Que Doñana parezca un páramo no sólo es cosa de la sequía. Este dramático mapa de la NASA lo explica

DOÑANA
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Doñana ya no parece ni por asomo lo que fue antaño. Este paraje natural que da vida a diferentes ecosistemas acuáticos y terrestres y que un día fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, se está secando, literalmente. En las últimas décadas, algo ha estado alterando su paisaje. El acuífero se encuentra actualmente por debajo del 30% de su capacidad, resultado de años consecutivos de pocas precipitaciones, que han tenido un gran impacto en la biodiversidad de la zona.

Pero no sólo es la sequía.

Precisamente, el agua subterránea que hace que el humedal esté nutrido, también está siendo usada para otros usos fuera del parque nacional. La agricultura y el turismo más allá de las fronteras del parque están agravando el bajo suministro de agua, necesario para la fauna (animales como el lince ibérico o el águila imperial están en peligro de extinción), y las plantas. Y, a la vez, ha originado una disputa constante entre los agricultores de la zona.

En las últimas décadas, los agricultores cerca del humedal han pasado de cultivar productos adaptados a la sequía, como aceitunas y cereales, a cultivos más intensivos en agua, como las fresas. Por otro lado, el área se enfrenta también una sobreexplotación del acuífero y cientos de pozos ilegales en el limbo.

En Magnet hemos hablado del fenómeno y hemos recogido en el pasado algunas fotografías satelitales de Copernicus para comparar cómo la sequía y las malas políticas están haciendo mella en la zona, así como la metamorfosis que ha experimentado. Hoy, sin embargo, traemos otra prueba fehaciente de manos de la NASA de cómo el ser humano (y no tanto el clima) está rematando por completo este reducto de la naturaleza.

mapa doñana nasa

Tal y como podemos ver en el mapa, el bajo nivel de agua en una gran zona de Doñana y las anomalías de los últimos años no pueden explicarse sólo por el clima. Este estudio ha usado datos satelitales de más de tres décadas para entender cómo las demandas humanas sobre el acuífero han afectado a los estanques.

Para ello, los científicos de la Estación Biológica de Doñana utilizaron imágenes Landsat para cuantificar el alcance y la duración de las inundaciones en 316 estanques entre 1985 y 2018 y añadieron los datos de temperatura, lluvia y uso del suelo de ese momento para ilustrar qué parte del problema se debe a factores climáticos y qué parte a al ser humano.

La conclusión es bastante trágica: el uso ajeno de agua subterránea provocó que la mayoría de los estanques analizados se llenara con menos frecuencia y, en algunos casos, se secaran por completo. De hecho, los impactos más notables aparecen justo donde se bombea el agua. Por ejemplo, la ciudad turística de Matalascañas construida desde 1970 a lo largo de la costa, aprovecha las aguas subterráneas para regar un campo de golf. Y en la franja occidental del parque, los invernaderos que cultivan fresas y otros cultivos de bayas extraen agua del acuífero para el riego.

Solo ocho estanques en el norte del parque han seguido llenándose de agua. Más incluso de lo esperado teniendo en cuenta el clima seco y poco lluvioso. En este caso, los autores creen que se debe a la restauración de arroyos y la eliminación de eucaliptos a principios de los años 2000.

Comparación del Parque de Doñana entre 2011 y 2022. Comparación del Parque de Doñana entre 2011 y 2022.

Tal y como explicamos en este otro artículo, durante la última década se ha llevado a cabo una agricultura intensiva alrededor de Doñana. En este caso, eso ha implicado la prolifeferación de pozos ilegales en la zona, a la que las instituciones han dado la espalda en muchos sentidos. Muchos de estos pozos no son legales ni están declarados y se camuflan dentro de invernaderos. El problema lleva sobre la mesa mucho tiempo, pero ha sido este 2023 el que nos ha devuelto al drama por una polémica proposición de ley (hecha para explotar aún más su hidrografía).

La Comisión Europea ha estudiado el caso y avisó hace unos meses al Gobierno de las consecuencias y posibles sanciones a las que se podría ver expuesta España. Ya el Tribunal de Justicia Europeo condenó la alteración de los hábitats protegidos provocada por las extracciones de agua subterránea. Y, tanto las organizaciones ecologistas como la UE consideran que esta situación es insostenible a largo plazo. 

Mapa e imágenes: Earth Observatory / NASA

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