Si hablamos en términos de estricta competitividad, la historia del gaming portátil no tiene más de una década. 2006 marcó el punto de inflexión porque nació una necesidad real por elevar la categoría.
Quien haya cargado su torre en la trasera de una furgoneta para presentarse a tiempo en una LAN party seguro que recuerda la paliza de tapar la CPU y el monitor, que a veces llegaba roto o con algún picado en el marco. Con un portátil nos olvidamos de todo esto.