El sarampión ya ha vuelto a cuatro países de Europa. Y con él, las vacunas para los adultos

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Reino Unido, República Checa, Grecia y Albania afrontan hoy un problema que la mayor parte de los países occidentales creían guardado a buen recaudo en el baúl de los recuerdos: el sarampión. El último informe de la Organización Mundial de la Salud alerta sobre un "resurgimiento dramático" del número de casos durante los últimos años, alcanzando un pico de 90.000 afectados en la primera mitad de 2019. Son cifras que Europa, en su ingenuidad desarrollista, había enterrado en su memoria, y que hoy evidencian un nítido retroceso en materia de cobertura y de prevención. Uno que exige medidas inauditas.

Los mayores. Como recuperar las vacunas para adultos. Tradicionalmente, la vacuna del sarampión (la triple vírica) se administraba en dos dosis a lo largo de los primeros años de vida. La primera, a los 12 meses de edad; la segunda, a los 2 y 4 años. Las campañas para las personas adultas eran inexistentes porque o bien ya estaban inmunizadas o bien habían pasado la enfermedad durante su infancia. Pues bien, la Sociedad Española de Epidemiología ha comenzado a matizar su criterio. Su presidente, Pere Godoy, ya recomienda administrar dosis a las personas entre los 40 y los 50 años. Lo explica en una entrevista a El País:

Algunos colectivos no están completando bien los calendarios vacunales. Suelen ser grupos de población vulnerables que requieren de un esfuerzo extra desde los equipos de atención primaria. Y hay que afrontar otros colectivos (...) Estamos preparando una recomendación para que se vacune a toda la población que tiene entre 40 y 50 años que no tenga acreditado que en su día recibieron dos dosis de la vacuna.

Preocupación. Se trata de una franja de edad muy específica. Como explica Godoy, las personas más mayores sufrieron el sarampión durante sus primeros años de vida. A partir de los ochenta las campañas de vacunación se estandarizaron, y la abrumadora mayoría de los españoles quedaron inmunizados (contribuyendo a la inmunidad de grupo hoy perdida en diversos puntos de Europa). ¿Problema? Los niños de los setenta, una década en la que el virus empezó a dejar de circular y no todos los niños se contagiaron... O fueron vacunados.

Hoy vuelven a estar en riesgo.

El regreso. Porque el sarampión, poco a poco, está volviendo. Reino Unido es quizá el ejemplo más significativo. El país había reducido sus contagios al mínimo (tan sólo 284 en 2017), lo suficiente como para que la OMS considerara "extinta" la enfermedad. Dos circunstancias han cambiado para que el sarampión haya regresado: el índice de cobertura en la segunda vacuna ha caído al 87% y se ha detectado una cepa del virus (B3 Dublín) circulando a lo largo y ancho del territorio a lo largo de doce meses. En 2018 los casos se dispararon: 991. Ya no eran ejemplos aislados, sino un problema de índole estructural.

Y de ahí el dramático anuncio de la OMS. La enfermedad ha vuelto.

A medio plazo. La situación en otros países es mucho más dramática, lo que apuntala una tendencia preocupante en el continente (PDF). Rumanía es uno de los ejemplos más significativos: con más de 900 contagios a lo largo de 2018, sufre una epidemia sin precedentes en la historia reciente de Europa (y con un elevado volumen de muertos). En términos de escala, ningún país está peor que Italia: más de 2.000 casos en el mismo periodo, unas tasas de cobertura histórica bajísimas y un discurso público, capitalizado por el M5S, muy contrario a las campañas de vacunación.

Ambos países contaban con tasas de cobertura por debajo del 85% hasta hace muy poco. El PD italiano trató de atajar la epidemia con medidas drásticas, como la exclusión escolar de los niños no vacunados. Francia, Ucrania o Grecia, por no hablar de Estados Unidos, arrastran dinámicas similares.

Qué hacer. España es uno de los pocos grandes países de Europa Occidental aún "libre" del sarampión (Alemania arrastra numerosos contagios), con tasas de cobertura para la segunda vacuna altas. Sólo registró 233 casos a lo largo del año pasado, la mayor parte de ellos importados o sin carácter estructural. La respuesta al problema es sencilla: vacunas, dado que la enfermedad no es tratable. Pese a que el grueso de la epidemia se concentre en ex-repúblicas soviéticas con sistemas sanitarios disfuncionales, que 2019 ya acumule más casas que la totalidad del año anterior es un repunte inquietante. 

Imagen: AP

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