La energía eólica necesita alcanzar vientos más fuertes. Lo va a conseguir con aerogeneradores "rascacielos"

La energía eólica necesita alcanzar vientos más fuertes. Lo va a conseguir con aerogeneradores "rascacielos"
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La energía eólica apunta alto. En sentido metafórico y también en el más literal de la expresión. Desde hace ya un buen puñado de años el sector parece emperrado en diseñar palas cada vez más largas y torres más altas, con dimensiones XXL que aspiran a romper nuevos récords. Razones no le faltan para quererlo. No se trata ya de una simple cuestión de marketing o de una pugna hiperbólica entre fabricantes y operadores. Como se repite desde hace tiempo con tanta insistencia que casi se ha convertido ya en un chascarrillo manido, cuando de eólica se trata el tamaño importa.

El último en presumir de tamaño ha sido Vestas.

Aquí están mis 199 metros de altura. Eso, más o menos, es lo que acaba de decir el fabricante danés Vestas, que presume de ser el padre de, "actualmente, la torre terrestre más alta del mundo para turbinas eólicas". Su talla impresiona desde luego: la altura de buje de la estructura, que es el punto en el que se sitúa el centro del rotor de la turbina y su distancia del suelo, es de 199 metros.

La infraestructura, de acero y hormigón, la está desarrollando con la germana Max Bögl para la turbina V172-7.2MW y el objetivo es sacarle partido ya a partir de 2025 en Alemania y Austria.

¿Por qué importa tanto el tamaño? Pues cuestiones de imagen, puro marketing y prestigio empresarial al margen, el tamaño de la infraestructura importa porque permite un mayor aprovechamiento del recurso básico en el que se basa la energía eólica: el viento.

La altura de la torre, explica la compañía en declaraciones recogidas por CNBC, hace "posible cosechar viento más fuerte y constante" y aumentar la producción de energía eléctrica de la turbina. Disponer de torres más altas permite también acceder a un recurso de mayor calidad, situado en altitudes elevadas, y las grandes palas aumentan a su vez el área de barrido del aerogenerador.

Grafico

Una fijación bien justificada. "Las torres son cada vez más altas para capturar más energía, ya que los vientos generalmente aumentan a medida que aumentan las altitudes. El cambio en la velocidad del viento con la altitud se llama wind shear —cizalladura del viento—. A alturas más altas sobre el suelo, el viento puede fluir más libremente, con menos fricción de obstáculos en la superficie de la tierra, como árboles, edificios y montañas", señala la Oficina de Eficiencia Energética de EEUU.

...que va más allá de los molinos. El sector está tan interesado en aprovechar las rachas de altitudes elevadas que ha diseñadootros recursos, al margen de las turbinas eólicas tradicionales. A lo largo de los últimos años firmas como SkySails Power, Makani Technologies, Kitemill o Kitepower han ideado "cometas" especiales y de gran tamaño capaces dotadas de rotores y una conexión con tierra que les permite sacar partido de la energía eólica al volar a cientos de metros de altura.

"Al estudiar la distribución de la energía eólica en la atmósfera, por ubicación y tiempo, se concluyó que los vientos a altitudes de alrededor de 32,000 pies aproximadamente 9.700 metros— tienen la mayor densidad de energía eólica", reflexionaban hace años desde la Universidad de Stanford, en EEUU, tras haber analizado mediciones oficiales recabadas a lo largo de casi tres décadas. "La densidad de potencia del viento indica la cantidad de energía eólica que fluiría a través de una turbina eólica", comentaba el científico medioambiental y climático Ken Caldeira.

...Y viene de lejos. Lo de aspirar a "mega instalaciones" formato XXL no es nuevo en el sector. De hecho viene ya de unos cuantos años atrás. "Desde principios de la década de 2000 las turbinas eólicas han crecido en tamaño, tanto en altura como en la longitud de la pala, y generan más energía", explica la Oficina de Eficiencia Energética y Energía Renovable de EEUU.

El organismo precisa que desde finales de los años 90 la altura del buje de las turbinas —la distancia entre el suelo y el centro del rotor— terrestres a escala de servicios públicos ha crecido un 66% hasta situarse en 94 m, más o menos el equivalente a la estatua de la Libertad, pero muy por debajo de la marca a la que aspira ahora Vestas con su nueva torre, más similar al Gezhouba Nanda Tiandi.

Con la vista puesta en la eólica offshore. La tendencia no se da solo en las instalaciones terrestres, las onshore; las ubicadas en el agua (offshore) muestran también una tendencia similar para aprovecharse de vientos situados a mayor altura. Y allí, en el mar, se alcanzan dimensiones impresionantes. La turbina marina Haliade-X, de GE Renewable Energy, previstas para el parque Dogger Bank C, situado a unos 130 km de la costa inglesa, alcanza una altura de hasta 260 m.

Al presentar su nuevo proyecto, Vestas desliza de hecho que la infraestructura en la que trabaja será la más alta del mundo para su propósito, elevar turbinas eólicas, pero habla de una "torre terrestre".

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Un gran tamaño implica unas grandes... complicaciones. Más allá de alcanzar las rachas más elevadas, las nuevas torres tienen ventajas importantes. La propia firma danesa señala sus ventajas "especialmente para los proyectos en Europa Central que generalmente están limitados en el espacio de planificación disponible" en los que es clave "maximizar la producción eléctrica". Pero no todo son puntos fuertes. Trabajar con torres, palas y turbinas de mayor tamaño que permitan incrementar el diámetro de rotor dificulta la logística. En el caso de la eólica offshore manejar gran maquinaria requiere también de grandes buques y puertos adaptados para embarcar la infraestructura.

Hace solo unos meses Rystad Energy ya alertaba de que la demanda de buque capaces de transportar grandes turbinas marinas superará la oferta en cuestión de un par de años, hacia 2024. "Las de más de 8 MW representaron solo el 3% de las instalaciones globales entre 2010 y 2021, pero se pronostica que ese porcentaje aumentará al 53% para 2030", recogía la firma. Los expertos señalan que los puntos de atraque requerirán también de inversiones para adaptarse.

Imagen de portada | Vestas y Office of Energy Efficiency & Renewable Energy

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