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"Si buscas un teléfono que refleje tu personalidad, estás enfermo": así es Charlie Brooker, la mente tras 'Black Mirror'
Cine y TV

"Si buscas un teléfono que refleje tu personalidad, estás enfermo": así es Charlie Brooker, la mente tras 'Black Mirror'

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Escribo estas líneas desde el pasado para hablar del presente, que en realidad es el futuro, directamente al dispositivo que sostienes entre tus piernas ahora mismo, en el cuarto de baño. VuelveBlack Mirror’, la serie que nos sonroja a todos una vez nos vemos reflejados en alguna de sus tramas. Ya seas un adicto a las redes, un troll ofensivo o pertenezcas al ejército cuñao infiltrado, ‘Black Mirror’ está aquí para desenmascararnos a todos. Podríamos decir que, de algún modo, estamos ante el ‘Pantomima Full’ de la ciencia ficción tecnológico-catódica. Primero en Channel Four y ahora en la cada vez más desprestigiada Netflix, ‘Black Mirror’ ya forma parte del imaginario popular. La culpa, para lo bueno y para lo malo, es de Charlie Brooker.

Ser escoria es bueno. Engruesa la piel y fortalece la columna vertebral”.

¿Dónde estaba Charlie Brooker?

"Cada vez que le digo a la gente que soy un misántropo reaccionan como si fuera algo malo, los muy idiotas. Vivo en Londres, por el amor de Dios. ¿Has caminado por Oxford Street últimamente? La misantropía es lo único que te ayuda a superarlo. No es un defecto, es una habilidad.

No tiene nada que ver con la cantidad de gente. Podría trasladarme a una cabaña remota en las Hébridas y aprendería a despreciar al cartero, incluso si solo me visitara una vez al año. No puedo soportar a otras personas, con su hedor y su ruido y sus molestos tonos de en sus teléfonos. Bill Hicks calificó a la raza humana como "un virus con zapatos", y si me preguntas te diría que estaba siendo excesivamente duro con los virus. Consideraría una carrera como asesino en serie si la paga no fuera tan mala ".

-Charlie Brooker, Screen Burn

Más cerca de los cincuenta que de los cuarenta, el bueno de Charlie es un periodista británico multidisciplinar experto en la escritura, productor, guionista y columnista que dispara con balas de punta hueca hacia los cimientos de la sociedad actual, en especial hacia nuestra zona de confort y los medios. A todos. Desde el que “informa” al que usamos para conseguir citas. Su pánico a las nuevas tecnologías no deja de resultar sorprendente para alguien que empezó escribiendo en la prensa informática.

Brooker y los dibujicos

Brooker llegó a la industria del entretenimiento a mediados de los 90. Jugador confeso, empezó a escribir una columna en la revista PC Zone titulada “Sick Notes”, donde creó “Cybertwats” una tira cómica donde mezclaba sus inquietudes lúdicas de la década de 'Trainspotting' con un diseño y unos dibujos que nos trasladan directamente a la época de mayor horterismo de la viñeta informativa a todo color.

Mientras recargaba su mente con un sentido del humor ácido, obsceno y centrado en la misantropía, la obsesión televisiva de Brooker iba en aumento. Podríamos decir que, de alguna manera, Charlie Brooker inventó su Twitter personal en el centro de su cerebro.

"Soy inepto socialmente. Méteme entre dos desconocidos en cualquier fiesta y me balancearé torpe y silenciosamente pisándoles, o saldré al paso con conversación, frío como una piedra, soltando sandeces como ‘Esta habitación es bastante rectangular, ¿no?’ Me deslizo a través del torbellino social con la elegancia de un perro con tacones altos"

La decisión más drástica para el tuitero que lleva dentro fue la de zamparse TODA la televisión nacional (británica, se entiende) si quería escribir para el medio, así que se sentó a ver toda la programación británica, a ver qué salía de la cabeza de un tipo tan pesimista respecto al mundo que le ha tocado vivir que, según declaraciones recientes, "aún espero tener suerte y morir en un holocausto nuclear". Lógico que se tirara unos cuantos años escribiendo sobre televisión en la prensa británica.

La pequeña pantalla paranoide

Entre finales de los 90 y mediados de los dos mil, se dejó ver en shows minoritarios como 'Games Republic'(1999), 'The 11 O'Clock Show'(2000), 'The Kit' (2000) o 'Brass Eye'(2001), donde aterrizó para colaborar con ases del humor del calibre de Christopher Morris en un cajón de sastre donde empezaban a incomodar a discreción, rodeados de caras conocidas de todos los ambientes británicos.

Brooker llamó la atención de propios y extraños con sus guiones para ‘Nathan Barley’(2005) o ‘Screenwipe’(2006). La primera servía como serie debut del productor y en ella se intuía el componente ludita personal de un autor que terminaría vomitando todas esas inquietudes y fobias tecnológicas en la extraordinaria primera tirada de ‘Black Mirror’. Nada más lejos de la realidad si tenemos en cuenta su actitud vital misántropa y tecnófoba antes incluso de escribir su primera línea para la ficción.

‘Nathan Barley’ era una sitcom de las que siempre apetecen, principalmente por estar compuesta únicamente por media docena de episodios. El protagonista era un programador que además también ejercía de guionista, director de cine y DJ, con lo que podía hacer diana en los aspectos más tecnológicamente idiotizantes de la época. Y es que en realidad han pasado poco más de diez años desde su estreno, pero parece que hayamos sufrido otra Revolución Industrial entre medias. "Hasta hace poco, era un escéptico de ebook, una de esas personas que habla sobre el ‘placer físico de pasar páginas reales’ y de cómo el ebook ‘nunca reemplazará la realidad’. Luego me dieron un Kindle de regalo. Eso me calló”.

Tras la serie, el cerebro se centró en la sátira televisiva a través de magazines de actualidad donde lanzar piedras verbales a destajo, aunque no sería hasta la llegada de su deliciosa ‘Dead Set’ que Charlie Brooker pasó a ser un nombre (solo un poco) más conocido. Este 2018 se cumplirán diez años de la muerte en directo, una catártica entrega ficticia de ‘Gran Hermano’ donde los concursantes eran los últimos en enterarse de la enésima invasión zombie que asolaba el planeta.

La miniserie se estrenó en terreno británico en E4 y Cuatro se haría cargo de su estreno en España, Aunque es posible que todavía existan muchos fans de la serie y de 'Black Mirror', es posible que muchos de ellos no sepan que ambas han salido de la misma cabeza. ‘Dead Set’ rescató la fórmula zombi para la pequeña pantalla mucho antes de la llegada de “la gran serie de zombies de todos los tiempos”, ‘The Walking Dead’, serie que, curiosamente, lo único que ha logrado es idiotizar un poco más a las audiencias. De hecho, hoy están recogiendo firmas para el despido del actual showrunner porque, ay, los fans no están a favor de cómo ha terminado la primera parte de la actual temporada. Pero ya hablaremos de los fans de la actualidad en otro momento.

‘Dead Set’ reformuló la sátira fácil sobre los formatos de telerrealidad, en concreto el de ‘Gran Hermano’. ¿Y si los únicos supervivientes de una apocalíptica enfermedad fueran los concursantes de un programa dedicado a agrupar a gente con escasas luces en unos cuantos metros cuadrados? Brooker no da puntada sin hilo y, al final, siempre logra demostrar que, aunque lo parezca, los verdaderos cretinos no siempre están delante de las cámaras. Para este fan de 'Los Cronocrímenes' la televisión está empezando a ofrecer más calidad que el cine tras la desaparición de los presupuestos medios en la gran pantalla.

A los 38 años miro hacia atrás a mi yo de 32 años y lamento que haya perdido el tiempo. Entonces me arrepiento de perder mi tiempo actual lamentando los remordimientos por los remordimientos. Esto es bastante sofisticado. Esa es la única ventaja del envejecimiento: ahora puedo consolidar sin esfuerzo mis remordimientos en un solo bloque de miseria. De lo contrario, a la edad de 44 años, necesitaría un complejo software de base de datos solo para hacer un seguimiento de cuántas cosas me arrepiento a la vez”.

Espejito negro, espejito negro

Tras un par de décadas depurando sus miedos, filias y fobias en prensa escrita, online, radio, tele y a través de media docena de libros que siguen inéditos en nuestro país (cero sorpresa), como 'Screen Burn: Television With Its Face Torn Off' (2004) o 'I Can Make You Hate' (2012), Brooker se lanzaba de cabeza a recopilar toda esa sabiduría cínica y oscura en su creación definitiva.

Brooker, el librero

El cuatro de diciembre de 2011, más de dos millones de británicos fueron testigos de ‘El Himno Nacional’, el inicio de ‘Black Mirror’. Justo a tiempo para marcar una década antes de que fuera demasiado tarde. Otto Bathurst dirigía el primer episodio de Brooker para el visionario reflejo de la realidad por parte de un creador que había encontrado el formato ideal para dar salida a todas sus neuras y horas de vigilia.

Si bien es cierto que ninguno de los episodios posteriores se acercó a las increíbles cifras de share de su debut, la jugada resultó inmejorable: no quedaba nadie en el planeta sin saber qué demonios pintaba un cerdo en todas las redes sociales del mundo.

El ministro y el cerdo

En sus escasos tres cuartos de hora, los continuos puntos de giro propuestos dentro de una narración firme y directa hacían daño y llegaban al centro del cerebro. Las falsas apariencias, y la manipulación a través de la tecnología auparon al estreno de la serie a lo más alto de los tops catódicos del nuevo milenio.

A pesar de los vaivenes de las audiencias, la mezcla de denuncia social, realismo distópico y mala uva caló hondo y la serie se convirtió en un éxito en el submundo de las descargas ilegales. Todo coherencia.

"Si realmente crees que debes elegir un teléfono móvil que diga algo sobre tu personalidad, no te molestes. No tienes personalidad. Una enfermedad mental, tal vez, pero no una personalidad".

Charlie Brooker

Durante su segunda temporada, que volvió a contar con tres episodios y un cuarto especial de cara a la navidad, la audiencia volvió a mostrarse más interesada al principio que al final, demostrando la velocidad demencial a la que nos acostumbramos y desechamos las nuevas propuestas audiovisuales. Revolución y muerte, no hay nada más.

En el siglo XVIII, una revolución conocida como la Ilustración, nos arrastró de la superstición y la brutalidad de la Edad Media hacia una era moderna de la ciencia, la razón y la democracia. Todo cambió. Si no fuera por la Ilustración, no estarías leyendo esto ahora mismo. Estarías en bata lanzando nabos a una bruja. Sí, la Ilustración fue uno de los desarrollos más importantes desde la rueda. Eso es lo que estamos tratando de estropear ahora

Eso también lo sabe Brooker, que no flaqueó a la hora de mover su serie a Netflix, aumentando además las dosis episódicas al doble. Donde dije tres, digo seis. 'La Dimensión Desconocida' millennial tiene cuerda para rato. El estilo rompedor de la narrativa y los nuevos directores invitados para rematar su llegada a Netflix, con nombres como Jodie Foster, John Hillcoat o David Slade suenan ideales para retomar la misantropía que Brooker cultivó tras una década sentado delante de la pequeña pantalla desentrañando el misterio de la miseria humana.

Es para ti

Como si fuera el siguiente paso en la manipulación demencial a la que somete a nuestros cerebros, el creador de la serie ha movido ficha y se ha metido en la plataforma por excelencia, facilitando el visionado de su criatura en cualquier lugar y momento, casi como si formásemos parte de los calvarios de sus personajes.

Hay algo en Charlie Brooker que continúa mostrándose infalible, y es su capacidad para desviar la atención y demostrarnos que no aprendemos. Mientras nosotros vemos los peligros de la tecnología, voluntaria o involuntariamente no somos capaces de apreciar la realidad que matiza su creador: La tecnología no es la villana en el show, normalmente es un humano el que falla.

Bastante machacada por los que antes fueron fans, la nueva entrega de ‘Black Mirror’ pudo, en realidad, hacer pupa en la mente colectiva en sus inquietudes didácticas para con internet, donde no vendría mal hacer un par de reflexiones y replantear hasta dónde podemos llegar con 140 caracteres. Imagina con el doble. ¿Qué fue primero, internet o 'Black Mirror'? La respuesta puede tener nombre y apellido. Ojalá se guarde un episodio sobre lo rápido que convertimos un fenómeno de masas en algo del montón. Una vez más, el creador no titubea con su criatura y se mantiene firme a sus creencias, que dejó claras en The Guardian hace ya una década: "Odio a la gente ofendida y adoro ofender a la gente". Pues listos para la cuarta temporada de esa creencia.

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