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Samsung Gear S, toma de contacto

Samsung Gear S, toma de contacto
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Seis dispositivos de una misma categoría y competidores entre sí. Está claro que solo una compañía como Samsung es capaz de hacer esto. En el buen y en el mal sentido porque aunque se puede cuestionar su estrategia hay que reconocerles su excelsa capacidad de producción e innovación con diseños e ideas de todo tipo. Sin duda la más atrevida de ellas es la que han presentado en IFA: Samsung Gear S.

Definiéndolo rápido, y cogiendo como referencia el trabajo de los modelos anteriores, podríamos decir que el Gear S coge dos ideas que ya había trabajado. Coger la pantalla de un Gear Fit y darle un formato más cuadrado al estilo del Gear 2. El resultado es el que hemos visto en Berlín y tras verlo originalmente en los renders 3D es el momento de que pase por nuestra muñeca.

La búsqueda de su smartwatch continúa

Llegamos a las mesas habilitadas por Samsung para probar los dispositivos presentados en el Unpacked y hay que reconocer que, de primeras, el Gear S impresiona. Su pantalla tiene esa atracción que ya emanaba la Gear Fit. Tiene ese toque futurista que hace pensar que estás ante un gadget del futuro. Sin embargo su efecto sorpresa no viene solo por lo positivo.

El Gear S es grande. No es algo que la propia Samsung oculte ya que ellos mismos nos recuerdan de que se trata de una pantalla curva OLED de dos pulgadas. Sin embargo, verlo y ponérselo en la muñeca impresiona. Soy usuario habitual del Pebble Steel, que me parece tiene un tamaño perfecto, y verlo al lado me hace darme cuenta de que, efectivamente, lo que ha presentado Samsung no es precisamente pequeño.

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Por supuesto aquí ya entran preferencias de todo tipo pero quitando esta variable de la ecuación hay que reconocer que han hecho un gran trabajo. La pantalla se ve muy bien y al añadir más anchura solucionaba el problema de la lectura horizontal de la Gear Fit. Es grueso pero algo normal si lo comparamos con un reloj convencional. Cómodo, atractivo, con gestos fáciles de hacer y sin problemas a la hora de leer cuando la llevamos puesta.

Choca un poco el botón físico. Una posición heredada completamente del formato smartphone con dos pulsadores táctiles a los lados del principal. El primero es cómodo pero los otros parece que va a costar un poco más acostumbrarse. Cuestión de gustos pero creo que a los lados tendría más sentido ya que estamos acostumbrados a verlos ahí.

Desde el Mobile World Congress, Tizen ha evolucionado un poco y el salto a una pantalla más grande le ha servido para sacar más músculo y darse a conocer como un sistema más complejo. Se deja notar como una herramienta más independiente y que ofrece más información. De hecho, ahí es donde de verdad Samsung marca la diferencia: dar autonomía a su reloj y no estar siempre pendiente de un móvil.

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Esto conlleva un compromiso de aceptar un tamaño que no será del gusto de todo el mundo. Sin embargo, ganamos poder hacer cosas con él sin necesidad de llevar el móvil encima. Algo muy útil por ejemplo para cuando queremos hacer ejercicio y no queremos llevar el móvil encima para algunas cosas como por ejemplo escuchar música o ir cuantificándonos.

Queda por ver si Tizen sigue creciendo y se convierte en una alternativa a Android Wear. De momento ha logrado atar muchos acuerdos importantes y empresas como Nike o Here estarán en nuestra muñeca a través de aplicaciones adaptadas. La lista es más grande y aunque esto le da mucho valor hay algo que sigue pesando mucho: la exclusividad de compatibilidad con determinados, que no todos, móviles de Samsung.

En este sentido Samsung ha entendido bien las críticas que han recibido muchos dispositivos de muñeca: están bien pero les falta alguna función. En este sentido Samsung pone mucha ambición para querer poner muchas funciones en un dispositivo tan pequeño. Queda por ver si en el día a día todo encaja o, como en otros intentos de llegar a esta utopía, nos encontramos con muchas buenas intenciones pero una mala ejecución.

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Samsung Gear S, una ambición tan grande como su reloj

He de reconocer que Samsung ha presentado muy buenas ideas con su Gear S: un ecosistema más rico, una pantalla curva táctil que funciona muy bien pero con un diseño que si bien está justificado puede que a más de uno eche para atrás. Es un reloj bastante grande y aunque no es especialmente pesado más de uno se lo va a pensar. Tiene cierta elegancia pero sigue teniendo ese aspecto de gadget y no tanto de reloj.

Queda por ver qué tal en el día a día. La propuesta es buena y atrevida pero sobre la mesa tiene unos cuantos competidores que se lo van a poner difícil tanto por precio, no parece que el Gear S vaya a ser asequible de primeras, y por compatibilidad o versatilidad a la hora de sincronizar. Ganas no faltan de darle una oportunidad.

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