Ucrania está paralizando las refinerías rusas tan solo atacando las piezas más difíciles de sustituir

Las sanciones dificultan las reparaciones y enorme la extensión del territorio ruso complica su defensa

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Alexandra Ramírez

Colaborador

Es muy posible que cuando Rusia decidió invadir Ucrania el 24 de febrero de 2022, pensase que iba a ser una operación sencilla que no se alargaría en el tiempo. Craso error. El país ucraniano le sigue dando la batalla a día de hoy a la que es considerada la segunda potencia militar del mundo. En los últimos meses, además, Kiev ha encontrado la manera de atacar de forma quirúrgica uno de los principales pilares estratégicos del PIB ruso: las refinerías. 

Y lo está haciendo dando toda una lección sobre ataques de precisión. Una refinería puede ocupar cientos de hectáreas con miles de equipos industriales. Sin embargo, para interrumpir su actividad no hace falta destruirla entera. Ucrania está explotando esa vulnerabilidad haciendo que para Moscú reparar los daños sea tan complicado como impedir el siguiente ataque.

Una campaña coordinada. Cuenta The Washington Post que los ataques a las refinerías rusas son parte de una campaña ucraniana coordinada que busca dejar fuera de servicio las infraestructuras energéticas rusas, al igual que está haciendo Putin con las instalaciones ucranianas. Lo que está haciendo Kiev es apuntar a componentes críticos del corazón de las refinerías, en lugar de intentar destruir emplazamientos completos. Lo hace gracias a los grandes avances en la producción de drones y a la inteligencia militar con la que los aliados les están ayudando. 

Además de las refinerías, Ucrania también ha conseguido dañar otras instalaciones industriales relacionadas con el petróleo, como tanques de almacenamiento de combustible, infraestructuras de bombeo y oleoductos por todo el país, por lo que el transporte también se está viendo comprometido. A finales de agosto de 2026, la mitad de la capacidad total de refinación de Rusia ha quedado fuera de servicio, como explica El Confidencial.

A por el corazón de la refinería. El resultado de esta campaña es devastador, según el mismo medio. Los ataques han ido directamente a por las denominadas unidades ELOU-AVT, por sus siglas en ruso, esenciales en las primeras etapas del procesamiento del petróleo. Son desalinizadores eléctricos que se encargan de eliminar el agua y la sal del petróleo crudo, antes de que entre en unidades de destilación que continúan con el proceso de refinado. Si una de estas unidades queda inutilizada, una parte importante de la refinería puede perder su capacidad de procesamiento, aunque otras instalaciones no hayan sufrido daños directos.

«Nuestro objetivo son las partes más importantes de la refinería. No necesitamos atacar toda la planta. Sabemos dónde impactar para que se detenga y no se recupere», declara un comandante de un batallón de drones ucraniano en una entrevista con The Washington Post, que pide ser identificado con su indicativo militar Tango.

Piezas difíciles de reparar. Según un análisis del periódico estadounidense, de los 54 impactos estudiados, más de la mitad parecen haber dañado estas partes críticas de las instalaciones. Según expertos consultados por el medio, no se trata tanto de que los objetivos alcanzados sean irreparables, como de que la frecuencia de los ataques impide tener el tiempo necesario para poder proceder a su reparación.

Además, añaden que la reparación de estas piezas es cada vez más difícil, debido a las sanciones impuestas sobre Rusia que complican bastante el acceso a componentes nuevos. Y es que desde el mismo día siguiente a la invasión de 2022, la Unión Europea prohibió la exportación de equipos de destilación atmosférica al vacío y de procesamiento secundario a Rusia, entre otras medidas dentro de un amplio paquete de sanciones.

Ocuparse de infraestructuras críticas privadas. Vladimir Putin ha reconocido recientemente que estos ataques ucranianos sobre las refinerías de petróleo rusas han logrado perjudicar su economía. Según los cálculos del ejecutivo, estos ataques les habrían hecho perder alrededor del 1% de su PIB. Para hacer frente a futuras ofensivas, el mandatario ruso ha aconsejado a las empresas a hacerse con sus propios sistemas de defensa aérea y ha anunciado un decreto que permite al Estado ocuparse de infraestructuras críticas privadas, incluyendo, claro está, las refinerías, si sus dueños no pueden protegerlas. 

La geografía, en contra. Putin también se ha comprometido a mejorar las defensas aéreas del país. Sin embargo, esa ventaja histórica que ha tenido siempre Rusia a su favor, como es la enorme extensión de su territorio, se está convirtiendo ahora en un obstáculo para su defensa. Sus refinerías están distribuidas por regiones muy alejadas entre sí y protegerlas exige desplegar sistemas de detección, interceptación y defensa en numerosos puntos. Como consecuencia, cuenta The Washington Post que las fuerzas aéreas están dispersas por el país, buscando cómo resolver un problema logístico cuando las amenazas pueden alcanzar objetivos alejados del frente.


Imagen | Frederick Shaw

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