A la hora de elegir un televisor, se prestar atención normalmente a la calidad de imagen, las pulgadas, la estética y otros factores que “entran por los ojos” literalmente, pero se suele dejar de lado el sonido. En la práctica, los fabricantes de televisores se ven condicionados a la hora de diseñar un sistema de audio para un televisor de última generación donde son mandatorios los grosores ínfimos y diseños minimalistas.
El sonido sigue siendo analógico en la parte de la reproducción, puesto que, en general, la intensidad y la percepción del mismo dependen de la potencia de las ondas sonoras y su posicionamiento en el espacio. Y para generar ondas sonoras se necesitan elementos mecánicos como los altavoces, que no pueden ser miniaturizados fácilmente sin que sus propiedades se vean afectadas.