TSMC tiene claro por dónde pasa el futuro de sus fábricas en plena escalada con China: por Estados Unidos

TSMC tiene claro por dónde pasa el futuro de sus fábricas en plena escalada con China: por Estados Unidos
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TSMC quiere reforzar su músculo en EEUU. El gigante taiwanés de los semiconductores, que acaba de completar las obras de una nueva planta en Arizona que prevé activar en 2024, estudia fortalecer todavía más su capacidad productiva al otro lado del Océano Atlántico. Al menos así lo ha desvelado The Wall Street Journal, que asegura que la multinacional con sede en Hsinchu prepara otra inversión multimillonaria con la vista puesta en el mismo territorio: el norte de Phoenix.

De cuajar, el proyecto sería ambicioso, igual que su inversión y alcance.

Lo más relevante sin embargo es el contexto.

Redoblar la apuesta. Eso es básicamente lo que —asegura The Wall Street Journal (TWSJ)— quiere hacer TSMC en EEUU. Hace dos años la compañía anunció sus planes de invertir alrededor de 12.000 millones de dólares en la construcción de una nueva factoría en Phoenix (Arizona), una estructura ya muy avanzada y que empezaría a producir en 2024. El diario económico asegura que su objetivo va sin embargo más allá y el gigante taiwanés proyecta una nueva planta de semiconductores de última generación en el mismo estado, al norte de Phoenix.

Según las fuentes que maneja The Wall Street Journal, el anuncio se oficializará durante los próximos meses, la inversión será similar a la de su proyecto ya en marcha y el propósito de las instalaciones pasaría por fabricar transistores de tres nanómetros. De momento lo único que ha hecho TSMC es confirmar a Reuters y TWSJ que está construyendo un edificio que podría actuar como su segunda factoría en Arizona, estructura de la que echaría mano para futuras expansiones. Eso sí, de momento aún no habría tomado una decisión definitiva sobre una segunda planta.

Una inversión a años vista. La noticia llega con un telón de fondo peculiar, marcado, en el aspecto empresarial, por lo que los propios fabricantes de chips han tildado como una caída “asombrosa” en la demanda. Tras el crecimiento que alentó la pandemia, con el alza del teletrabajo y la implantación de la educación a distancia, las empresas del sector han pasado a un nuevo escenario que les ha obligado a controlar costes y perspectivas. Le ha ocurrido a Qualcomm o Intel. Más allá del corto plazo las previsiones son sin embargo optimistas y contemplan un alza la próxima década.

“A la luz de la fuerte demanda de los clientes que estamos viendo en la tecnología avanzada de TSMC, consideraremos agregar más capacidad en Arizona con una segunda fábrica en función de la eficiencia operativa y las consideraciones económicas de costos”, señala la firma. Durante el tercer trimestre de este ejercicio TSMC experimentó un incremento sustancial de sus ventas.

Incentivos para apostar por EEUU. He ahí otra clave que completa el contexto. Los planes de TSMC avanzados por The Wall Street Journal llegan en un marco favorable a la expansión en suelo estadounidense. Con el objetivo de paliar su dependencia del exterior e incentivar su propio músculo nacional —propósito que también se ha fijado la UE—, las autoridades de EEUU han aprobado una normativa que busca incentivar la producción nacional de chips a golpe de incentivos. Su plan prevé alrededor de 52.000 millones en subvenciones y subsidios para que el país refuerce su producción.

TWSJ precisa que este año EEUU ha asignado cerca de 39.000 millones de dólares para subvenciones orientadas a la fabricación de chips, suma más que generosa que se distribuirá a partir de 2023. Su política parece estar dando ya resultados: hace poco Micron anunciaba un programa de inversión de hasta 100.000 millones para levantar la que —asegura la multinacional— será “la mayor instalación dedicada a la fabricación de semiconductores de la historia de EEUU”. Otras grandes firmas, como Qualcomm, Intel o Samsung han dejado ver su interés por invertir en el país.

Las tensiones geopolíticas. He ahí el otro gran factor que completa el lienzo. TSMC no es una firma cualquiera: es el mayor fabricante de chips por contrato y su sede está en Hsinchu, Taiwán, isla envuelta en una tensa situación geopolítica con las autoridades de Pekín, que la consideran parte de su territorio. El conflicto se caldeó en verano, a raíz de la visita de Nancy Pelosi a Taiwán, y está lejos de haberse suavizado: el recién revalidado Xi Jinping, presidente de China, insistía hace poco en su deseo de una “reunificación” y si bien habla de una vía “pacífica” no renuncia a la fuerza.

La propia TSMC ha reconocido abiertamente que, si el conflicto sigue recrudeciéndose y va más allá, su actividad podría verse seriamente afectada. Quizás por esa razón parece mirar con interés otras latitudes hacia las que expandir su capacidad productiva, como la vecina Japón. Hace no mucho TWSJ aseguraba que la compañía está valorando expandir su capacidad hacia el archipiélago.

Y como colofón: la guerra de los chips. Habría aún otro factor a mayores, igual de relevante: la conocida como “guerra de los chips” desatada entre Washington y Pekín. En un intento por frenar el avance de China hacia la autosuficiencia tecnológica, la administración de Joe Biden ha activado un paquete de restricciones que, básicamente, cierran el flujo con destino China de cierto equipamiento, componentes o talento “made in USA” con un valor estratégico especial. Entre otras cuestiones, el movimiento de las autoridades estadounidenses demuestra el valor estratégico de la industria.

Imagen de portada: TSMC

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