Corea del Sur ha llevado la rivalidad en las aulas al extremo: el 84% de sus niños de cinco años van a academias para ser aún más competitivos

  • Con el gasto en educación privada en niveles récord, hay familias que le dedican más dinero que a comida y vivienda

  • El país lidia con una crisis de natalidad que ya lleva a sus autoridades a hablar de "emergencia nacional"

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Si viajas a Corea del Sur y te das un paseo por Seúl o Daejeon, otra de sus principales metrópolis, es probable que te llame la atención un detalle: la profusa cartelería de sus hagwon, las academias privadas a las que acuden los niños para aprender inglés y matemáticas o alcanzar la máxima calificación en el suneung, el examen en el que se juegan el acceso a las mejores universidades del país. En 2020 había más de 73.000 academias de ese tipo. Quizás parezca una anécdota, pero la cifra oculta un desafío crucial para Corea, una nación inmersa en un alarmante declive demográfico y en la que educar niños se ha vuelto un lujo privativo.

Hay estudios que ya señalan a Corea del Sur como la nación más cara para criar un hijo. Curiosamente (o no) también es el país con la menor tasa de natalidad.

Un contrasentido demográfico. En los rankings sobre natalidad y crianza Corea del Sur destaca en dos campos que no encajan bien entre sí. Con una tasa de fertilidad de 0,72 hijos por mujer, la república asiática está a la cola en natalidad y afronta una situación que las autoridades ya tachan de "emergencia nacional", sin paños calientes. Su paupérrima natalidad supone un problema tan grave que afecta a su economía, sociedad e incluso la defensa nacional. Ironías demográficas, Corea del Sur es también una de las naciones en las que más caro sale criar a un hijo.

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Una pequeña fortuna. Así lo mostraba el año pasado un estudio del Instituto YuWa. Según la información recogida por el diario surcoreano Chosun Ibo, criar un vástago hasta los 18 años implica allí un coste equivalente a 7,79 veces el PIB per cápita, lo que en dinero contante y sonante se traduce en unos 365 millones de KRW. O 251.562 euros, al cambio. En segundo lugar situaba a China, con un coste 6,9 veces superior al PIB per cápita, seguido de Alemania (3,6) y Francia (2,2).

Para paliar en parte esa situación y frenar la pérdida de población que padece el país, a lo largo de los últimos 18 años Corea del Sur ha invertido 280.000 millones de dólares y desplegado un abanico de ayudas directas, incentivos y políticas que buscan mejorar la calidad de vida de las familias. Las autoridades de Seúl incluso valoran entregar a las familias un "super cheque bebé" de 70.000 euros.

La educación, ¿un lujo? En esa abultada factura la educación tiene un peso relevante. De nuevo según los datos publicados por el diario Chosun Ibo, en 2022 los surcoreanos se gastaron la friolera de casi 18.000 millones de euros en centros privados para sus vástagos. La cifra equivale a más de 361 euros por niño. Al mes. La situación es tal que hace un año The Korea Times aseguraba que las familias de Corea del Sur dedican más recursos a las clases particulares y extraescolares de sus hijos que a otros gastos fundamentales, como la alimentación o la vivienda.

Para ser más precisos, citaba datos de Statistics Korea que muestran que en los hogares con economías más desahogadas se dedican una media mensual de 1,14 millones de wones, 869 dólares, a clases particulares para niños de entre 13 y 18 años. El importe supone un pellizco notable de los ingresos mensuales y equivale prácticamente a la suma de lo gastado en comida (636.000 wones) y alojamiento (539.000). Y no es algo exclusivo de los hogares adinerados. En los más humildes el gasto en clases particulares superaba lo dedicado a vivienda y alimentación.

De récord en récord. A pesar de la cantidad de recursos que dedican a academias y actividades extraescolares, los hogares surcoreanos no parecen dispuestos a recortar su gasto en educación privada. Así lo reflejan los datos del Ministerio de Educación y Estadísticas. Sus cálculos muestran que en 2022 el gasto total en educación privada ascendió a unos 19.700 millones de dólares, un 10,8% más que el ejercicio anterior, cuando ya se había batido un récord anual.

Lejos de ralentizarse, el gasto en educación privada volvió a experimentar otro repunte considerable el año pasado. Tras un incremento interanual del 4,5%, el más pronunciado de los últimos años, en 2023 se situó en alrededor de 20.000 millones de dólares. Y eso pese al descenso en el número de alumnos de primaria, secundaria y bachillerato causado por la menor natalidad. El motivo: la decisión del Gobierno de aumentar la cuota de admisión en las escuelas de medicina.

Una palabra clave: hagwon. El fenómeno de la educación privada no se entiende en Corea del Sur sin un concepto fundamental, "hagwon", que es como se conocen allí las "escuelas intensivas", academias y aulas privadas a las que acuden los estudiantes para reforzar lo que aprenden en las escuelas, aprender materias extra o prepararse para los exámenes más importantes, sobre todo el suneung, o CSAT, la exigente prueba que da acceso a las universidades del país.

A los hagwon acuden incluso niñosen edad preescolar y de la mano de sus profesores aprenden inglés, matemáticas, taekwondo, natación o cómo tocar el piano. La revista india Frontline les dedicó un amplio reportaje hace tres años en el que explicaba que el concepto se remonta ya a finales del siglo XIX y en 2020 se repartían por Corea del Sur más de 73.000 centros de tutoría privada, la mitad de los cuales se concentraban además en la capital. Time precisa que solo en Seúl se superarían los 24.000 establecimientos, el triple que tiendas de conveniencia.

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Dos datos para la reflexión. Un buen porcentaje puede decir más que mil palabras. Y en lo que a educación privada y Corea del Sur se refiere hay dos que son elocuentes. En 2017 el Instituto Coreano de Cuidado y Educación Infantil publicó un informe que revelaba que el 35,5% de los niños de dos años y el 83,6% de los de cinco asistían a academias privadas. Y bajo ese concepto incluían tanto los hagwons convencionales como los centros culturales, guarderías, jardines de infancia o formaciones impartidas en sus casas, de forma presencial u online.

El estudio tiene ya algunos años, pero suele calcularse que cerca del 80% de los estudiantes de Corea del Sur asisten a hagwons o "escuelas intensivas". El sondeo del Instituto de Educación Infantil mostraba además que los pequeños dedican un número considerable de horas a sus formaciones: los de dos años participaban en 2,6 sesiones por semana, con un promedio de 47,6 minutos por clase; los de cinco años recibían 5,2 sesiones, cada una con una duración de unos 50 minutos.

Pero… ¿Y por qué? Para entender qué lleva a los padres surcoreanos a matricular a sus hijos en academias a las que dedican cientos de dólares cada mes viene bien recordar la reflexión que compartió en 2023 con The Korea Times Kim, una mujer de Seúl madre de un adolescente de 13 años: "Los gastos de tutoría son la mayor carga de nuestro presupuesto familiar. Hago todo lo posible por reducir el número de clases a las que asiste mi hijo, pero es difícil decidir cuáles dejar. Cada una es importante para tener buenas notas, y no quiero que se quede atrás".

Además de la escuela, el adolescente acudía a clases de inglés, matemáticas, redacción y taekwondo. Quizás parezca mucho, pero Kim aseguraba que otros vecinos hacían eso "y más" y reconocía su miedo a  que en la hipercompetitiva Corea su vástago acabase rezagado y viese comprometido su futuro.

Mirando al futuro. "Una buena educación privada, además de la escuela ordinaria, tiene por objeto garantizar que el niño obtenga buenas notas y una plaza en una de las mejores universidades", comparte con DW Han Ye-jung, un abogado con una hija pequeña. "Y eso debería significar un buen trabajo, por lo que entrar en una universidad de primera es crucial, ya que garantiza el éxito en la vida".

En Corea hay quien ya advierte de un exceso de competencia en las aulas y cree que el gasto en educación se está yendo de las manos; aunque no faltan tampoco las voces que asumen que, tal y como está el sistema, a los estudiantes les resulta complicado preparar los exámenes por libre. "Que todos vayan a hagwons me hace sentir como si me perdiera algo si no lo hago”, reconoce Yerim Kim, alumna.

Cuestión de conciliación. Habría otra clave: la conciliación. Las academias y actividades extraescolares ofrecen a los padres y madres trabajadoras de Corea del Sur una opción para mantener ocupados a sus hijos. Frontline explica por ejemplo que no es extraño ver a padres esperando en sus coches en Daechi-dong a que sus hijos salgan de las clases, en ocasiones hasta las diez de la noche, cuando cierran.

Consciente probablemente de esa necesidad, en febrero el Gobierno anunció la ampliación de los programas extraescolares orientados a niños en los centros de primaria. El objetivo: que funcionen hasta las ocho de la tarde. Habitualmente los alumnos de primer grado en las escuelas terminan sus clases a la una o dos.

Con polémica incluida. El rol de la educación privada y su alto coste está acompañado también de cierta polémica. Primero, porque puede suponer un obstáculo extra a la hora de incentivar la natalidad en una nación inmersa en un invierno demográfico tan gélido que ya habla de "emergencia nacional". Segundo, por la sobrecarga que supone para los propios niños y las economías domésticas, lo que puede derivar incluso en lo que se ha bautizado como "edupobres".

Y tercero, por lo que supone para el propio sistema educativo y la igualdad de oportunidades. "Es difícil prepararse solo para los exámenes cuando los hagwon ofrecen abundante material de estudio que de otra manera no podrías conseguir", asume Kim, alumna que acude a uno de estos centros. El Gobierno ha intentado regular en el pasado con éxito variable la labor de las academias privadas, a las que algunos acusan de "aprovecharse de las ansiedades" de los padres para que sus hijos logren una buena formación y empleos de calidad en la exigente Corea.

Imágenes | Open Government Partnership (Flickr) 1 y 2

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