La primera visión en 3D de la atmósfera de Júpiter permite a los científicos asomarse al corazón de la monstruosa Gran Mancha Roja (y mucho más)

La primera visión en 3D de la atmósfera de Júpiter permite a los científicos asomarse al corazón de la monstruosa Gran Mancha Roja (y mucho más)
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La sonda Juno llegó a Júpiter en 2016 y lo hizo para quedarse. Desde entonces, ha realizado 37 pasadas sobre el planeta mirando obsesivamente qué ocurre realmente bajo ese manto de nubes que lo rodea. El resultado es la imagen más completa de su atmósfera, del funcionamiento interno de sus cinturones y zonas nubosas y detalles clave sobre los ciclones polares y la famosa Gran Mancha Roja.

Es decir, tras cinco años de trabajo hemos conseguido la primera visión en 3D de la atmósfera del gigante gaseoso.

En el borde del monstruo

juno

“Juno ya nos sorprendió en el pasado con pistas de que los fenómenos atmosféricos de Júpiter eran más profundos de lo que esperábamos”, explicaba Scott Bolton, investigador principal de la misión. “Ahora, estamos empezando a unir todas estas piezas individuales y a obtener nuestra primera comprensión real sobre cómo funciona la hermosa y violenta atmósfera de Júpiter en 3D”.

Lo más curioso, no obstante, es cómo nos ha permitido asomarnos a esa enorme tormenta de vórtice de más de 16.000 kilómetros que llamamos Gran Mancha Roja. En la parte superior hay un gráfico en el que se muestra el tamaño de ésta en comparación con la Tierra y sí, efectivamente, es más ancha que nuestro querido planeta Tierra.

Por eso, ahora sabemos que las tormentas son mucho más profundas de lo que pensábamos. La mayor parte de ellas se extienden más de 100 kilómetros hacia el corazón del planeta, pero algunas como la Gran Mancha Roja llegan a hundir sus raíces 350 kilómetros. De esta forma, los vórtices cubren regiones que van mucho más allá de donde la luz solar es capaz de calentar la atmósfera.

Otra cosa que empezamos a entender mejor al ver las dinámicas de la atmósfera de Júpiter son los cinturones blancos y rojizos que envuelven en el planeta. Ya sabíamos (también por Juno) que son corrientes de chorro que alcanzan profundidades de 3.200 kilómetros. Ahora sabemos que surgen de la interacción del gas amoniaco que se mueve hacia arriba y hacia abajo perfectamente alineado con los vientos del cinturón (y que se parecen mucho a los mecanismos que organizan los flujos atmosféricos terrícolas).

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