Unos científicos suecos decidieron drogar a salmones con cocaína y luego soltarlos. Pasó justo lo que cabía esperar

Los ejemplares dopados recorrieron muchos más kilómetros. Y eso es más importante de lo que parece

Salomcoca
3 comentarios Facebook Twitter Flipboard E-mail
carlos-prego

Carlos Prego

Editor - Magnet
carlos-prego

Carlos Prego

Editor - Magnet

En los ríos del mundo hay algo más que peces y algas. A menudo también se encuentran cantidades más o menos diluidas de sustancias químicas, incluidos pesticidas, fármacos y drogas ilegales. Lo comprobó hace unos años un equipo del King´s College que, tras tomar muestras en varios puntos del condado de Suffolk, en Inglaterra, se encontró con residuos de cocaína y ketamina. Los investigadores saben desde hace tiempo que la fauna silvestre está expuesta a esos compuestos, pero quedaba una duda: ¿Cómo les afectan las drogas en su entorno natural?

Para averiguarlo en Suecia han drogado a decenas de salmones.

¿Drogar salmones? Así es. Suena extraño, pero es exactamente lo que han hecho un grupo de científicos de la Universidad Griffith, la Sociedad Zoológica de Londres y el Instituto Max Planck, entre otros organismos. Básicamente cogieron 105 salmones (Salmo salar) de una piscifactoría, los dividieron en varios grupos y les añadieron implantes que les suministraban drogas. Luego los soltaron. Más o menos como en el famoso caso de Cocaine Bear, pero de forma planificada.

Y

¿Cómo lo hicieron? A 35 de esos salmones se les implantó un dispositivo especial que liberaba coca lentamente en su organismo. A otros se les incorporó un sistema similar, aunque modificado para que suministrara benzoilecgonina, el principal metabolito de la cocaína. El tercer grupo no recibió ninguna sustancia para que actuará a modo de control. Una vez preparados, los salmones, todos ejemplares jóvenes, se liberaron en el lago Vättern, al sur de Suecia.

Durante ocho semanas los investigadores se dedicaron a averiguar cómo se comportaba cada grupo. Los ejemplares del experimento llevaban un dispositivo de seguimiento especial, por lo que (con ayuda de sensores instalados alrededor del lago) los científicos podían seguir su rastro y calcular cuánto nadaban.

¿Y qué averiguaron? Que los salmones drogados se comportaban de forma muy diferente a los 'sobrios'. Sobre todo los que recibían benzoilecgonina. Tras liberar los peces en la orilla suroeste del Vättern los investigadores comprobaron que los salmones expuestos a la coca nadaban de media cinco kilómetros más que los 'limpios', una diferencia considerable que se queda corta sin embargo cuando se analizan los ejemplares a los que se suministraba el metabolito. Ellos nadaron casi 14 km más, lo que los llevó a adentrarse hacia el área norte del lago.

"El equipo descubrió que los peces expuestos a la benzoilecgonina nadaban hasta 1,9 veces más lejos por semana que los no expuestos y se dispersaban hasta 12,3 km más lejos", añade la Universidad Griffith. El organismo aclara además que los cambios "se hicieron más evidentes" a medida que pasaban los días, lo que demuestra que la exposición a la coca altera el comportamiento de la fauna.

¿Por qué es importante? Que los salmones drogados naden más kilómetros y abarquen mayor espacio que otros sin 'dopar' es más importante de lo que pueda parecer. Esos cambios de comportamiento influyen en aspectos como qué lugares ocupan los peces, dónde se alimentan o los riesgos que afrontan. Más kilómetros se traduce además en un mayor esfuerzo físico, lo que obliga a los salmones a buscar más fuentes de las que nutrirse para recuperar energías.

"El lugar al que van los peces determina qué comen, qué los come y cómo se estructuran las poblaciones", comenta el doctor Marcus Michelangeli. "Si la contaminación está generando estos patrones, tiene el potencial de afectar a los ecosistemas de maneras que apenas estamos empezando a comprender".

¿Pero eso ya se sabía, no? Sí. Y no. Sabíamos que la fauna acuática está expuesta a las drogas que nosotros consumimos. Lo probó el estudio de 2019 en Suffolk y otros, como el realizado en 2016 en Puget (Washington), durante el que los investigadores detectaron restos de Prozac, Lipitor y cocaína en el organismo de salomes. También sabíamos que esas sustancias alteran el comportamiento de la fauna silvestre. De hecho los científicos ya comprobaron cómo las pulgas de agua expuestas a coca nadan más rápido o los cangrejos son más temerarios.

Lo realmente interesante del estudio realizado en Suecia es que ha permitido ir un paso más allá: salir de los laboratorios, que eran el espacio aislado en el que se habían realizado hasta ahora esa clase de experimentos, y realizar investigaciones en entornos naturales y las mismas condiciones que se encuentra la fauna.

No ha sido fácil. Aunque el equipo garantiza que todo el experimento se ha hecho en condiciones seguras para el ecosistema y los humanos. Conseguir todos los permisos necesarios, confiesan los investigadores, fue "un proceso tedioso".

¿Y qué hacer ahora? El doctor Jack Brand, de la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas, reconoce que hacen falta más estudios para comprender bien las consecuencias que tiene la contaminación en los ríos, lagos y mares. Es una cuestión importante, entre otras razones porque la sustancia que más ha alterado a los salmones es la benzoilecgonina, que tiene una incidencia especial.

"Fue el metabolito, que sabemos que se encuentra en concentraciones más elevadas en la naturaleza, el que tuvo un efecto mucho más profundo en el comportamiento y el movimiento de los peces", advierte en declaraciones a The Guardian. "Esto sugiere que si realizamos evaluaciones sin incluir compuestos como estos metabolitos y sus derivados, podríamos estar pasando por alto una parte importante del riesgos ambiental al que exponemos a estos animales".

Imágenes | Colin Davis (Unsplash), Katmai National Park and Preserve (Flickr) y Scazon (Flickr)

En Xataka | En 2001 un yate se refugió en una isla remota del Atlántico. Días después sus habitantes empanaban pescado con coca

Inicio