, considerando sus orígenes), sino en cómo el uso de la tecnología facilita una conducción más segura, agradable y comprometida con las expectativas del conductor. Una evolución que parte de la integración del IA y el software de Google, con una ejecución magistral, y alcanza a su nueva arquitectura eléctrica de 800 V, un estándar para recarga eléctrica que se cuentan entre los más rápidos del mercado y que llega ahora al recién renovado Polestar 3 y el próximo Polestar 5.
Android Automotive con Gemini: el mejor sistema operativo para coches, directamente desde el nivel de acceso
Cuando hablamos de diseño escandinavo o diseño sueco, son muy corrientes los alegatos a la practicidad y la simplicidad de uso. La falta de adornos innecesarios que dificultan el uso (el propósito, incluso) del objeto en cuestión. Algo que se enfrenta en ocasiones con una tecnología cada vez más densa, compleja y con cierta tendencia a lo abigarrado, pero que Polestar ha sabido implementar mejor que nadie gracias a Google.
Esto es algo que, además, se aprecia nada más arrancar el coche. Ya partiendo del Polestar 2, el modelo más pequeño de la casa, el entorno de conducción sorprende por la integración de Android Automotive, un sistema operativo extremadamente sencillo y accesible, hasta el punto de que es el único con el que la sustitución de algunos controles físicos tradicionalmente presentes en la consola central no parece una maniobra arriesgada para el conductor.
Fluido, rápido y facilísimo de manejar (es casi como un Android liso, pero para coches), proporciona todas las funciones de uso corriente en no más de uno o dos toques, sin necesidad de gestos complejos ni navegar a través de menús abigarrados, e incorporará próximamente soporte para Gemini, la IA de Google.
Gracias a esta característica, el centro multimedia y de navegación puede dar respuesta a preguntas complejas, calcular rutas con puntos de interés relevantes a los intereses del copiloto y amenizar el viaje a los ocupantes de formas que te sorprenderán. Si el control por voz del navegador ya te parecía un avance, espera a subirte a un Polestar y decir "Hey Google".
Drive AGX Orin: el hardware más potente de Nvidia blinda tu coche contra la obsolescencia (y hasta es ampliable)
Pero los coches Polestar no solo son una delicia por la simplicidad y el buen funcionamiento de Android Automotive. Esa fluidez resulta en gran medida de la integración del último hardware diseñado por Nvidia para la industria del automóvil, que incorpora en modelos como el Polestar 3 la plataforma Drive AGX Orin, presente en eso que ya conocemos como automóviles definidos por software.
Compuesto por 17.000 millones de transistores, el chipset Orin es capaz de proporcionar siete veces más potencia de procesamiento que los antiguos Nvidia Xavier, ofreciendo asimismo una arquitectura de GPU de nueva generación y núcleos de CPU ARM Hercules, así como aceleradores de aprendizaje profundo y visión computerizada.
Este hardware, sin igual en la industria, se ocupa de gestionar los sistemas de seguridad activa, las funciones del vehículo y los datos procedentes de sensores, culminando en la utilización de toda esta información por parte de los ADAS.
Prueba de la enorme potencia de este chipset es el hecho de que ha sido diseñado para gestionar el software y los sistemas de automóviles con nivel de conducción autónoma de Level 2 a Level 5 (que ni siquiera están disponibles), haciendo de los coches de Polestar lo que ya empezamos a conocer como future proof, más resistentes a la obsolescencia.
Tanto es así que los propietarios de un Polestar 3 con el hardware anterior pueden actualizar al nuevo si así lo desean, casi como quien cambia la CPU o la tarjeta gráfica a su PC.
Los Polestar 4 y 5 pierden la luna trasera: una decisión de diseño radical solo posible gracias a la tecnología
La forma en la que la tecnología ha ido moldeando el diseño exterior de los coches también es interesante, desde la implantación del túnel del viento a la iluminación LED ya estándar en todos los coches, pasando por la forma en la que los requisitos de refrigeración y las normativas de seguridad han afectado al reparto de volúmenes, el tamaño y las proporciones de los coches. A veces, con consecuencias extrañas, como la reducción de las lunas traseras.
Motivados por unos crecientes requisitos de eficiencia que obligan a buscar una aerodinámica sin mucho espacio tras las plazas posteriores, hemos sido testigos de la aparición de unos parabrisas cada vez más pequeños, hasta el punto de que apenas ofrecen visibilidad alguna. Polestar 4 y Polestar 5 identifican este problema y lo resuelven de forma expeditiva: directamente no tienen luna trasera.
Esta decisión, que podría ser la típica cuestión de diseño sin más pensamiento ni intención que llamar la atención, resulta todo un acierto, y es que el fabricante ha llegado a la conclusión de que puede proporcionar al conductor una mejor visibilidad usando una cámara trasera ultrapanorámica y un "espejo" que en realidad es una pantalla de alta definición.
Gracias a esta combinación, los Polestar 4 y 5 brindan una percepción del entorno superior a la de otros coches de su categoría, y gracias a su techo acristalado con oscurecimiento electrocrómico (opcional en Polestar 4), los pasajeros disfrutan de un entorno tan o más luminoso que si tuvieran detrás un parabrisas tradicional.
Una nueva era: arquitectura de 800 V para una carga hiperrápida
Para Polestar, 2026 será otro año de profunda evolución tecnológica. Comenzando por la potente actualización del Polestar 3 y terminando con el lanzamiento del impresionante Polestar 5, la compañía da un nuevo paso al frente con la introducción de una arquitectura eléctrica de 800 voltios que posteriormente se extenderá a otros modelos de la gama.
Se trata de un cambio de gran calado, puesto que afectará tanto a las prestaciones del coche como a la velocidad de carga, que será fulgurante en relación a la capacidad de la batería.
En la práctica, este salto tecnológico hará posible cargar su batería de 112 kWh a 350 W, abasteciendo sus 192 celdas en menos de lo que se tarda en tomar un café. Concretamente, pasar del 10 al 80% requiere poco más de 22 minutos. Esto es un 25% más que antes si nos referimos a los modelos Polestar... y casi el doble de rápido que la mayoría de eléctricos convencionales para cargar una batería con la mitad de capacidad.
Son cifras, como su 0 a 100 de 3,2 segundos (una auténtica barbaridad para un GT de 5 metros de largo) que ilustran los avances que Polestar viene introduciendo de forma continua en su gama desde su constitución como fabricante independiente hace casi 10 años, pero también un trabajo de integración que pone al conductor por delante de la máquina. Simplemente, otra forma de entender el progreso tecnológico aplicado al automóvil.
Imágenes | Polestar
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