Qué fue de Terra, el icono de la red que llegó a crecer un 213% en bolsa y terminó arrasado por la burbuja

Qué fue de Terra, el icono de la red que llegó a crecer un 213% en bolsa y terminó arrasado por la burbuja
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— ¿Correo electrónico?

El boli de la secretaria pendulea sobre el formulario a medio rellenar. A mis espaldas tengo una fila con otros cinco o seis alumnos del instituto, todos con sus impresos en las manos y cara de necesitar tanta ayuda como yo para cubrirlos. Cosas de la administración "pre digital". Al verlos la impaciencia de la mujer parece transmitirse al balanceo del Bic como si de un sismógrafo emocional se tratara.

Llevamos ya unos cuantos minutos repasando datos para los formularios de acceso a la universidad (nombre, dirección, teléfono, nota media, preferencias...), pero aquello del correo electrónico me pilla con el pie cambiado y mi cara, claro está, es toda una oda al "qué me estás contando".

— No tienes, ¿verdad? —La secretaria me mira por encima de sus gafas. Su Bic parece haber metido quinta. Me recuerda a Tamariz con el viejo truco del boli que se dobla al agitarlo.

No, no tenía email. Es el verano de 2006, el de El Koala y O-Zone, y yo, a mis 17 años, no tengo más contacto con Internet que alguna que otra visita los fines de semana al cíber del barrio.

La mujer resopla, aparta el formulario y el boli —a esas alturas ya en sexta— y empieza a teclear con habilidad de mecanógrafa titulada en el ordenador que tiene sobre la mesa. En la parte superior de la pantalla aparece un logo multicolor sobre un fondo naranja butano y cinco letras blancas: "Terra".

— A ver... ¿Cómo quieres que lo llamemos? —me lanza.

Así cree mi primer email. En Terra Networks.

En realidad, por aquel verano de 2006 casi todo Internet era Terra para mí. Lo sé, la compañía estaba ya muy lejos de sus mejores años y de aquella salida fulgurante a Bolsa; pero para muchos hispanohablantes, yo incluido, seguía siendo una de las grandes puertas de referencia en la Red.

Historia de una de las grandes "puntocom"

Aquel primer email mío improvisado en la secretaría del instituto para salir del paso acabaría desapareciendo once años después, el 1 de julio de 2017. Y con él gran parte de la propia Terra, uno de los nombres indispensables en la historia tecnológica patria del cambio de siglo.

Los orígenes de Terra se remontan a finales de los 90 y tiene su primer gran capítulo en 1999, cuando se fundó bajo el paraguas de Telefónica y protagonizó un debut épico en Bolsa. A finales de ese mismo año —en noviembre— se estrenó en el parqué con una subida de más del 213% en una sola jornada, lo que en poco tiempo le permitió colarse entre las empresas españolas de mayor capitalización —por encima incluso de Repsol o BBVA— y entrar incluso en el Ibex 35.

Fruto de una suma de talento y trabajo, de ingenieros jóvenes recién salidos de la universidad o embarcados en TeleLine, la filial de Telefónica de acceso a Internet, Terra se convirtió en una de las grandes empresas de contenidos en Red para el mercado hispano luso. No solo eso. A su modo fue la punta de lanza de la política digital de Telefónica y probablemente el mayor exponente de las puntocom en la España que arrancaba el siglo XX. Con todo lo bueno. Y lo no tan bueno.

Tan positivas eran sus expectativas que en 2000 Juan Villalonga, al frente de Telefónica, presumía sin rubor de aquella joya puntocom: “en tres años valdrá tanto como todo el grupo Telefónica gracias al espectacular crecimiento que experimentan todas las áreas de negocio vinculadas a Internet”.

El tiro era ambicioso, pero falló de pleno.

Ya hacia la primavera de 2000 las noticias que llegaban de EEUU hicieron que el valor de las acciones de Terra se contrajese e iniciase un período de vaivenes que llevó a Telefónica a presentar en 2003 una oferta para hacerse con el cien por cien del capital de la filial. La firma dejaría de cotizar no mucho más tarde, en 2005, pasados apenas seis años desde su estreno en el parqué.

No fue la única jugada de Telefónica para relanzar a Terra.

La compañía ajustó su presupuesto y apostó por un giro, un cambio de enfoque inspirado en los contenidos que sí le estaban funcionando en América Latina. El acento —como os contábamos en 2017— se puso en las retransmisiones en directo. Y a lo grande, además. Se emitieron festivales, algunas ligas europeas o incluso los Juegos Olímpicos con un amplio despliegue de cámaras.

La apuesta quizás no sirvió para que Terra remontara, pero la consolida en una de sus grandes facetas: la de pionera en la Red. Suyo es el mérito de haber sido de las primeras en emitir partidos en streaming, ofrecer más de medio millón de canciones y cientos de películas online y cubrir citas deportivas con un despliegue de cámaras entre las que el usuario incluso podía escoger.

1366 2000

La idea —como explicaba uno de los directivos de la compañía— estaba clara: reinventarse, reposicionar la marca aprovechándose de su empuje y reenfocar su filosofía. “Pasar de un portal de Internet a un medio de comunicación”, en resumen. El problema es que en 2012 la Red se parecía muy poco a la del 99: la competencia en cuanto a contenidos era brutal, las redes empujaban con fuerza —incluido Tuenti, desde 2006— y el refuerzo de la parte editorial no sirvió para reflotarla.

Años después, el 31 de junio de 2017, la otrora prometedora Terra anunciaba su decisión de echar el cierre en todos los países en los que operaba salvo en Brasil. Con ella se llevaba una parte clave de la historia tecnológica reciente de España y los primeros pasos en la Red de muchos usuarios.

¿Cómo se explica su caída desde los cielos de 2000 a la nota con la que se despedía en 2017?

Por una suma de factores, como es habitual.

Terra acabó convirtiéndose en uno de los exponentes de la burbuja de las puntocom y sufrió los efectos de la crisis de 2000, con el desplome de Nasdaq. Como pionera también le tocó sufrir las consecuencias de la falta de experiencia con el modelo de negocio en la Red: faltaban claves. “La gestión no fue buena y no hubo una curva de aprendizaje que permitiera a empleados y accionistas valorar en su justa medida lo que era un portal de Internet”, explicaba un exempleado a ABC.

“Aprendimos a convivir con lo digital. Las primeras adaptaciones a dispositivos, mercados verticales, productos ligados a banda ancha… Todo eso nos valió para tener la tecnología que tenemos ahora —reflexiona el antiguo trabajador—. Pasó del todo a la nada precisamente porque había mucha turbieza en algunos directivos que simplemente miraron por sus intereses personales”.

Que su historia acabase con un adiós o se viese salpicada por escándalos como el del caso Olé, no le resta importancia en la crónica digital del arranque de milenio. Su nombre estuvo ligado a apuestas pioneras, movimientos del calibre de la operación de Lycos y una rica diversidad de servicios gracias a alianzas con firmas del sector de entretenimiento del calibre, entre otras, de Disney o ESPN.

A su modo, como reivindicaba Juanjo Amorín el mismo día en que se anunciaba el fin de Terra, sirvió de cantera de profesionales. “Como se decía estos días en LinkedIn, la gran escuela de trabajadores de Internet en España salió del ecosistema de Terra”, destacaba el empresario digital en 2017.

Y de usuarios, diría.

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