Hay científicos revirtiendo el envejecimiento en ratones. La cuestión es si podrán trasladarlo a humanos

Hay científicos revirtiendo el envejecimiento en ratones. La cuestión es si podrán trasladarlo a humanos
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La eterna juventud sigue siendo un tema recurrente en el imaginario popular, y por tanto ha llamado la atención de infinidad de investigadores. En el laboratorio de la Escuela de Medicina de Harvard en el que trabaja el genetista David Sinclair (y que lleva su nombre) trabajan algunos de ellos. Su trabajo está centrado especialmente en la relación entre genética y envejecimiento, y conviene dar un breve repaso al estado de sus investigaciones.

Cambiar cómo percibimos el envejecimiento. En una intervención reciente en la cadena estadounidense CNN, Sinclair expuso la filosofía que en el laboratorio mantenían con respecto a lo que combaten: el envejecimiento. Para él y su equipo en envejecimiento es una enfermedad, con sus propios síntomas, y por raro que suene, no está solo en esta creencia. Lo que convencionalmente son consideradas enfermedades como el cáncer o el Alzheimer, algunas muy vinculadas con la edad, son para este grupo de expertos los síntomas.

El origen, los factores de Yamanaka. Las investigaciones del laboratorio están basadas en buena medida en el nivel genético y la línea de investigación más reciente no es una excepción. Las células cuentan con toda la información genética de nuestro cuerpo. Es por ello que resulta posible “rejuvenecerlas” hasta el punto de partida, y convertir una célula desarrollada en una célula madre. Shinya Yamanaka obtuvo el premio Nobel de Medicina en 2012 tras haber logrado seis años antes convertir células adultas de ratones en células madre.

¿En qué consiste el trabajo en el laboratorio Sinclair? Pero este proceso es “ir demasiado lejos” si lo que se busca es simplemente rejuvenecer, puesto que las células madre son el kilómetro cero, sin memoria, pueden transformarse en cualquier célula de las que componen nuestro cuerpo en función de los genes que se les activen. Es más, las primeras pruebas animales llevadas a cabo en un laboratorio de California que intentaron solventar este problema en 2016 se saldaron con ratones desarrollando tumores cancerosos, aunque no todos los experimentos de la época dieron malos resultados.

Entre la célula “envejecida” y la tabula rasa de la célula madre, Sinclair y su equipo ven la existencia de una “copia de seguridad” de la célula, ya desarrollada pero aún jovial. Se refieren a esta concepción como la “teoría de la información del envejecimiento”. Esta teoría los lleva a ver el envejecimiento como una pérdida parcial de información. La célula no puede leer la información (como si el CD en el que la almacena estuviera rallado, explica) y esto la llevara a olvidar cuál es su trabajo.

Cómo pasar de la teoría a la práctica. El equipo cree haber descubierto el botón para resetear la célula y devolverle la capacidad de leer su información genética como antes. Esto no es el elixir de la eterna juventud, a partir de esta vuelta a la configuración inicial la célula recuperada vuelve a envejecer de manera normal, pero es un paso sustancial. El equipo ahora ha logrado recuperar células dañadas en el nervio óptico de ratones con tan solo reactivar tres de sus genes.

Sí, pero… Sinclair, en su charla con la CNN se muestra optimista en cuanto a llevar estos progresos de modelos animales a humanos. “Lo hemos hecho en un ratón. No hay razón que se me ocurra por la cual no debiera funcionar en un humano.” Aunque lo cierto es que el paso de ratones a humanos es uno determinante en el que se quedan muchos tratamientos, y no saber qué pueda fallar no implica que nada vaya a fallar.

“Si fuéramos ratones, la enfermedad de Alzheimer, cáncer, diabetes y la mayoría da los desórdenes hereditarios serían cosa del pasado” escribe Sam Zimmerman, también investigador en la Universidad de Harvard. Compartimos más del 90% de nuestros genes con estos mamíferos y sin embargo éstos no funcionan de la misma manera, variando en función del tipo de célula en el que estén desarrollando su función.

Esto tampoco quiere decir que la vía esté necesariamente cerrada, pero es motivo de escepticismo. En cualquier caso, sí resulta imposible poner una fecha, aunque Sinclair, a sus 53 años, considera que él mismo podrá ser testigo del momento en que los resultados prácticos lleguen.

La edad biológica y la cronológica. Uno de los objetivos secundarios del laboratorio de Sinclair es el de democratizar el conocimiento sobre nuestra edad biológica. La edad biológica se distingue de la cronológica, esta última la que calculamos desde el día de nuestro nacimiento, en nos dice nuestro envejecimiento real.

La edad biológica puede medirse aunque existen ciertas discrepancias entorno a cómo, pero monitorizarla no está al alcance de todos. Para calcularla se recurre a una serie de biomarcadores y las pruebas médicas pueden requerir análisis que hay que pagar. Para Sinclair, un paso necesario para prevenir el envejecimiento es poder llevar un control sobre nuestro estado de salud.

A mí me funciona. El trabajo de Sinclair y su laboratorio es extenso y no está exento de controversias. El investigador tiene cierto hábito de experimentar consigo mismo sus consejos. Presume de una edad biológica más cercana a los 40 que a su edad cronológica y alega que es gracias a unos sencillos “trucos”. Algunos de estos están avalados por la comunidad científica, como el ejercicio regular, reducir nuestro consumo de carnes, reducir el estrés y dormir bien, etc.

Otros resultarían más polémicos. Un ejemplo de esto sería el consumo de suplementos de nicotinamida mononucleótida. El consumo de esta sustancia se basa en el trabajo que el propio Sinclair presentó hace casi una década su trabajo con ratones pero los estudios publicados más recientes aún hacen referencia a modelos animales.

Combatir a la genética. El trabajo del laboratorio Sinclair puede verse como una lucha contra la genética. Pone como ejemplo la predisposición genética a enfermedades como la diabetes o las enfermedades cardiovasculares. Es perfectamente posible que éstas acaben no manifestándose gracias a ciertas condiciones ambientales y a nuestro modo de vida. De la misma forma, una vida sana y buenas condiciones ambientales podrían ayudar a combatir nuestra predisposición genética a envejecer. La ciencia no está aún asentada, e, irónicamente, solo el tiempo lo dirá.

Imagen | Paul Theodor Oja

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