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El veneno de los alimentos o cómo envenenar informativamente a la opinión pública

El veneno de los alimentos o cómo envenenar informativamente a la opinión pública
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"Muchos de los alimentos que consumimos a diario pueden contener sustancias muy nocivas para la salud, que pueden llegar a encontrarse en un taller de coches", así empezaba el anuncio de un documental que refleja, a la perfección, todos los problemas que tenemos dentro de la comunicación científica y sanitaria. Ejemplos hay a cientos: Documentales, artículos o programas de radio donde se pueden escuchar cosas como "Un bote de veneno (arsénico), unas pilas de botón con mercurio y un bote de insecticida, ¿se comerían todo esto?" para acto seguido indicarnos que el arroz lleva arsénico, el pescado lleva mercurio y la fruta, pesticidas.

Para diseccionar estos problemas, hemos escogido un programa concreto de 'En el Punto de Mira' que habla del "veneno de los alimentos". O, mejor dicho, explica que los alimentos que consumimos todos los días están llenos de productos químicos peligrosos y que deberíamos tener cuidado. Pero, en realidad, no es así. Todo el programa está construído sobre medias verdades utilizadas para generar un alarmismo que no está justificado. Hoy, en Xataka, repasamos y contextualizamos una forma de comunicar ciencia y salud que podría afectar a la alimentación de miles de personas.

El arsénico en el arroz

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"El arsénico es uno de los venenos más antiguos y letales que conocemos y sin darnos cuenta lo consumimos cada vez que nos tomamos un plato de arroz. ¿Cómo es posible que algo tan tóxico acabe en nuestro plato?"

Pues sí, como afirmaban en el programa el arroz contiene arsénico. El 25 de junio de 2016 la Comisión Europea aprobó una modificación regulatoria que limita la cantidad de arsénico permitido en el arroz y el resto de sus derivados. Ese mismo mes, JAMA Pediatrics publicaba un estudio en el que se comprobaba que los niños que consumen más arroz tienen mayores concentraciones de arsénico en la orina. Ya en 2005, Nature publicó una comparativa de las cantidades de arsénico inorgánico que tenían los arroces producidos en EEUU, Bangladesh, India o Europa y alertaba que el americano tenía unos niveles mucho más altos que el resto.

¿Es esto un problema? No. No actualmente, al menos. Jim Coughli explicaba hace unos años que “los niveles encontrados son bajos”, que no hay riesgo a corto plazo y que “el arsénico está en todas las comidas. Lo encontramos en frutas, vegetales y granos, donde incluimos al arroz. Pienso que el arroz es seguro y nutritivo”.

El catedrático de la Universidad Miguel Hernández de Alicante Ángel Carbonell explicaba a El Mundo que aunque él considera que los niveles establecidos por la Comisión Europea siguen siendo aún demasiado altos, admite que "los estudios que venimos realizando demuestran que la industria está haciendo un esfuerzo y los niveles de arsénico inorgánico se han reducido considerablemente en las últimas décadas".

El mercurio en el pescado

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"- ¿Qué riesgo tiene (consumir pescado)para la salud? - Los efectos son cada vez mayores - ¿Pero esto está controlado? ¿Estamos seguros? - Hemos estado sometidos a unos niveles de contaminación que las autoridades consideraban seguras, pero no lo son"

También es cierto, como explicaban en el programa, que podemos encontrar mercurio en el pescado. Además, este hecho es muy conocido y suele existir cierta leyenda urbana, sobre todo, en los pescados grandes sobre su peligrosidad. El problema fundamental es que, efectivamente, el mar tiene mercurio (muy poco, pero lo hay) y acaba pasando a la cadena alimenticia.

¿Es esto un problema? Tampoco. Al menos, a no ser que nuestra dieta se base fundamentalmente en focas y otros mamíferos acuáticos. La toxicidad del mercurio varía según la forma en que se presente y el consumo de pescado en condiciones normales no debe ser causa de alarma. Es más: la realidad es que no comer pescado es peor para la salud que comerlo.

El profesor Jose Miguel Mulet explicaba que los muestreos que se hacen en las especies más problemáticas no son alarmantes y que otros compuestos como el selenio, del que también son ricos los pescados, impiden que el mercurio se absorba.

Los pesticidas en la fruta

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"¿Son las frutas y las verduras un refugio libre de contaminantes? ¿Sabían que solo en las huertas y cultivos españoles 40 mil toneladas de fertilizantes y pesticidas? ¿Son seguras?"

La última idea que repasaremos del programa (que existan trazas de pesticidas en los alimentos) también es popular. Porque, además, es lógica. No todo el mundo sabe cómo es posible que el mercurio llegue al pescado, pero sí que es de dominio público que la agricultura usa plaguicidas continuamente. Así que, como suelen insistir los defensores de cierta alimentación ecológica, esos compuestos suponen un riesgo innecesario.

¿Es esto un problema? Los datos dicen que no. Según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), la máxima autoridad europea en temas de alimentación, el 98,1% de las muestras de alimentos analizadas cumplen con los límites legales de plaguicidas. Es más, en el 53,4% de las mismas no se pudo detectar ni un resto de estos terribles compuestos.

Y no hablamos de cuatro o cinco muestras al azar. Se analizan casi 900 compuestos en más de 79.000 muestras de más de 600 productos alimenticios por toda Europa. Tal y como explicaba el profesor Jose Manuel López Nicolás, el miedo a los plaguicidas en los alimentos es hoy por hoy irracional y peligroso.

Envenenar a la opinión pública

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Me he detenido sólo en algunas afirmaciones que tienen un fondo de verdad. Pero que habitualmente son descontextualizadas, exageradas y utilizadas para generar miedo y preocupación. Lamentablemente, no es un hecho aislado, estamos acostumbrados a ver planteamientos similares.

En el fondo es una estrategia clásica: revolver los datos, magnificar los riesgos y minusvalorar los beneficios. Todo al servicio del sensacionalismo. Gracias a argumentaciones como estas cientos de personas tendrán a partir de hoy una alimentación menos sana y una calidad de vida peor. Y sin motivo alguno.

Y no, ni posts como éste ni el enfado en las redes sociales son suficientes para deshacer el entuerto. Los bulos, los fakes y las medias verdades se expanden mucho más rápido y más lejos que los desmentidos. Toca reflexionar seriamente sobre como comunicamos ciencia, alimentación y salud; porque en estos temas, los más débiles son siempre los que salen perjudicados.

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