Detectan átomos de oxígeno por primera vez en la atmósfera de un exoplaneta, y no en cualquiera: el "afortunado" es el más caliente conocido

Detectan átomos de oxígeno por primera vez en la atmósfera de un exoplaneta, y no en cualquiera: el "afortunado" es el más caliente conocido
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Cuando los astrónomos lo descubrieron, en 2017, KELT-9b, una enorme mole de hidrógeno, helio y metales situada a unos 650 años luz de la Tierra, acaparó titulares por una de sus peculiaridades: su tremenda temperatura, la mayor de la que se tiene constancia entre los planetas extrasolares. Con unos valores diurnos que superan los 4.300 grados, el gigante gaseoso KELT-9b se convirtió en lo más parecido al infierno que conocemos. Su tamaño es muy superior al de Júpiter, el gigante del sistema solar, y es tan caliente que incluso supera a muchas estrellas.

Más de cuatro años después descubrimos, sin embargo, que KELT-9b nos deparaba más sorpresas. Y de calado, además. Un equipo internacional en el que ha participado el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) se ha despedido de 2021 publicando un artículo en Nature Astronomy en el que revela que se han detectado átomos de oxígeno en su atmósfera. Nunca antes, hasta ahora, se había localizado este compuesto en la atmósfera de un planeta extrasolar.

El valor de un buen modelo

Para analizar las atmósferas de planteas como KELT-9b los investigadores se aprovechan de sus órbitas alrededor de sus estrellas anfitrionas. Cuando pasan ante ellas la luz atraviesa su atmósfera y permite a los expertos analizar sus características o conocer su composición. Esa treta, por la que los astrónomos aprovechan los pequeños eclipses, se conoce como método de los tránsitos.

En el caso de KELT-9b tan interesante como el hallazgo es precisamente la forma en cómo lo han logrado los científicos. Un modelo informático diseñado para estudiar exoplanetas calientes avanzaba ya la presencia de átomos de oxígeno, así que el equipo recurrió a los datos del Observatorio de Calar Alto, en Almería, y lo comprobó. El resultado no solo confirma la (nueva) peculiaridad de KELT-9b. Sirve también —destaca en un comunicado Denis Shulyack, investigador del IAA-CSCI— para demostrar que es posible crear “modelos realistas de exoplanetas”.

“Aunque todavía no es posible realizar observaciones similares de las atmósferas de planetas más pequeños y fríos, algún día lo será. Consideramos este trabajo como un ensayo general para otros futuros de búsqueda de oxígeno en las atmósferas de diferentes planetas de la galaxia, incluidos los mundos más pequeños, posiblemente habitables”, abunda Shulyak, quien insiste en la importancia del hallazgo que acaban de lograr en KELT-9b: “La concordancia entre el modelo y las observaciones es un hito en nuestra exploración de los planetas fuera del Sistema Solar”.

La pregunta del millón a estas alturas es: ¿pueden los átomos de oxígeno llevarnos a pensar que hay vida en esa enorme mole achicharrante que es KELT-9b? Los expertos son rotundos. Teniendo en cuenta las temperaturas, no lo ven. “Nuestro equipo detectó las huellas del oxígeno atómico en el espectro del planeta. Dado que KELT-9b es un planeta gigante gaseoso muy caliente esta detección no es un indicio de la presencia de vida, pero es la primera definitiva de átomos de oxígeno en la atmósfera de un exoplaneta”, anota Francesco Brosa, investigador del observatorio di Brera.

El hallazgo corrobora en cualquier caso la peculiaridad de KELT-9b, un gigante gaseoso similar a Júpite —aunque, eso sí, es 1,8 veces mayor y su masa es 2,9 veces superior— y situado tan cerca de su estrella anfitriona que completa una órbita en apenas 36 horas, una cercanía que le dota de una temperatura brutal. En su atmósfera es tan alta que incluso se podría fundir hierro.

Imagen de portada | NASA

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