'La Casa del Dragón' es una versión comprimida y simplificada de 'Juego de Tronos'. Y le sienta muy bien

'La Casa del Dragón' es una versión comprimida y simplificada de 'Juego de Tronos'. Y le sienta muy bien
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Es imposible predecir cómo va a reaccionar el público ante este spin-off de la última gran serie-bandera de HBO, 'Juego de Tronos'. Es imposible porque pesa demasiado, aún, la decepción colectiva de aquel final de la temporada ocho, del mismo modo que pesa la impresión de que la 'Juego de Tronos' original aún no está muerta del todo porque George R.R. Martin no ha concluido los libros. La sensación generalizada es la de que HBO Max está exhumando antes de tiempo un cadáver para buscar monedas en sus bolsillos.

Sin embargo, 'La Casa del Dragón' resulta ser, finalmente, una apuesta muy notable, y HBO Max ha tenido la suerte (mezcla de suerte y estrategias propias y ajenas, como se está viendo) de llegar un par de semanas antes que su competidora más directa, 'El Señor de los Anillos: Los Anillos de Poder' de Prime Video, lo que le va a permitir acaparar la comidilla mediática durante un periodo de tiempo muy valioso. Mucho más teniendo en cuenta que HBO ha puesto toda la carne en el asador en el arranque de la serie, con un primer episodio que dispara el interés del espectador.

Hemos tenido acceso a los primeros seis capítulos de 'La Casa del Dragón', más que suficientes para hacerse una idea del ritmo y el desarrollo argumental de este spin-off, y aunque obviamente no vamos a entrar en spoilers, sí podemos aclarar una cosa: esta nueva serie es una versión sencilla y no tan ambiciosa de la primera 'Juego de tronos'. Hay menos personajes, menos tramas paralelas, menos ramificaciones infinitas de relaciones y ambientes. Y, en cierto sentido, es algo que juega en su favor.

Esto queda claro ya en el primer episodio: se nos presenta al pacífico regente Viserys I Targaryen (Paddy Considine), y los problemas que se desencadenan en la corte con la falta de un heredero para el Trono de Hierro. Se disputan la corona su hija Rhaenyra y su hermano (y tío de Rhaenyra) Daemon, en lo que será el principio de una serie de guerras de poder que, como saben los lectores de la saga original, desencadena la guerra civil conocida como Danza de Dragones.

Mucho tiempo, muchas muertes

De hecho, esa es la gran diferencia entre 'La Casa del Dragón' y 'Juego de Tronos': los saltos en el tiempo y grandes elipsis a las que se somete al espectador. Cada pocos episodios hay saltos de varios años, lo que sin duda es necesario para contar una historia que se prolonga durante varias décadas, pero que da a la historia cierto toque de arbitrariedad narrativa que 'Juego de Tronos' no tenía. 'La Casa del Dragón' abarca en pocos episodios más tiempo en la ficción que 'Juego de Tronos' en ocho temporadas, y eso se nota: no hay tiempo para desarrollar a fondo a los personajes, y muchas veces estos enuncian sus motivaciones sin que al espectador le dé tiempo de asimilarlas de forma natural.

Pero a la vez, 'La Casa del Dragón' maneja una escala mucho más reducida que 'Juego de Tronos'. Es natural porque se centra en una sola Casa en vez de verse obligada a retratar a la miriada de personajes que rondaban en torno al Trono de Hierro en la serie original. Es cierto que allí había que describir a fondo páginas y más páginas de contexto para introducir al espectador en el mundo, un trabajo que aquí está hecho porque pese a que la acción tiene lugar trescientos años antes, el lore es esencialmente el mismo, y hasta la estructura política y social es prácticamente idéntica.

Esta reducción de escala le sienta bien a la serie, que puede permitirse así esos saltos en el tiempo. Si hubiera tantas subtramas, escenarios y personajes como en la serie original, esos saltos en el tiempo serían insostenibles. Aquí, como seguimos esencialmente a los descendientes de los protagonistas de ese primer capítulo o a ellos mismos pasados unos años, el recurso funciona. Eso sí, la sensación de producto derivado debido al tono más ligero y la reducción de tramas y personajes es inevitable: 'La Casa del Dragón' es un producto competente, pero la primera 'Juego de Tronos' era muchísimo más ambiciosa.

Por lo demás, tenemos todo lo que se puede esperar de una serie de 'Juego de Tronos' en la que HBO ha invertido gran cantidad de tiempo y dinero (veinte millones de dólares por capítulo). Pese al ambiente cortesano, hay variedad de escenarios y situaciones. Tendremos violencia (aunque no tan cruda e impactante como en la serie original), rondando con el terror y el gore. Hay mucho menos sexo que en 'Juego de Tronos' (aunque francamente no se echa de menos, porque el subtexto de incesto y endogamia -otra característica derivada de que mucho de lo que se narra sean intrigas cortesanas- enrarece notablemente las relaciones). Y hay, como siempre, un extraordinario trabajo de caracterización y desarrollo de personajes.

En ese sentido, y limitándonos a los capítulos iniciales que hemos visto (a mitad de temporada el reparto cambia), el duelo de voluntades y carismas de la joven Rhaenyra Targaryen (Milly Alcock) y su tío Daemon (grandísimo y diabólico Matt Smith) ya vale el viaje inicial. Llamada a ser inevitablemente polémica, pero con una sustancia y unos valores visuales más que notables, este arranque de 'La Casa del Dragón' está decididamente por debajo de la serie madre, pero es una más que digna continuación de la propuesta original.

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